27 abril 2011

DITKO, DITKO, DITKO

Título: STRANGE SUSPENSE. LOS ARCHIVOS DE STEVE DITKO VOL. 1
Autor: STEVE DITKO
Editorial: DIÁBOLO
Páginas: 240
PVP: 35 €

Seguramente es por casualidad que Steve Ditko (Johnstown, 1927) se ha convertido en uno de los nombres propios del medio de la historieta. Es casualidad, digo, porque tiene uno la sospecha de que se libró por poco de integrar el montón de los invisibles, de los autores de culto. Ese poco, claro está, es Spider-Man. Ya saben ustedes que el de Pennsylvania fue el creador gráfico del trepamuros, y eso le cambia la vida a cualquiera.
Que no digo yo que Ditko no sea fabuloso, o, mejor dicho, afirmo que es fabuloso, la bomba, una pasada, pero –mal que me pese– su arte no se distingue precisamente por el hallazgo de un público. De modo que la casualidad, sí, bendita sea, lo puso un día en el escaparate y de ahí que todos lo hayamos leído. Todos, sin excepción. Por eso es que hablar de Ditko es hablar de un autor influyente, una rama principal del árbol de la historieta estadounidense; un poco apartada de la luz, eso sí, pero gruesa al fin y al cabo. De Craig Russell a Beto Hernández, pasando por el mismísimo Frank Miller, se siguen fácilmente las trazas de su estilo raro y personalísimo.
Puestos a distinguir etapas en la carrera de Ditko, por mí está bien si hoy las dejamos en tres: formación, consagración y rompimiento, con el breve éxito ya citado en pleno medio. Y bien, esta compilación que celebramos, Strange Suspense, editada originalmente por Fantagraphics y traída a lengua española en hermosa edición por Diábolo, da cuenta de los primeros estadios de la formación, lo que vendría a ser propiamente el surgimiento del artista. Se sabe que Ditko aprendió a narrar de Jerry Robinson –literalmente, asistió a sus clases– y que tuvo a Mort Meskin como autor ideal, y resulta no menos evidente al lector avisado la influencia de Joe Kubert en estas viñetas primeras, aunque nada de esto importa realmente. Lo que cuenta es que Strange Stories es puro Ditko. Dicho de otro modo, aquí están ya, de inicio, las cualidades estéticas que se reconocerán como propias del autor. Hay planos heredados de, y modos de entintar a lo, y ritmos que remiten a, pero la reunión de todo ello, y más, es Ditko, Ditko desatado: atmósferas bizarras, motivos imposibles, el expresionismo narrativo, la densidad plástica…
Las historietas de este primer volumen de Los archivos de Steve Ditko pertenecen a una gozosa variedad de géneros, si bien es el terror el que más abunda, y son fruto de una libertad creativa absoluta, propiciada por los editores de aquellas cabeceras, remedos casi siempre de la EC, segundonas y aspirantes al olvido: Fantastic Fear, The Thing, Strange Suspense Stories, Crime and Justice, Space Adventures, etcétera. Literariamente, el volumen es infame y sobresaliente. Malo porque los argumentos son necedades de absurdo twist argumental, y maravilloso por entretenido y macabro, de una atrayente violencia, anterior al recrudecimiento de la censura y, por tanto, libre de ella. Artísticamente, lo vengo diciendo, es un deleite. Y el conjunto, qué duda cabe, una joya.

Javier Fernández

18 abril 2011

UNA SENSACIÓN DE PERFECTA DICHA

Título: CONSUMIDO

Autor: JOE MATT

Editorial: FULGENCIO PIMENTEL

Páginas: 128

PVP: 20 €


Si han leído a Joe Matt (Filadelfia, 1963) ya saben qué es eso que le produce la dicha a ese trasunto del propio artista que es el protagonista de Consumido. Cito por si es que no: “Los músculos no me responden. Qué sensación más maravillosa… Es como estar flotando… Es como un interruptor interior. Ya no me siento neurótico ni deprimido, al contrario, me recorre una sensación de paz y complacencia, de perfecta dicha. Si soy adicto a algo, es a esta sensación de abandono. Es la evasión perfecta para una vida miserable y solitaria: es placentero, barato y tampoco perjudica a la salud”. ¿No lo pillan? Echen un vistazo a la cubierta. ¿Ven todo ese papel higiénico? No, el personaje no ha estado llorando ni está resfriado, se halla sencillamente exhausto, y siente una dicha perfecta. Claro que la imagen es bastante clara y explícita, y no necesita justificación alguna, pero, si se quiere, se le puede encontrar también su lado metafórico. En otra clave, lo de Matt cabría entenderse como “reflejo de la decadencia de un artista que ha tardado casi una década en completar las exiguas cien páginas de este libro”, tal como reza la cuarta de cubierta, pero también como una representación cómica del propio género autobiográfico, reducido argumentalmente aquí a un recuento masturbatorio. De Justin Green a Phoebe Gloeckner, pasando por Allison Bechdel, Gabrielle Bell, Harvey Pekar o el propio Crumb, la historieta norteamericana tiene grandes exponentes del “¡mira lo que hago, mamá!”, que tanto nos gusta a los humanos. No es que sea un género infinito, pero lo parece. Los hay que son refinados como Seth, que han jugado ocasionalmente a la confusión entre realidad y ficción; sensibles, como Chester Brown y sus historietas zen; y los hay que dan lástima, como Joe Matt –no me malinterpreten, me refiero a que dar lástima es uno de los objetivos de Matt, el corazón de su vis cómica. Los tres antedichos, Seth, Brown y Matt, amigos dentro y fuera de las viñetas, protagonizan algunos de los momentos estelares de Consumido, y uno termina la lectura del álbum con la sensación de conocerlos de toda la vida. Es lo que tienen las buenas comedias de situación, que enseguida se empatiza con sus personajes, y se los quiere. El otro protagonista destacado es la videograbadora, o mejor dicho, las videograbadoras que Matt usa para editar su particular colección de grandes fragmentos del éxtasis cinematográfico. Todo un alarde artesanal que –piensa uno– se habrá quedado en nada en estos tiempos de recursos digitales. Consumido compila historietas de los números 11 a 14 de Peepshow, corregidas para su edición en tomo, y, en lo formal, Joe Matt alcanza aquí un nivel de exquisitez en la secuenciación y en el acabado que sorprenderá a propios y extraños. En otro orden de cosas, conviene resaltar que la edición de Fulgencio Pimentel, en tritono, es toda una delicia de factura y confección. ¿Qué más les puedo decir? Que lo compren. Es Joe Matt, no hay dos como él.


Javier Fernández

11 abril 2011

¡HAY RECESIÓN, JOE!

Título: TRÁEME TU AMOR Autor: CHARLES BUKOWSKI, ROBERT CRUMB (ilustrador) Editorial: LIBROS DEL ZORRO ROJO Páginas: 60 PVP: 17 €



Charles Bukowski y Robert Crumb. Miel sobre hojuelas. Vale, no es la expresión más adecuada, pero ya me entienden. Me dice Luis Gámez que la reunión de estos dos en un mismo libro es algo así como echar tónica a la ginebra, un hecho lógico y natural, y hasta inevitable. Y sí, que Crumb ilustre a Bukowski, que Bukowski se lea en clave de Crumb, equivale en matemáticas a sumar dos y dos. Pero ya basta de comparaciones, vayamos al grano. Traducidos por Marcial Souto –a quien, sin conocer en persona, tanto estimo, especialmente por sus versiones de J. G. Ballard–, se incluyen aquí tres relatos del maestro del realismo sucio, un escritor que siempre vuelve a uno renovado, fresco y brillante como la primera vez. Leer a Bukowski es abandonarse al voyeurismo más placentero, asomarse a la vida ajena, que tiene parte de la propia. No tanto en situaciones o ambientes, máxime porque el que esto suscribe habita en el sur de España y no en los suburbios de una metrópoli gringa, y lo que allí es natural como la vida misma aquí se vive como ficción, como metáfora de la condición humana. Las imágenes de Bukowski carecen de sutileza y refinamiento, son descarnadas en el sentido en que son puramente carnales, sudorosas, inmediatas, pero no por ello simples, ni carentes de manufactura. El escritor era un maestro de la tensión y la palabra, y su maestría comienza por el oído, o por el ojo, según se quiera entender su faena artística, que consiste en retratar fidedignamente tipos y situaciones. O más precisamente, recrearlos. Todo el que lee a Bukowski lo sabe, que se asoma al mundo, y en realidad se asoma a una invención del mundo en la que flashes de realidad se han transformado en personajes y la anécdota cierta es una excusa para moldear certeras motivaciones. Tráeme tu amor y otros relatos enciende y apaga la luz en tres ocasiones, pues tres son los cuentos aquí incluidos: “Tráeme tu amor”, “No funciona el negocio” y “Bop, bop, contra aquel telón”. En lo que a la temporalidad de la acción importa, el libro camina en progresión desde un incidente breve, y luego otro, hasta el recuento de toda una época, y en todos los casos se tiene la sensación de estar asistiendo a una crisis interminable, a una recesión que no acaba. Quisiera estar eternamente hablando de Bukowski, pero más aún me gusta hablar de Robert Crumb, y debe ser por eso que lo he dejado para el final, para no tener más remedio que citarlo escuetamente. Dice la solapa del libro que es “quizá el historietista más importante de todos los tiempos”. Por mí vale, y además es un ilustrador cojonudo; en algún lugar escribí que Crumb es el mejor dibujante de América. No sigo, mis últimas palabras van para la edición de Libros del Zorro Rojo, que se disfruta desde la sobrecubierta al colofón. Lo dice un connoisseur, por si les sirve de algo.



