25 febrero 2011

ESO DE LOS TEBEOS, NIÑO

Título: PADRES AUSENTES
Autor: PABLO MUÑOZ
Editorial: ALPHA DECAY
Páginas: 64
PVP: 6,50 €

Puede suceder que el lector de Padres ausentes no haya leído un tebeo de superhéroes en su vida, aunque dudo que se dé el caso. Lo más normal es que se trate de un lector casual o habitual del género. Y digo esto porque me da la sensación de que hoy en día todo dios lee tebeos, lo cual está muy bien y me hace sentir de lo más feliz. Recuerdo con repelús cuando esto del vicio era poco menos que un estigma, una tara cultural. O peor aún, un target sociológico –y que me perdone el bueno de Umberto Eco–. Anécdotas del asunto las tengo a porrillo, como, por ejemplo, aquella primera vez que fui a Sevilla a comprar tebeos sin mapa ni dirección alguna y entré en una librería de las de toda la vida, con nombre de poeta, muy rancia y ordenada, y dije en voz alta: “¿Saben ustedes dónde venden tebeos en Sevilla, así en serio?”. Me contestó jocoso y con sorna el dependiente, también rancio y ordenado, pertrechado tras una pila de libros como el que se esconde detrás de unos vidrios vacíos en la taberna: “Pero es que, niño, eso de los tebeos no es nada serio”.
Claro está que el viaje de Córdoba a Sevilla no era precisamente homérico, pero tenía su aquel. Entraba uno como en otra dimensión, la de las tres y hasta cuatro librerías especializadas, en lugar del gastado y consabido antro de siempre. La del cómic americano en inglés o los tebeos españoles finos e importantes y, por lo mismo, raros de encontrar. Y bueno, cada cosa tiene su idiosincrasia. Me viene a la cabeza también lo de cuando fui otra vez a Sevilla –párenme que me embalo–, un lunes o martes de Semana Santa, y estaban cerradas todas las tiendas, por decreto divino, y me quedé todo el día pegado al escaparate, a escasos centímetros de aquellos tebeos, esperando en vano que sucediera un milagro… Porque hay tipos, como Pablo Muñoz o como yo, a los que eso de hacer turismo, mismamente darse un paseíto, cuando lo que se ha ido es a comprar tebeos, les parece un sinsentido. Haya o no donde comprarlos.
Vean que me tomo aquí más libertades de la cuenta, pues no es que conozca yo realmente a Pablo. Si hablo con cercanía del artista también llamado Alvy Singer, no es tanto por haber leído sus comentarios en blogs o revistas que se apellidan culturales, sino precisamente por Padres ausentes. Porque me ha parecido a ratos que el libro me hablaba en voz alta, de cosas ajenas y, sin embargo, parecidas a las mías, del amor adolescente por los tebeos de superhéroes y del afán coleccionista y el interés enciclopédico y el gusto selectivo en materia de historieta. Es el libro un autorretrato sentimental y también un comentario breve, apenas un apunte, sobre la imaginería propia de un lector de tebeos, pero un apunte consistente, ameno e incisivo que conecta los deseos íntimos del aficionado con la cosmogonía del Millar de 1985 y tiene, entre otras muchas cosas, La fortaleza de la soledad, de Jonatham Lethem, y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, de Michael Chabon, como telón de fondo.
Está chulo. Seguro que les gusta.

Javier Fernández

24 febrero 2011

CLUB DE LECTURA DE COMICS

Os hacemos partícipes de una gran noticia!!!, Crash Comics en colaboración con la biblioteca Central de Córdoba vamos a iniciar un Club de lectura de tebeos. Os adjunto la info, así como un enlace con la página de la biblioteca donde podreis encontrar más información. Para apuntaros al Club podeis pasaros por Crash Comics o por la Biblioteca Central, rellenar el formulario de inscripción y entregarlo en la biblioteca.

Lectura de COMIC: para adultos de todas las edades
1ª reunión: viernes 4 de marzo a las 18:00 h.
Es necesaria la incripción previa para participar

¿Cómo participar en el club de lectura de Cómic?
Pueden formar parte de él todas aquellas personas que tengan ganas de leer y compartir sus lecturas con antiguos o nuevos amigos.
¿Qué requisitos son necesarios para participar?
Estar en posesión de la Tarjeta de lector de la Red de Lectura Pública de Andalucía. (puedes obtenerla en la Red Municipal de Bibliotecas de Córdoba o en cualquier otra biblioteca de la Red de Lectura Pública de Andalucía) y ser mayor de 14 años.
Si estás interesado en participar en este club de lectura de Cómic puedes hacerlo, ahora es el momento.
Debes rellenar el formulario de inscripción que se encuentra en cualquiera de las bibliotecas de la Red Municipal, en la Casa de la Juventud, la Fundación Kaufman y en las librerías: Luque, Títere y Ala Delta. Y entregarlo en cualquier biblioteca de la red Municipal de Bibliotecas: Biblioteca Central, Biblioteca Alcolea, Biblioteca Arrabal del Sur, Biblioteca Corredera, Biblioteca Levante, Biblioteca Moreras, Biblioteca Norte y Poniente Sur.
No pierdas esta oportunidad
¡¡ PLAZAS LIMITADAS !!