Javier Fernández

04 abril 2011

CONTORNO Y FIGURACIÓN

Título: CECIL Y JORDAN EN NUEVA YORK, Autor: GABRIELLE BELL, Editorial: LA CÚPULA, Páginas: 160, PVP: 20 €


Hace poco más de dos años, comencé mi reseña de Afortunada (La Cúpula, 2008) diciendo que adoro a Gabrielle Bell. Y recuerdo que entonces estaba yo por tomar un avión a México para empezar una vida nueva y que me cayó la monografía de la Bell como un abrazo de despedida. Pues bien, la nueva vida empezó y me trajo de vuelta, y apenas tomo tierra y me encuentro con Cecil y Jordan en Nueva York, lo nuevo de Gabrielle Bell, que es casi un regalo de bienvenida. Porque hay cosas que cambian con el tiempo, pero este no es el caso. Insisto, adoro a Gabrielle Bell. También entonces escribí: “Bell comienza Afortunada anotando de manera sistemática los hechos significativos del día a día y termina decantándose por la búsqueda del momento más revelador, la elección meditada de la anécdota para dejarla crecer a lo largo de las páginas, en una técnica final más similar a la ficción que a la pura confesión”. Y bien, de Cecil y Jordan cabría decir lo contrario, que utiliza la ficción como técnica para delinear una confesión, un retrato íntimo. En los mejores momentos de la compilación, la temperatura de los relatos invita a sospechar que Bell se oculta en diversas máscaras, pero claro, la fabulación permite al lector implicarse más allá del voyeurismo, y, en este sentido, el libro cobra una altura nueva, mayor, si cabe, que la de Afortunada. Tradicionalmente, los terrenos aquí transitados eran propios de la literatura, pero hace ya que el indie se ha encargado de reivindicarlos para el cómic. Y dentro de esta tendencia, conviene remarcar que Bell tiene buen oído, un estilo personal y hermoso, basado en la peculiar mezcla de sobriedad y dulzura –lo que la diferencia, por ejemplo, de Adrian Tomine–, y en un deseo de sencillez y limpieza que la aleja –citando otro parecido razonable– de la alargada sombra de Julie Doucet. Se puede definir a la Bell como una prosista de la imagen, y vean que la expresión tiene su miga. En un sentido inmediato, y en el contexto del arte secuencial que nos ocupa, la imagen es el recurso básico y principal, pero en otro más amplio la imagen no es sino el territorio propio de la poesía. Es decir, hay figuración, pero también una cierta abstracción emocional que emana de los contornos del argumento, de las simples figuras, de las que la silla del relato “Cecil y Jordan en Nueva York” es el ejemplo más inmediato. Mención aparte merece la edición de La Cúpula, que cuenta con una excelente traducción de Montserrat Terrones y una estupenda rotulación de Iris Bernárdez. La primera construye un tono sincero y natural, que permite al lector quedar absorbido de principio a fin, y la segunda trabaja con tipos que mimetizan el original y completan la belleza de las páginas. Trabajos como estos elevan el estándar de la lectura de tebeos y le devuelven la magia que otros, que se dicen editores, transforman en vulgaridad.


Javier Fernández

28 marzo 2011

TODO EL MUNDO ME QUIERE

Título: PENNY CENTURY, Autor: JAIME HERNANDEZ, Editorial: LA CÚPULA, Páginas: 260, PVP: 19 €


Por si alguien aún no se ha enterado, Locas es la bomba. Gusta por igual a mujeres y hombres, a padres e hijos, a terrícolas y marcianos, a rojos y fachas… Cada vez que alguien me pide que le recomiende un tebeo, antes de nada le pregunto: ¿Has leído Locas? Todos los que lo prueban –y cuando digo todos, me refiero a todos–, repiten. ¿Por qué? Porque Jaime Hernandez es muy, muy bueno y Locas es la bomba. Verán que escribo Hernandez sin tilde; y es que hablamos de un chicano nacido en 1959 y criado en California, pero eso ya lo saben ustedes, así que pasemos a otra cosa. ¿Qué es Penny Century? ¿Lo tengo? ¿Me lo compro? Vayamos por partes. Penny Century se sitúa cronológicamente después de los tres tomos titulados sencillamente Locas, ya publicados por La Cúpula, y antes de las historietas que van viendo la luz en la segunda etapa de la revista Love and Rockets –entre las que se cuentan, por ejemplo, las contenidas en La educación de Hopey Glass–. El volumen que nos ocupa traduce el tomo homónimo publicado por Fantagraphics en 2010, compuesto por el grueso de la miniserie Penny Century, que ya había sido editada en nuestro idioma –en cinco cuadernillos en 2004–, así como tres joyitas que no. A saber, la desopilante novela gráfica Whoa, Nellie! (1996), el comic book Maggie and Hopey Color Fun (1997) y la historieta corta Bay of Threes, una suerte de epílogo de la ya citada miniserie publicado en 2002 en Love and Rockets y que sirve de broche al libro. Referente a la novela gráfica, Whoa, Nellie!, que tiene a Vicki Glory y Maggie Chascarrillo como protagonistas secundarias, ha de saberse que toda la cosa es una mera excusa para retratar una sucesión de delirantes y visualmente estruendosas estampas de luchadoras de esas que se citaban día sí, día no, en los primeros tiempos de Locas. Jaime Hernandez aprovecha aquí para explayarse y profundizar en el ritmo narrativo elíptico que caracteriza parte de su producción, de tal forma que la sucesión de planos de voluminosas luchadoras en el cuadrilátero lo dejan a uno maravillado, no sólo por el prodigio estético y compositivo, sino también por esa cadencia propia y exclusiva del lenguaje de la historieta, que nada tiene que ver, felizmente, con lo cinematográfico. Y en cuanto al Color Fun, es una lástima que un tebeo como este, que se distingue dentro de la saga precisamente por el color, se publique en blanco y negro, aunque en esto, quede claro, La Cúpula respeta la edición de Fantagraphics, que ya le quitó la cuatricromía al compilarlo en inglés. Como sugiere el título, Maggie and Hopey Color Fun tiene una frescura particular, su poquito de coña marinera, y prepara al lector para adentrarse en esa virguería, esa oda al fragmento, ese caleidoscopio de personajes, puntos de vista, tonos y estilos que es propiamente Penny Century.

Javier Fernández

BODYWORLD

Título: BODYWORLD, Autor: DASH SHAW, Editorial: SINS ENTIDO/APA APA, Páginas: 400, PVP: 25 €.

Vamos a comenzar ésta reseña diciendo que es muy complicado recomendar un cómic de Dash Shaw. Y sobretodo uno como el que hoy les traigo. Éste jóven autor (27 añitos) siempre vá más allá en buscar nuevos caminos (con resultados dispares), pero al que hay que reconocerle su valía por el inmenso esfuerzo que conlleva, ya que esa experimentación formal no diluye ni entorpece la narrativa, sino todo lo contrario. Bodyworld tiene como protagonista en un futuro incierto a un profesor que llega a Boney Borough para experimentar con los posibles efectos psicotrópicos de una especie vegetal que sólo crece en esa tierra. A partir de ahí se desencadena una serie de acontecimientos que ponen en una situación muy delicada el microsistema de éste pequeño poblado. Éste autor, siempre mirando al futuro y nunca al pasado, utiliza también el color como recurso novedoso y de forma expresionista. De la mano de Sins Entido y Apa Apa en una cuidada edición en cartoné (con desplegable incluido), en su interior podemos encontrar una mezcla perfecta entre el universo de Philip K.Dick, arte moderno, culebrón estudiantil y David Lynch (sobretodo de Twin Peaks). Hablando de Philip K.Dick la influencia vá mas allá de lo evidente (el protagonista lleva en su maletín una copia de los Tres Estigmas de Palmer Eldritch). También su sombra se deja ver en las secuencias surrealistas dónde se fusionan las conciencias. Aquí se utiliza un tipo de dibujo superpuesto y expresionista con texturas digitales dando como resultado escenas de alto espectáculo imaginativo, que queda perfecto para lo que se está contando, ya que transmite esa sensación de incomodidad. El órden de lectura es vertical, heredado de su primera publicación en formato digital. Lo que a priori parece un formato incómodo para el lector, pronto se convierte en una composición narrativa diferente. Una de las características de Shaw en su narrativa es la evocación de las intensas experiencias corporales,en definitiva,es un método sensorial rara vez visto en el medio. Los personajes sudan,sienten calor,y Shaw incluye éstas reacciones en el mismo dibujo, sin necesidad de bocadillos ni textos de apoyo. Es una de sus grandes bazas como autor. Decir también que es un cómic que aprovecha al máximo su espacio vertical de forma encomiable, hecho que está al alcance de muy pocos autores. Deudor de Chris Ware y Charles Burns, sobretodo coinciden en éste último en su ingenioso e inquietante ritmo que ambos autores imprimen a sus obras. Pese a su juventud, se está convirtiendo en un referente en el mundo del cómic. Es un cómic que se debe leer aunque sea para estar al día en lo que se refiere a cómic para adultos diferentes y de narrativa valiente, que compensará a los que se acerquen a sus páginas. Aunque a mí me haya gustado mucho, recomendado con reservas.


Francisco José Arcos Serrano

24 marzo 2011

¡TEMBLAD, RATAS DEL LUMPEN!

Título: LA IRA DEL ESPECTRO
Autor: MICHAEL FLEISHER (guión) y JIM APARO (dibujo)
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 208
PVP: 13,95 €

¿Cómo les explico? Corría el año 1974, Perros salvajes, el filme de Peckinpah, era ya un clásico, y la saga de Harry el sucio contaba con dos títulos en su haber, el último de 1973. El verano del amor había terminado y Norteamérica se preparaba para un largo y violento otoño, de inminente claudicación bélica, crisis energéticas, decepción política y rabia social. De modo que es no es difícil entender que la cultura popular se llenase de pronto de vengadores sangrientos y reaccionarios, rayanos en la locura y emergidos penosamente de las grietas de aquella edulcorada imagen de tranquilidad y orden de las décadas anteriores. Punisher es hijo de ese tiempo, fue creado precisamente en 1974, también Wolverine, aunque los atributos salvajes que acabarían definiendo a este último llegarían algo más tarde. Y, cómo no, en 1974 llegó el Espectro de Orlando, Fleisher y Aparo.
Verán que he colocado el nombre del editor Joe Orlando junto al del escritor y el dibujante de aquellos iracundos diez episodios del superhéroe sobrenatural reconvertido en verdugo que vieron la luz en Adventure Comics, más concretamente en los números 431 a 440 –tres guiones se quedaron en el cajón cuando la serie fue cancelada bruscamente; Aparo los dibujó a finales de la década siguiente, y estos también se incluyen en el volumen que publicó Planeta hace un par de años–. Sucede que, en palabras del propio Orlando, la inspiración para el tono implacable de la serie, para la actitud despiadada del zombi justiciero, vino de una traumática experiencia personal: “Yo vivía en el West Side y mi mujer estaba embarazada de ocho meses. Fuimos atracados a plena luz del día. Nos empujaron contra el muro de una iglesia, y eran sólo unos críos de alrededor de 14 años. Mi esposa comenzó a llorar y temblar y abrió su monedero y yo les di todo el dinero que llevaba en el bolsillo. Entonces se marcharon caminando, tan arrogante y lentamente que me inflamó la furia de no poder hacer nada al respecto. Salí en busca de un policía y de pronto me asaltó la soledad de la víctima. Toda esa rabia salió al exterior y encajó con las necesidades de Fleisher, de modo que creamos unas historias de horror bastante chulas”. Cabe recordar que Orlando se había criado como artista en la mítica EC, y su sistema de trabajo con Fleisher recuerda, por momentos, al de Gaines y Feldstein: el editor crea la premisa narrativa y el escritor la desarrolla. Russell Carey, un amigo de Fleisher, también aportó sus ideas y ayudó a desarrollar visualmente la serie.
Asesinos que acaban convertidos en cristal y son luego rotos sin compasión, o mueren metamorfoseados en cactus, o derretidos como la cera, o cortados en dos por gigantescas tijeras, o son transformados en madera y seccionados más tarde con una sierra mecánica… La ira del Espectro es una colección de mil y una maneras de liquidar a los malhechores, a las “ratas del lumpen”, como se los denomina en el textito que abre cada episodio de esta singular compilación. Todo un desahogo que hizo que Harlan Ellison dedicase a Fleisher los calificativos de lunático, demente, loco y trastornado. Y es que no importa lo inocentes que estas historietas puedan parecer al gusto actual, bien leídas son una verdadera bomba.

Javier Fernández

17 marzo 2011

ME DESPIERTO Y NO SÉ DÓNDE ESTOY

Título: TÓXICO
Autor: CHARLES BURNS
Editorial: MONDADORI
Páginas: 64
PVP: 17,90 €

De los muchos elementos reseñables de Tóxico –que es como Rocío de la Maya ha solventado la traducción al castellano del título original, pero de eso les hablaré después– empezaremos por el color.
Claro está que uno conoce las ilustraciones en cuatricromía de Charles Burns (Washington DC, 1955) y recuerda, por ejemplo, la edición en cuadernillos a todo color de Blood Club realizada en los 90 por Kitchen Sink, pero, salvo error o despiste, conviene notar que este es el primer álbum de Burns ideado e impreso directamente a cuatro tintas. Y verán que tratándose del autor de Agujero negro la cosa no carece de importancia, pues se trata de un artista asociado a fuego con el blanco y negro y cuyo estilo gráfico –en la estela de Chester Gould o Al Feldstein, por citar sólo dos nombres que vienen de inmediato a la cabeza– concedía tradicionalmente todo el protagonismo al entintado. Con Tóxico, el protagonismo de las masas de negro se comparte con las variadas y luminosas tintas planas que sustituyen al blanco. Como investigador que es, Burns se permite crear algunos juegos con el color –la foto de polaroid revelándose, la transición del azul al rosa en el paso de una realidad a otra, la cadencia constante de rectángulos negros y de color, el rojo de la sangre de Sarah mostrada al paso de la cuchilla, etcétera–, aunque, en última instancia, resulta evidente que el sentido principal de la cuatricromía es, simple y llanamente, acercar el tono del libro al de la bande dessineé, en concreto a Tintín, influencia confesa en la poética de Burns.
La cubierta de Tóxico homenajea a aquella ilustración icónica de La estrella misteriosa –precisamente el primer álbum de Tintín que se imprimió directamente en color– y hay en todo el libro una inquietante fusión de indie estadounidense e historieta francobelga. En cuanto a lo primero, Tóxico puede entenderse como apéndice de Agujero negro, y en este sentido se disfruta con gusto, pero sin sorpresas –el accidente, la enfermedad, el aborto, la pérdida, la alienación familiar, la sexualidad bizarra son motivos recurrentes en Burns–; en cuanto a lo segundo, la cosa adquiere su propio atractivo y el mundo onírico, sin ser algo excepcional, es una pasada. Con todo, la novedad de la obra, qué duda cabe, no está en uno u otro, sino en la citada mezcla. Y el conjunto deja en el lector el regusto de la imaginación potente y enfermiza de un William Burroughs –quien, por cierto, aparece expresamente citado en Tóxico.
Retomando por último la cuestión del título, y sin ánimo de menospreciar para nada la excelente labor de la traductora de Tóxico, que sobresale en todos los aspectos, sí me gustaría hacer notar al lector que el original X’ed Out –de compleja traslación, pues hace referencia a tachar algo con una equis, como en un cuestionario, pero también a pulsar la X de la ventana de un software para cerrarla– tiene su equivalencia gráfica con la portadilla interior del álbum, una página de rectángulos negros sobre rojos que no son sino una gigantesca X sobre una O, esto es, una representación visual de las iniciales de las dos palabras del título. Dicho queda.