22 febrero 2011

REQUIEM POR LOS QUE VAN A MORIR

Título: JLA nº1: Réquiem por la justicia (Justice League Cry for Justice # 1-7 USA)
Autor: (guión) James Robinson, (dibujo) Mauro Cascioli y otros
Formato: Libro rústica, 224 págs., color.
Pvp: 20€

Desde CRISIS DE IDENTIDAD no leía una historia con los superhéroes de DC que conmoviera de verdad por su calado dramático. Joss Whedon escribió en la introducción al tomo recopilatorio de aquella que le reveló a Ralph y Sue Dibny (Hombre Elástico y esposa) como sus personajes favoritos en los cómics de DC, por su desarmante humanidad.
Los grandes eventos posteriores a la CRISIS INFINITA de hace algunos años, CRISIS FINAL y LA NOCHE MAS OSCURA han brillado más por la frescura que Grant Morrison imprimió a la primera y por la épica que Geoff Johns importó desde las series de GREEN LANTERN a la segunda. Y todo ello en aventuras de esas más grandes que la vida plagadas paradójicamente de muertes y retornos efectistas.
Pero entonces llegaron dos recientes tomos de la JLA, escritos por James Robinson: REQUIEM POR LA JUSTICIA (que recogía la miniserie CRY FOR JUSTICE) y LA CAIDA DE GREEN ARROW. Ambos describen la formación de una Liga de la Justicia paralela a la clásica, a cargo de unos frustrados Hal Jordan y Oliver Queen, hartos de las recientes desgracias de las penúltimas crisis, que va a tomar una postura más radical y proactiva de lo habitual en el grupo de la trinidad heroica. Y vaya si lo harán a su pesar, porque una matanza enorme les caerá encima por culpa del sanguinario villano remasterizado de turno, tocando muy de cerca a algunos de ellos, lo que les hará cruzar más líneas morales incluso de las que tenían previstas y afrontar un mayor dolor de desproporcionas consecuencias.
Y es en LA CAIDA DE GREEN ARROW donde se describen esas consecuencias que hundirán a dos de esos héroes y romperá en pedazos (de nuevo) la cohesión de una LIGA DE LA JUSTICIA en horas bajas.
Lo mejor de este tomo, que agrupa diversas miniseries originales, es que se toma su espacio y su tiempo para narrar una coherente bajada a los infiernos de uno de sus protagonistas, y el daño vital que eso le causa a él y a sus amigos. Es meritorio que resulte interesante y entretenido en un género plagado de tragedias cada dos por tres, y que veamos (como ocurrió en CRISIS DE IDENTIDAD) como la espiral de dolor maltrata a unos personajes imperfectos y humanos. Fuera del universo DC, el equivalente más cercano en el tiempo que se me ocurre es DAREDEVIL, donde primero Brian Michael Bendis y luego Ed Brubaker, acompañados por un buen grupo de dibujantes, han narrado el particular vía crucis de Matt Murdock con un punto fuerte en la definición de personajes, incrementando positivamente el interés del lector adulto. Porque sin duda, dado su carácter violento, pausado y visiblemente alejado de los parámetros más manidos de la aventura de héroes clásica, son historias orientadas a un público adulto o al menos conocedor de los personajes sobre los que lee.
Volviendo a la JLA , resulta simpático como detalle el hecho de que estando el grupo en desbandada general y desmoralizado, sean los suplentes y sus últimas poco populares incorporaciones los que mantengan la sociedad heroica activa jugando en primera división.
Para sujetos como Mikaal Tomas o Congorila significa algo así como ese momento de LA NOCHE MÁS OSCURA donde Mera (la viuda de Aquaman, otro personaje poco relevante hasta entonces) y Átomo (Ray Palmer,de vuelta de su peor momento) se preguntan desconcertados en plena amenaza global:"¿Qué hacemos? ¿Como avisamos a Superman y Wonder Woman?", y Flash les responde: "Ahora mismo, vosotros sois Superman y Wonder Woman"...y a coger el toro por los cuernos.