Javier Fernández

07 marzo 2011

TIERNO COMO UN CORDERITO

Título: LA CARA MÁS DULCE DE CRUMB
Autor: ROBERT CRUMB
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 122
PVP: 18 €

En su irregular estudio –el adjetivo “dudoso” también me ha pasado por la mente, pero lo he acabado descartando– La contracultura a través de los tiempos: De Abraham al Acid-House, un iluminado Ken Goffman afirmaba que la contracultura es mayormente el motor de la historia, la fuente de la que emana casi todo lo guay en el mundo ha habido, el culmen de la diversidad, la mayor cantera de innovaciones artísticas y culturales de la que se tiene noticia y, claro está, la necesaria conciencia crítica por la que –Dios mediante– advendrá un individualismo sano y deseable, que es lo diametralmente opuesto a esa cosa chunga que se llama autoritarismo.
El natural buen rollo y empatía del contracultural con la esencia universal, así como el atinado uso de determinadas sustancias y el disfrute continuado de instrumentos tales como la música rock, el sexo en multitud o la larga y profunda charla entre almas sensibles forman parte del bagaje positivo descrito por Goffman, y ante tal caudal de información útil no puede uno dejar de preguntarse dónde está la comuna más próxima y cuándo sale para allá el próximo tren, se sea o no contracultural. Ignoro si, como afirma el autor, la genealogía de la contracultura se remonta como mínimo hasta Abraham o si el mito de Prometeo era poco menos que una consigna entre los hippies grecolatinos, aunque lo cierto es que me huele todo a dislate propio del mismísimo Timothy Leary, quien, por cierto, regresa de la tumba para firmar el prólogo del libro de Goffman y anima el asunto desde el más allá, seguramente stoned.
Si me preguntan a mí por la contracultura, que he fumado menos, follado menos y charlado, larga y profundamente, menos que los antes citados, lo más probable es que les recite –con Roszak, el padre del término– que suele caracterizarse por su opinión de que la cultura contemporánea está abocada al suicidio social y planetario, que cree en el cambio, en el caos, como mayor –cuando no única– constante histórica, que suele promulgar un inmediatismo rotundo y la libertad propia como valor paradójicamente absoluto y que se rodea de un misticismo de dudosa reputación, que acarrea costumbres asociadas al éxtasis.
Pero si vuelven a preguntarme, con ganas sinceras de escucharme, a mí que me he leído cuanto tebeo ha caído en mis manos desde que vine al mundo, antes o después acabaré contándoles la verdad. Que la contracultura es esa cosa que hace Robert Crumb, el tío más grande que ha parido madre. Ahí tienen, por ejemplo, La cara más dulce de Crumb, esta “colección de adorables, reconfortantes y amorosas estampas dibujadas” que ahora nos regala La Cúpula y que, en palabras de su autor, “no le harán al lector sentirse amenazado en ningún sentido, y que lo llevarán a un estado de calidez, arrebujamiento y mimo para con el artista y la vida en general”. El libro es tan hermoso, tan sensual, tan elegante, tan personal y su lectura resulta tan edificante, que le entran a uno ganas de tomar por los cuernos esta cultura hedonista, ansiosa e hipermoderna y estrellarla violentamente contra el suelo. De volverse, definitiva y permanentemente, ahora sí, un contracultural.

Javier Fernández

01 marzo 2011

LA BENDITA DIVERSIDAD


Título: DOLMEN EUROPA
Autor: VV. AA.
Editorial: DOLMEN
Páginas: 82
PVP: 9,95 €

Pasa que si va uno a la librería de tebeos y se deja guiar por lo que ve es fácil que acabe disfrazándose en carnavales de superhéroe o chapurreando el japonés, y menos fácil que reciba los buqués sofisticados, muy diversos y mayormente ocultos, de eso que se dice cómic europeo. Paradojas que tiene la globalización. Y vaya por delante que esto del tebeo europeo no es tanto una nacionalidad como una forma de entender la historieta. Una manera de escribir, de leer, un estado mental, si me permiten la cursilería. Como denominación de origen, se podría afirmar que el cómic europeo incluye trabajos hechos, qué se yo, en París, pero también en Buenos Aires; en Madrid, y en Tokio. Pues de lo que aquí se trata es de un estilo distintivo, un savoir-faire, algo casi imposible de definir por sí mismo y que, sin embargo, salta a la vista cuando se pone en contacto con las formas mayoritarias de fabricación de historietas.
Tiene la cosa una especial conciencia, de autor y de obra, y no es tanto un tebeo de resistencia como un tebeo resistente, no sé si me explico. Un producto que busca constantemente su mercado sin perderse por el camino, fiel al lector curioso, al lector perspicaz, avispado e inconformista. A ese que valora matices y compromisos y espera llenar ojo y cerebro a un mismo tiempo. Y al que aburre el más de lo mismo. Aunque no nos engañemos, no es oro todo lo que lleva impreso la etiqueta europeo, sólo faltaría. Créanme que el grueso de lo etiquetado apunta maneras, pero no me culpen a mí si compran un truño y se lo echan a la cara. Hay que saber escoger.
Hablando de lo cual, da uno gracias a Dios a que Vicente García et al. se hayan embarcado en la publicación de Dolmen Europa, la hermana, pequeña y grande a un tiempo, de Dolmen, la conocida revista de información de tebeos. Digo pequeña porque apenas lleva tres años con nosotros –a diferencia de la otra, que comenzó su andadura a mediados de la década de los 90–, y grande porque tiene formato álbum; europea, ya ven, hasta en las formas. Y lo digo sinceramente, lo de dar gracias, pues encuentro el esfuerzo necesario como agua de mayo, máxime en los tiempos que corren, con esta sequía interminable, enquistada en el sistema.
Dolmen Europa es una rosa de los vientos, un instrumento de navegación que permite al lector navegar por los mares, ríos y afluentes de la historieta europea. ¿En qué otro lugar puede uno deleitarse, por ejemplo, con la melancólica voluptuosidad de Juillard o charlar cara a cara con la poética de Frederik Peeters; recordar que alguna vez hubo en nuestro mercado sitio para maravillas como Strong o repasar el Jeremiah de Hermann? Es también un catálogo de maravillas, pero no sólo un catálogo, se disfruta con el gusto con el que se lee mismamente un tebeo y engancha tanto como una serie de ficción. Cómprenlo y verán.

Javier Fernández

25 febrero 2011

ESO DE LOS TEBEOS, NIÑO

Título: PADRES AUSENTES
Autor: PABLO MUÑOZ
Editorial: ALPHA DECAY
Páginas: 64
PVP: 6,50 €

Puede suceder que el lector de Padres ausentes no haya leído un tebeo de superhéroes en su vida, aunque dudo que se dé el caso. Lo más normal es que se trate de un lector casual o habitual del género. Y digo esto porque me da la sensación de que hoy en día todo dios lee tebeos, lo cual está muy bien y me hace sentir de lo más feliz. Recuerdo con repelús cuando esto del vicio era poco menos que un estigma, una tara cultural. O peor aún, un target sociológico –y que me perdone el bueno de Umberto Eco–. Anécdotas del asunto las tengo a porrillo, como, por ejemplo, aquella primera vez que fui a Sevilla a comprar tebeos sin mapa ni dirección alguna y entré en una librería de las de toda la vida, con nombre de poeta, muy rancia y ordenada, y dije en voz alta: “¿Saben ustedes dónde venden tebeos en Sevilla, así en serio?”. Me contestó jocoso y con sorna el dependiente, también rancio y ordenado, pertrechado tras una pila de libros como el que se esconde detrás de unos vidrios vacíos en la taberna: “Pero es que, niño, eso de los tebeos no es nada serio”.
Claro está que el viaje de Córdoba a Sevilla no era precisamente homérico, pero tenía su aquel. Entraba uno como en otra dimensión, la de las tres y hasta cuatro librerías especializadas, en lugar del gastado y consabido antro de siempre. La del cómic americano en inglés o los tebeos españoles finos e importantes y, por lo mismo, raros de encontrar. Y bueno, cada cosa tiene su idiosincrasia. Me viene a la cabeza también lo de cuando fui otra vez a Sevilla –párenme que me embalo–, un lunes o martes de Semana Santa, y estaban cerradas todas las tiendas, por decreto divino, y me quedé todo el día pegado al escaparate, a escasos centímetros de aquellos tebeos, esperando en vano que sucediera un milagro… Porque hay tipos, como Pablo Muñoz o como yo, a los que eso de hacer turismo, mismamente darse un paseíto, cuando lo que se ha ido es a comprar tebeos, les parece un sinsentido. Haya o no donde comprarlos.
Vean que me tomo aquí más libertades de la cuenta, pues no es que conozca yo realmente a Pablo. Si hablo con cercanía del artista también llamado Alvy Singer, no es tanto por haber leído sus comentarios en blogs o revistas que se apellidan culturales, sino precisamente por Padres ausentes. Porque me ha parecido a ratos que el libro me hablaba en voz alta, de cosas ajenas y, sin embargo, parecidas a las mías, del amor adolescente por los tebeos de superhéroes y del afán coleccionista y el interés enciclopédico y el gusto selectivo en materia de historieta. Es el libro un autorretrato sentimental y también un comentario breve, apenas un apunte, sobre la imaginería propia de un lector de tebeos, pero un apunte consistente, ameno e incisivo que conecta los deseos íntimos del aficionado con la cosmogonía del Millar de 1985 y tiene, entre otras muchas cosas, La fortaleza de la soledad, de Jonatham Lethem, y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, de Michael Chabon, como telón de fondo.
Está chulo. Seguro que les gusta.

Javier Fernández

24 febrero 2011

CLUB DE LECTURA DE COMICS

Os hacemos partícipes de una gran noticia!!!, Crash Comics en colaboración con la biblioteca Central de Córdoba vamos a iniciar un Club de lectura de tebeos. Os adjunto la info, así como un enlace con la página de la biblioteca donde podreis encontrar más información. Para apuntaros al Club podeis pasaros por Crash Comics o por la Biblioteca Central, rellenar el formulario de inscripción y entregarlo en la biblioteca.

Lectura de COMIC: para adultos de todas las edades
1ª reunión: viernes 4 de marzo a las 18:00 h.
Es necesaria la incripción previa para participar

¿Cómo participar en el club de lectura de Cómic?
Pueden formar parte de él todas aquellas personas que tengan ganas de leer y compartir sus lecturas con antiguos o nuevos amigos.
¿Qué requisitos son necesarios para participar?
Estar en posesión de la Tarjeta de lector de la Red de Lectura Pública de Andalucía. (puedes obtenerla en la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba o en cualquier otra biblioteca de la Red de Lectura Pública de Andalucía) y ser mayor de 14 años.
Si estás interesado en participar en este club de lectura de Cómic puedes hacerlo, ahora es el momento.
Debes rellenar el formulario de inscripción que se encuentra en cualquiera de las bibliotecas de la Red Municipal, en la Casa de la Juventud, la Fundación Kaufman y en las librerías: Luque, Títere y Ala Delta. Y entregarlo en cualquier biblioteca de la red Municipal de Bibliotecas: Biblioteca Central, Biblioteca Alcolea, Biblioteca Arrabal del Sur, Biblioteca Corredera, Biblioteca Levante, Biblioteca Moreras, Biblioteca Norte y Poniente Sur.
No pierdas esta oportunidad
¡¡ PLAZAS LIMITADAS !!

22 febrero 2011

REQUIEM POR LOS QUE VAN A MORIR

Título: JLA nº1: Réquiem por la justicia (Justice League Cry for Justice # 1-7 USA)
Autor: (guión) James Robinson, (dibujo) Mauro Cascioli y otros
Formato: Libro rústica, 224 págs., color.
Pvp: 20€

Desde CRISIS DE IDENTIDAD no leía una historia con los superhéroes de DC que conmoviera de verdad por su calado dramático. Joss Whedon escribió en la introducción al tomo recopilatorio de aquella que le reveló a Ralph y Sue Dibny (Hombre Elástico y esposa) como sus personajes favoritos en los cómics de DC, por su desarmante humanidad.
Los grandes eventos posteriores a la CRISIS INFINITA de hace algunos años, CRISIS FINAL y LA NOCHE MAS OSCURA han brillado más por la frescura que Grant Morrison imprimió a la primera y por la épica que Geoff Johns importó desde las series de GREEN LANTERN a la segunda. Y todo ello en aventuras de esas más grandes que la vida plagadas paradójicamente de muertes y retornos efectistas.
Pero entonces llegaron dos recientes tomos de la JLA, escritos por James Robinson: REQUIEM POR LA JUSTICIA (que recogía la miniserie CRY FOR JUSTICE) y LA CAIDA DE GREEN ARROW. Ambos describen la formación de una Liga de la Justicia paralela a la clásica, a cargo de unos frustrados Hal Jordan y Oliver Queen, hartos de las recientes desgracias de las penúltimas crisis, que va a tomar una postura más radical y proactiva de lo habitual en el grupo de la trinidad heroica. Y vaya si lo harán a su pesar, porque una matanza enorme les caerá encima por culpa del sanguinario villano remasterizado de turno, tocando muy de cerca a algunos de ellos, lo que les hará cruzar más líneas morales incluso de las que tenían previstas y afrontar un mayor dolor de desproporcionas consecuencias.
Y es en LA CAIDA DE GREEN ARROW donde se describen esas consecuencias que hundirán a dos de esos héroes y romperá en pedazos (de nuevo) la cohesión de una LIGA DE LA JUSTICIA en horas bajas.
Lo mejor de este tomo, que agrupa diversas miniseries originales, es que se toma su espacio y su tiempo para narrar una coherente bajada a los infiernos de uno de sus protagonistas, y el daño vital que eso le causa a él y a sus amigos. Es meritorio que resulte interesante y entretenido en un género plagado de tragedias cada dos por tres, y que veamos (como ocurrió en CRISIS DE IDENTIDAD) como la espiral de dolor maltrata a unos personajes imperfectos y humanos. Fuera del universo DC, el equivalente más cercano en el tiempo que se me ocurre es DAREDEVIL, donde primero Brian Michael Bendis y luego Ed Brubaker, acompañados por un buen grupo de dibujantes, han narrado el particular vía crucis de Matt Murdock con un punto fuerte en la definición de personajes, incrementando positivamente el interés del lector adulto. Porque sin duda, dado su carácter violento, pausado y visiblemente alejado de los parámetros más manidos de la aventura de héroes clásica, son historias orientadas a un público adulto o al menos conocedor de los personajes sobre los que lee.
Volviendo a la JLA , resulta simpático como detalle el hecho de que estando el grupo en desbandada general y desmoralizado, sean los suplentes y sus últimas poco populares incorporaciones los que mantengan la sociedad heroica activa jugando en primera división.
Para sujetos como Mikaal Tomas o Congorila significa algo así como ese momento de LA NOCHE MÁS OSCURA donde Mera (la viuda de Aquaman, otro personaje poco relevante hasta entonces) y Átomo (Ray Palmer,de vuelta de su peor momento) se preguntan desconcertados en plena amenaza global:"¿Qué hacemos? ¿Como avisamos a Superman y Wonder Woman?", y Flash les responde: "Ahora mismo, vosotros sois Superman y Wonder Woman"...y a coger el toro por los cuernos.

J.A. Santiago

15 febrero 2011

LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA

Título: SUPERMÁN Y WONDER WOMAN (En homenaje a Gene Colan)
Autor: STEVE GERBER (guión), GENE COLAN (dibujos), entre otros
Editorial: PLANETA
Páginas: 464
PVP: 40 €

Hoy les recomiendo, directamente y sin más trámite, la lectura de la magnífica miniserie The Phantom Zone incluida en ese voluminoso tomo de homenaje a Gene Colan que ha editado recientemente Planeta. Eso sí, debo advertirles que la historieta en cuestión ocupa poco más de cien páginas, que el total del libro son cuatrocientas sesenta y tantas, y que el asunto tiene un precio en consecuencia. De los episodios de Wonder Woman que suponen las tres cuartas partes del tocho tendrán que buscar opinión en otro sitio, personalmente los considero relleno. Y es que, aún con la excusa del arte común de Gene Colan, se han incluido aquí dos arcos argumentales de comienzos de la década de 1980 que se parecen entre sí como un huevo a una castaña. La castaña, espero que les haya quedado claro, es lo de la princesa amazona.
Centrándonos en lo que importa, lamento que puestos a recuperar del olvido The Phantom Zone, no se le haya dedicado la atención que se merece; por lo pronto, la portada. La miniserie ambientada en la dimensión carcelaria descubierta en Krypton por el padre de Supermán, amplía los límites del universo DC sumando conceptos excitantes, explorando premisas inéditas y trayendo tempranamente al tebeo algo del realismo ganado con las adaptaciones fílmicas, en especial con el metraje rodado por Richard Donner. Es un tebeo delicioso, épico y pausado, bien dibujado y mejor escrito por el nunca suficientemente ponderado Steve Gerber, quien firma aquí una de esas numerosas joyas que jalonan su bibliografía. Qué quieren que les diga, sienta fenomenal leer argumentos tan excitantes, preñados de personajes creíbles, conceptos sugestivos y diálogos inteligentes. Lo que, en suma, viene siendo leer a Gerber –de quien, por desgracia, pero también por fortuna, queda tanto por descubrir en nuestro idioma–. Si encima está interpretado visualmente por Colan, el éxtasis es completo.
Por motivos de ahorro económico, pero sobre todo de consistencia narrativa, uno habría preferido ver esta estupenda miniserie en volumen aparte. Y ya puestos a pedir, pienso que el hipotético tomito hubiese quedado de lo más redondo de haberse incluido el número 97 de DC Comics Presents, una suerte de epílogo de The Phantom Zone escrito también por Gerber. No negaré que el apósito que propongo, dibujado por un Rick Veitch al que no sientan nada bien las tintas de Bob Smith, posee un aspecto bastante inferior a la miniserie, y admito también que el tono narrativo de ambas cosas es heterogéneo, pero no por ello deja de ser complementario. La suma ayuda a entender la intención de Gerber de darle a Supermán una dimensión trágica y a explicar la esencia de su heroísmo, que nada tiene que ver con volar o levantar coches a pulso.
Y bueno, finalmente y por si acaso, aprovecho para recordar a los editores que sus otras aportaciones al personaje, la divertida miniserie A.Bizarro y el binomio Last Son of Earth, Last Stand on Krypton –estos dos pertenecientes a los elseworlds–, siguen por ahí, en el limbo de lo pendiente de traducir.

Javier Fernández

07 febrero 2011

RETABLOS DE TERNURA Y DEGOLLINA

Título: FRANK (volumen 1)
Autor: JIM WOODRING
Editorial: FULGENCIO PIMENTEL
Páginas: 180
PVP: 30 €

Leyendo Frank he experimentado la fascinación que sentí al leer mi primer libro. Hace de aquello muchos años, casi treinta, y yo era entonces un niño de EGB que comenzaba a comprender las palabras. En aquella ocasión se trató de El fin de la eternidad, la novela de amor y viajes en el tiempo de Isaac Asimov, ya ven que no fue precisamente alta literatura. Ni falta que hace, el recuerdo que guarda uno de las primeras cosas, ya se sabe, es imborrable, como lo será siempre para mí aquella experiencia, mi gozosa entrada al mundo de la fantasía escrita. Recuerdo el deleite, la excitación estética, pero sobre todo intelectual, de mi mente en formación, la sensación de tener frente a mis ojos un territorio infinito, más grande que el mundo y de la misma naturaleza, expansible, que el universo. Sentir esto mismo, tres décadas, cientos de libros y miles de lecturas más tarde, no es algo frecuente, y sí mérito exclusivo del arte portentoso e imaginativo de Jim Woodring (Los Angeles, 1952).
Dice Francis Ford Coppola en la introducción incluida en este primer volumen de la serie, editado con mimo por Fulgencio Pimentel: “Frank es una creación tan extraña que no sé ni por dónde empezar a describirla. (…) Frank sólo es en sus propios y singulares términos. No conoce tiempo, ni espacio, ni lenguaje. Lo que no le impide brindarnos sus vívidos retablos de ternura y degollina, sacrificio y crueldad, amor y deslealtad, retablos que llegan a nosotros cuidadosamente envueltos, cual si fueran chucherías de otro mundo”. Como el gato Krazy, el perro Snoopy o el pato Howard, buena parte de las criaturas que pueblan Frank pertenecen al subgénero de lo antropomórfico, aunque no todas. Manhog, Whim, Lucky o el propio Frank tienen manos y piernas, y cabeza con ojos y boca, pero no así las Jivas o La Cart Blanche, parte esqueleto, parte tabla con ruedas. Y sí, ciertamente es extraña, surreal y maravillosa, la creación de Woodring, de modo que, antes que andar balbuceando, prefiero citar al propio autor y dejar que ustedes mismos se hagan una idea. Según el Dramatis Personae del libro, las Jivas son “almas condicionadas”; el Whim, “otra mala idea que encontró su forma peripatética y cobró vida como tal”; Manhog, “una vejiga atiborrada de pecado que se arrastra sobre las cuatro extremidades”, y a la que “nada le gustaría más que alejarse de todo y de todos para siempre”; en tanto que Frank –y ahora cito las palabras del epílogo– “no es un gato, ni un ratón, ni un castor, ni cualquier otra clase de criatura, sino un antropomorfo genérico (que no le debe) nada a nadie ni (ha) de satisfacer expectativa alguna”.
Encuentro que la publicación en el mercado hispanohablante de Frank es eso que hoy en día se califica demasiado alegremente de acontecimiento, esto es, un suceso que reviste importancia. El libro trae al lector en lengua castellana una obra extraordinaria, poética y de enorme fuerza visual. Una rara y singular joya, de esas que enriquecen y elevan el medio de la historieta. Les recomiendo que no se la pierdan.

Javier Fernández

03 febrero 2011

UNA (TRAS OTRA) DE ZOMBIS

Título: LOS MUERTOS VIVIENTES
Autores: ROBERT KIRKMAN (guión) y CHARLIE ADLARD (dibujos)
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 136
PVP: 7,5 €

Entro en Crash –la tienda, no la página– y me encuentro con un amigo que hace dos años que no veo, los mismos que he pasado en México. Es editor, como casi todo el mundo en estos tiempos, y rápidamente me muestra la novela de zombis que acaba de publicar. “Échale un ojo, es un libro magnífico”, me dice, y uno, que sabe descifrar los códigos del oficio, entiende lo siguiente: “Cómpratelo, se está vendiendo como rosquillas”. Ya pronto, al ritmo que van las cosas, buscaremos la descripción de un libro y nos toparemos más o menos con lo que sigue: “Género: Dos millones de ejemplares. Tema: Trescientas cincuenta mil copias sólo en España. Valoración personal: Veinte mil libros vendidos en una semana”. (Me acuerdo ahora de otro colega que me dijo una vez que estaba hasta las narices de las cuartas de cubierta de los libros, las contraportadas, hablando en cristiano. Y es que ahí atrás siempre te dicen que el libro es buenísimo, imprescindible, súper original, el mejor de todos los tiempos, una joya, un descaro, lo inaudito, la repanocha…, aunque se trate de la última edición del listín telefónico. Que no digo yo que sea una cosa mejor ni peor que la otra, las alabanzas hueras o las cifras de ventas, pero claro, hay que vender, ¿no? Sólo faltaría darle la vuelta al libro y ver impreso: “Una obra mediocre de un autor sobrevalorado, ideal para un lector como usted”.)
En fin, que, de un tiempo a esta parte, los zombis están por todos lados. Y eso está muy bien, no me malinterpreten. A mí me encantan las pelis del Romero y los Tales of the Zombie de Gerber y Marcos, y en su momento incluso edité –ya les dije que hoy día todo el mundo edita– la vendidísima “Zombi. Guía de supervivencia” de Max Brooks, un libro “buenísimo, imprescindible, etcétera”. Si será verdad que hay zombis hasta en la sopa que me ha dado por teclear la palabra “Zombie” en mycomicshop.com y me han salido 175 productos a la venta, lo que vale para algún que otro libro, pero sobre todo para series de cómics gringas y sus respectivas recopilaciones en tomo. Lo que se dice una morterada. Y si se habrá puesto de moda la cosa que de los 175 títulos, 135 tienen fecha de edición de 2005 en adelante. Así que me he dicho, bueno, pues vamos a hablar de una serie de zombis, de Los muertos vivientes, por ejemplo, que acaban de estrenarla en televisión y ha batido récords de audiencia en La Sexta.
De modo que ahí voy. Los muertos vivientes va de zombis. La cosa la escribe Robert Kirkman, el que escribió luego la parodia Marvel Zombies, otra de zombis, esta vez con superpoderes. La empezó dibujando Tony Moore y hace un buen que la dibuja Charlie Adlard. Se imprime en blanco y negro en papel satinado. Cada tomo español trae seis tebeos estadounidenses. Van doce, tomos. Yo me compré el primero, me pareció chulo y me compré cinco más. En algún momento empezó a parecerme más de lo mismo, me cansé y dejé de comprarla. Y hasta ahora.

Javier Fernández

02 febrero 2011

EL DEBUT REVISITADO

Título: JUEGO DE MANOS
Autores: JASON LUTES
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 160
PVP: 19 €

Aprovechando el anuncio por parte de Ediciones La Cúpula de la segunda edición, ahora en cartoné, de Juego de manos (Jar of Fools, 1994), he vuelto a leerme la novela gráfica de Jason Lutes (Nueva Jersey, 1967) para actualizar y compartirles mis sensaciones. El juicio resumido sería: me gustó la primera vez, me ha gustado aún más esta segunda. ¿Por qué? Porque la propuesta de Lutes, melancólica y atmosférica, se beneficia sin duda del tempo lento de una relectura pausada, del apaciguamiento que se sigue de conocer el devenir completo del argumento, esto es, de abandonarse al camino antes que a la meta.
Dos son las cosas que encuentro primeramente relevantes en Juego de manos, de una parte la rica y detallada composición de personajes, ese singular grupo de perdedores, los tontos del polisémico título original, atados a pesadas bolas sentimentales y empeñados en no deshacerse de sus ataduras. No es casualidad que los motivos principales usados aquí por Lutes remitan al truco, al timo, al mecanismo del engaño, que se vuelve autoengaño durante gran parte de este drama delgado y silencioso. La magia, la ilusión, se ha desprendido en el libro de su público, de toda comunicación, y es una técnica vacía, simple reflejo de las obsesiones de tipos rotos por dentro, emocional o físicamente, como Ernie, el protagonista, y Al, antes Flosso el Magnífico, con quien deambula en el frío y hermoso decorado urbano dibujado por el autor.
Hay en toda la obra una caracterización sofisticada, no sólo de los dos antes citados, sino de todas las figuras principales, así como de las secundarias. Y una cierta simetría en los primeros actores que habla de la evidente preocupación formal de Lutes. Los hombres de Juego de manos son débiles farsantes; las mujeres, invariablemente, masculinas; ellos construyen para sí mismos una realidad falsa en la que viven, ellas conviven, o mejor dicho, habitan en esa falsedad y buscan y necesitan emanciparse. Porque el destino de Esther y la pequeña Claire es la libertad, mientras que lo que Ernie, Al y Nathan persiguen es mayormente la fuerza, la decisión de la que carecen.
Y es que la propia técnica narrativa, los elementos formales, es la segunda cosa relevante, y quizá la más llamativa, de Juego de manos. Se ha calificado de formalista a Lutes hasta la saciedad, y se hace evidente al lector de esta novela gráfica primeriza que el de Nueva Jersey comienza viaje repleto de recursos técnicos. Lutes no es exactamente un virtuoso del dibujo, ni falta que le hace. Es un virtuoso del lenguaje de la historieta y, emulando el estilo del mejor cómic francobelga, ejecuta aquí una planificación ordenada y precisa, de elegantes transiciones y amplia variedad de planos, que impone su ritmo ágil y constante.
Emocionante, deliciosa, refinada, lejos de las supuestas carencias de todo primer trabajo, Juego de manos permanece como un debut singular y sorprendente que no sólo se lee con agrado, sino que se relee con deleite.

Javier Fernández

31 enero 2011

EL BUEN (COSMO) DICTADOR

Título: MARVEL GOLD. LOS VENGADORES. LA SAGA DE KORVAC
Autores: SHOOTER, PÉREZ, BUSCEMA, WENZEL, ETC.
Editorial: PANINI
Páginas: 236
PVP: 21,95 €

A comienzos de 1978, el hasta entonces guionista y editor asociado Jim Shooter es ascendido a la categoría de editor de Marvel Comics Group, lo que lo coloca el primero en el escalafón editorial de la exitosa compañía fundada con el nombre de Timely por Martin Goodman en 1939. Desde su bautizo como Marvel a comienzos de la década de 1960, y merced a la creación de personajes como Spiderman o Hulk y la recuperación de iconos como el Capitán América, la empresa ha experimentado un espectacular desarrollo que la ha llevado a la cabeza del sector, y luego de unos años de relativo desorden interno, debe ahora crear la estructura que le permita capitalizar las elevadas ventas y asumir una posición de liderazgo. Para este fin, el nuevo editor crea para sí mismo la denominación de editor en jefe y, desde ahí, dicta un organigrama de editores y editores asociados que asumirán la gestión de la totalidad de las publicaciones de la casa, siempre bajo la férrea supervisión y absoluto control del propio editor en jefe, esto es, de sí mismo.
Entretanto, y precisamente con fecha de portada de enero de 1978, Shooter inicia la escritura de La saga de Korvac, en las páginas de The Avengers. Korvac, un villano de medio pelo creado por Steve Gerber y Jim Starlin en el número 3 de Giant-Size Defenders (1975), ha sufrido una espectacular transformación que nos lo presenta convertido aquí en una especie de ser todopoderoso. Por cosas de la omnipotencia, Korvac ha abrazado la filantropía, pero, debido a una serie de rocambolescos y ridículos motivos argumentales que no merece la pena reseñar, acaba enfrentándose a vida o muerte con los Vengadores. “Soy un dios”, clama Korvac en la última escena del número 176 de The Avengers, “Y también iba a ser… ¡Vuestro salvador! Porque en el cosmos hay mucha crueldad e injusticia. Y yo estaba en una situación privilegiada para cambiar eso, para someter toda la existencia a mi justo y benévolo mandato”.
He aquí el tema propio de un megalómano: el del benefactor que es combatido y maltratado por sus inferiores, carentes de la sabiduría y la visión del poderoso. El buen dictador que renuncia a sus deseos –encarnados en este trágico folletín por la abnegada y amorosa Carina– y se inmola en pos de la imposible utopía. Así es que, después de una larga, épica y dolorosa batalla en la que Los Vengadores ejecutan sumarísimamente a Korvac, la única superheroína que queda finalmente en pie junto a Thor, Moondragon, confiesa: “Ahora siento la mayor agonía que jamás he sentido… porque he visto cómo unos niños mataban primero el sueño… ¡Y luego la esperanza!” –en donde los niños son los superhéroes que yacen maltrechos por el suelo y sueño y esperanza, con sus puntos suspensivos y su admiración, son vaya usted a saber qué.
Y es que los jefes, los editores en jefe, también lloran.

Javier Fernández

25 enero 2011

LAS PENAS CON PAN...

Metidos ya en plena cuesta de enero, y sin mediar más prolegómenos, aquí les traigo unas cuantas recomendaciones para ayudarles a pasar el trago.
De 001 Ediciones y con el extraño título de Los jóvenes según Schulz, el volumen de 296 páginas recién editado presenta la traducción a nuestro idioma de Young Pillars, la serie de gags de una sola viñeta que el célebre creador de Snoopy realizó entre 1956 y 1965 para la revista Youth de la Church of God. Personalmente considero la publicación una especie de acontecimiento aún tratándose de una obra explícitamente moralista como esta –o quizá por ello–, pues siempre hay que celebrar que se amplíe la bibliografía de este genio no demasiado entendido en el ámbito hispano. También para el que quiera adentrarse en la vida y figura del de Minneapolis, recuerdo que hace poco más de un año que llegó a las librerías el magnífico tomo Schulz, Carlitos y Snoopy. Una biografía, de David Michaelis, un estudio del que trataré de darles cumplida cuenta en otra ocasión. Lo primero cuesta 19 €, lo segundo 26.
De Norma Editorial me gustaría dar aviso de dos volúmenes, uno que es novedad y otro que es reedición. La novedad es el tercer y último tomo de Inside Moebius, el extravagante y dislocado experimento de la fusión entre Jean Giraud y Moebius. Conste que lo traigo a colación con reservas, dudando aún del resultado de la obra, pero contento tanto de que haya terminado la serie –lo que permitirá sin duda la edición de trabajos más esperados y afortunados que estos– como de que el viejo Giraud se haya decidido a soltar lastre antes de seguir camino. El otro volumen, la reedición, lo firma también un viejo rockero, Jacques Tardi, y es el segundo de los tres libros recopilatorios de Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec, esa heroína steampunk que tantas y tan buenas páginas ha protagonizado a lo largo de los años y que recientemente saltó incluso a la gran pantalla. Tardi es una de esas debilidades que todos tenemos, o al menos es mi caso. En dos palabras: canela fina. 29 y 24 € respectivamente.
Y puestos ahora a recomendar manga, si les digo que se compren el tomo 9 de la Ultimate Edition de Dr. Slump pensarán que soy un poco amarrategui, y vale, bueno, de acuerdo. Ya sé que si tienen los ocho primeros lo comprarán igual; si no los tienen, háganme caso, cómprense este y luego vayan corriendo a por los anteriores, que la cosa merece la pena. Es Akira Toriyama en estado puro, y eso son muchos quilates. Edita Planeta DeAgostini a sólo 9,95 €. Y si además les recomiendo Kitaro. Volumen 1, de Shigeru Mizuki, ya no les quedará duda de que apuesto sobre seguro. Sí, han oído bien, por fin podemos leer a Mizuki en castellano, gracias a Dios. O mejor dicho a Astiberri, a la que deberíamos poner un altar todos los aficionados al tebeo. Les diría dos o tres cosas sobre Mizuki, y se las diré, qué duda cabe, pero en otro artículo, que este va llegando a su fin. 18 € es el precio de Kitaro, y los merece, vaya si los merece.

Javier Fernández

17 enero 2011

TRES EN UNO

La coincidencia del artículo número cien de la sección con la reciente entrada de año y la próxima llegada de los Reyes Magos me ha tenido los últimos días dándole al coco, tratando de decidirme por uno de los tres temas anteriores para el presente artículo. Finalmente, y puesto que no he logrado decantarme por ninguno, les dejo a continuación un párrafo sobre cada cosa.
Por aquello del centenario, y para darle un tono sentimental al asunto, quisiera dedicar antes que nada unas líneas a reseñar la primera serie de tebeos que coleccioné en mi vida, la primera que me arrastró periódicamente al quiosco, la primera que, con el simple vistazo de su logotipo en el montón del prensa-y-revistas, me provocó –digámoslo sin pudor– mariposas en el estómago. (Claro está que para entonces había yo ya devorado toneladas de dumbos, ddts, mortadelos semanales y no pocos tintines, por citarles lo más granado de mis primeras lecturas infantiles.) Era el año 1979, tenía yo ¿siete, ocho años?, la colección en cuestión se llamaba Spirou Ardilla y el cuatro fue el primer número que tuve entre las manos. Allí aprendí que existían luminarias como Franquin y Jijé, pero también supe de Tillieux, Walthéry, Cauvin, Peyo, Deliége, Roba, Will, Delporte, Leloup, Jidéhem o Gos, por citarles sólo a unos cuantos nombres del torrencial aluvión de talento de aquellas páginas.
En segundo lugar, y pasando a lo del Año Nuevo –desde aquí mi más sincero deseo de prosperidad y felicidad a todos ustedes–, o más bien a lo del año antiguo, se me ha ocurrido que tendría su aquel incluir aquí una lista de los tebeos que más me han gustado en 2010. Vamos allá: The Box Man, de Imiri Sakabashira; La familia Burrón, de Gabriel Vargas; la compilación Art Out of Time, de Dan Nadel; El arte de volar, de Altarriba y Kim; Two-Fisted Tales, de Harvey Kurtzman y compañía; Apollo’s Song, de Osamu Tezuka; Gentleman Jim, de Raymond Briggs; Omega. The Unknown, de Steve Gerber y Jim Mooney; Vacaciones en Budapest, de Chaland; La extraña historia de la isla Panorama, de Suehiro Maruo. He ido apuntando los títulos anteriores de forma automática, si lo pienso un poco más me vienen también a la cabeza el Asterios Polyp, de Mazzucchelli, el Scott Pilgrim, de Brian Lee O’Maley, los Essential de Man-Thing y The Defenders, Los agachados, de Rius, y ¿cómo se llamaba la recopilación aquella de Hornschemeier? ¿All and Sundry?
Por último, tal como les dije al principio, terminaré dedicando unas líneas al asunto de los Reyes Magos. No uno ni dos, treinta y tres son los tebeos que he pedido este año en mi carta a los susodichos, los mismos que en su día compusieron la colección original del pato Howard. O mejor dicho treinta y cinco, porque he pedido también el Annual y el Marvel Treasury Edition protagonizados por el personaje. ¿Habrá suerte? ¿Aparecerán bajo el árbol junto a los zapatos? Ya les contaré.

Javier Fernández

14 enero 2011

UN REGALO PARA EL LECTOR

Título: LOS NIÑOS KIN-DER
Autores: LYONEL FEININGER
Editorial: I LIBRI IMPRESSI
Páginas: 40
PVP: 22 €

Del mismo modo que a un parto le precede la gestación y a esta el encuentro sexual y antes el cortejo, la historia de Los niños Kin-der comienza en 1905. Es en esa fecha cuando el Chicago Tribune, en su empeño por competir con el Chicago American de W. R. Hearst, envía a su agente James Keeley a Alemania a reclutar dibujantes para la sección de historietas del periódico. Y es que, tal como señala Bill Blackbeard en The Smithsonian Collection of Newspaper Comics: “El Chicago de ese tiempo, y los alrededores de la metrópoli, poseían una extensa población alemana, un grupo generalmente culto y con una fuerte conciencia de la literatura y las artes en boga en su país de nacimiento, lo que incluía una orgullosa y amplia consideración de los dibujantes de revistas de humor alemanas como los mejores del mundo”.
Más allá de los motivos comerciales, Keeley demuestra un gusto exquisito al contratar en Alemania ilustradores de la talla de Lothar Meggendorfer, Karl Pomerhanz y el padre de nuestras criaturas, el incipiente Lyonel Feininger (Nueva York, 1871-ídem, 1956), un estadounidense, hijo de emigrados alemanes, que se ha trasladado a Europa para abrirse paso como pintor. Años más tarde, Feininger formará parte del célebre grupo Der Blaue Reiter, liderado por Kandinsky y Marc, y después se le vinculará con la Bauhaus, pero de momento destaca como caricaturista en periódicos alemanes y franceses y recibe con entusiasmo la oferta.
Para el Chicago Sunday Tribune, el artista alumbrará primero Los niños Kin-der (The Kin-der-Kids, 29 páginas dominicales, del 6 de mayo al 18 de noviembre de 1906) y luego El mundo de Wee Willie Winkie (Wee Willie Winkie’s World, 20 dominicales, del 19 de agosto de 1906 al 20 de enero de 1907), dos breves cabeceras que le bastan para situarse a la altura de los más grandes historietistas de todos los tiempos. Su trabajo, pionero cronológica y formalmente, permanece como un impactante ejemplo de los límites y posibilidades gráficas del medio. Un hito fascinante, apuntalado en el sentido pictórico de sus páginas, dibujadas con líneas angulosas, preñadas de volumen y caracterizadas por un cromatismo expresionista, protagonista principal del asunto. En su enciclopedia 100 Years of American Newspaper Comics, Maurice Horn nos recuerda que el estilo gráfico de Feininger “servía menos al propósito de la historia que a la lógica de la composición”, y tal vez sea esta misma indiferencia a los aspectos narrativos del medio la que ha acabado confiriendo a este raro entre raros su carácter imperecedero.
La presente edición de Caldas, estupenda e imprescindible donde las haya, única traducción al castellano de The Kin-der-Kids, es una gozada de principio a fin. En palabras del prologuista Rubén Varillas, a las que me sumo, el libro es “un regalo para el lector actual y el tributo necesario a un autor de vanguardia”.

Javier Fernández

11 enero 2011

NOTICIAS DESDE LA CUMBRE (y 2)


Título: Y. CHALAND OBRA COMPLETA, 2
Autores: YVES CHALAND y YANN LEPENNETIER
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 136
PVP: 25 €

Porque Chaland, lo dice la sección biográfica de su página web, gozó de una infancia tranquila en provincias, aunque otros biógrafos menos complacientes hablan de pobreza y malos tratos. Sea como fuere, Freddy Lombard comparte la sensibilidad de su creador hacia las dificultades económicas del mundo real. Y en esto, la BD de Chaland se sitúa a un lado del abierto y simple esteticismo habitual del resto de los componentes de la línea Atom, subgrupo de la línea clara con el que se le asocia.
No es casual que la primera aventura de Lombard, El testamento de Godofrío de Bouillon (Le testament de Godefroid de Bouillon, 1981) comience con el trío protagonista abandonando, en medio de la carretera, un viejo –y barato– coche de alquiler averiado que, para más inri, ya estaba casi sin gasolina. Ni que más tarde, y después de una caminata bajo la lluvia, la excusa que lleva a los tres ganapanes a la aventura sea la cuenta del asado que han consumido en el hotel restaurante situado a la entrada de Bouillon. O, mejor dicho, el hecho de no tener dinero para pagarla. “Facturas, siempre facturas”, gruñe Freddy al inicio de la segunda historieta de las dos que integran El cementerio de los elefantes (Le cimètiere des éléphants, 1984) y la precariedad acompaña a los personajes en El cometa de Cartago (Le comète de Carthage, 1986), tercer álbum de la serie, y primero que cuenta con la colaboración al guión del magnífico Yann Lepennetier. Lepennetier figura también en los créditos de Vacaciones en Budapest (Vacances à Budapest, 1988) y F.52 (1989), tramo final de la aventuras de Freddy Lombard, detenidas en seco por el mortal accidente automovilístico que acabó con la vida del dibujante en julio de 1990.
Estos tres álbumes escritos al alimón con Lepennetier quedan como uno de los hitos fundamentales de la BD contemporánea. En ellos, Chaland alcanza la cumbre de su arte y del propio arte de la historieta, esa cota reservada a un puñado de nombres propios. Si El cometa de Cartago es un hermosísimo, inesperado y emocionante canto lírico, Vacaciones en Budapest reinterpreta la historieta francobelga en clave política. En palabras de Chaland, incluidas en la edición de Glénat: “Cuando comencé a trabajar en Vacaciones en Budapest, partía del hecho de que los cómics de los años cincuenta, tipo Spirou, Tintín, etc., no habían hecho ninguna alusión al drama de Budapest, al aplastamiento de la insurrección por parte de los tanques soviéticos, aunque Hungría está aquí al lado, a unos 400 km de casa. Se supone que el cómic es un arte que trata asuntos de su época, sin embargo nunca había hablado de aquello”. F.52, por su parte, es un delirante thriller ambientado en el espacio cerrado de un gigantesco avión de propulsión atómica, y con este álbum se cierra involuntariamente el círculo: en el inicio, Freddy, Sweep y Dina, modestos empleados del F.52, tratan de arreglar el cuatro latas en el que se dirigen al multitudinario despegue. Se les ha pinchado una rueda. No tienen rueda de repuesto. No podía ser de otro modo.

Javier Fernández