J.A. Santiago

15 febrero 2011

LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA

Título: SUPERMÁN Y WONDER WOMAN (En homenaje a Gene Colan)
Autor: STEVE GERBER (guión), GENE COLAN (dibujos), entre otros
Editorial: PLANETA
Páginas: 464
PVP: 40 €

Hoy les recomiendo, directamente y sin más trámite, la lectura de la magnífica miniserie The Phantom Zone incluida en ese voluminoso tomo de homenaje a Gene Colan que ha editado recientemente Planeta. Eso sí, debo advertirles que la historieta en cuestión ocupa poco más de cien páginas, que el total del libro son cuatrocientas sesenta y tantas, y que el asunto tiene un precio en consecuencia. De los episodios de Wonder Woman que suponen las tres cuartas partes del tocho tendrán que buscar opinión en otro sitio, personalmente los considero relleno. Y es que, aún con la excusa del arte común de Gene Colan, se han incluido aquí dos arcos argumentales de comienzos de la década de 1980 que se parecen entre sí como un huevo a una castaña. La castaña, espero que les haya quedado claro, es lo de la princesa amazona.
Centrándonos en lo que importa, lamento que puestos a recuperar del olvido The Phantom Zone, no se le haya dedicado la atención que se merece; por lo pronto, la portada. La miniserie ambientada en la dimensión carcelaria descubierta en Krypton por el padre de Supermán, amplía los límites del universo DC sumando conceptos excitantes, explorando premisas inéditas y trayendo tempranamente al tebeo algo del realismo ganado con las adaptaciones fílmicas, en especial con el metraje rodado por Richard Donner. Es un tebeo delicioso, épico y pausado, bien dibujado y mejor escrito por el nunca suficientemente ponderado Steve Gerber, quien firma aquí una de esas numerosas joyas que jalonan su bibliografía. Qué quieren que les diga, sienta fenomenal leer argumentos tan excitantes, preñados de personajes creíbles, conceptos sugestivos y diálogos inteligentes. Lo que, en suma, viene siendo leer a Gerber –de quien, por desgracia, pero también por fortuna, queda tanto por descubrir en nuestro idioma–. Si encima está interpretado visualmente por Colan, el éxtasis es completo.
Por motivos de ahorro económico, pero sobre todo de consistencia narrativa, uno habría preferido ver esta estupenda miniserie en volumen aparte. Y ya puestos a pedir, pienso que el hipotético tomito hubiese quedado de lo más redondo de haberse incluido el número 97 de DC Comics Presents, una suerte de epílogo de The Phantom Zone escrito también por Gerber. No negaré que el apósito que propongo, dibujado por un Rick Veitch al que no sientan nada bien las tintas de Bob Smith, posee un aspecto bastante inferior a la miniserie, y admito también que el tono narrativo de ambas cosas es heterogéneo, pero no por ello deja de ser complementario. La suma ayuda a entender la intención de Gerber de darle a Supermán una dimensión trágica y a explicar la esencia de su heroísmo, que nada tiene que ver con volar o levantar coches a pulso.
Y bueno, finalmente y por si acaso, aprovecho para recordar a los editores que sus otras aportaciones al personaje, la divertida miniserie A.Bizarro y el binomio Last Son of Earth, Last Stand on Krypton –estos dos pertenecientes a los elseworlds–, siguen por ahí, en el limbo de lo pendiente de traducir.

Javier Fernández

07 febrero 2011

RETABLOS DE TERNURA Y DEGOLLINA

Título: FRANK (volumen 1)
Autor: JIM WOODRING
Editorial: FULGENCIO PIMENTEL
Páginas: 180
PVP: 30 €

Leyendo Frank he experimentado la fascinación que sentí al leer mi primer libro. Hace de aquello muchos años, casi treinta, y yo era entonces un niño de EGB que comenzaba a comprender las palabras. En aquella ocasión se trató de El fin de la eternidad, la novela de amor y viajes en el tiempo de Isaac Asimov, ya ven que no fue precisamente alta literatura. Ni falta que hace, el recuerdo que guarda uno de las primeras cosas, ya se sabe, es imborrable, como lo será siempre para mí aquella experiencia, mi gozosa entrada al mundo de la fantasía escrita. Recuerdo el deleite, la excitación estética, pero sobre todo intelectual, de mi mente en formación, la sensación de tener frente a mis ojos un territorio infinito, más grande que el mundo y de la misma naturaleza, expansible, que el universo. Sentir esto mismo, tres décadas, cientos de libros y miles de lecturas más tarde, no es algo frecuente, y sí mérito exclusivo del arte portentoso e imaginativo de Jim Woodring (Los Angeles, 1952).
Dice Francis Ford Coppola en la introducción incluida en este primer volumen de la serie, editado con mimo por Fulgencio Pimentel: “Frank es una creación tan extraña que no sé ni por dónde empezar a describirla. (…) Frank sólo es en sus propios y singulares términos. No conoce tiempo, ni espacio, ni lenguaje. Lo que no le impide brindarnos sus vívidos retablos de ternura y degollina, sacrificio y crueldad, amor y deslealtad, retablos que llegan a nosotros cuidadosamente envueltos, cual si fueran chucherías de otro mundo”. Como el gato Krazy, el perro Snoopy o el pato Howard, buena parte de las criaturas que pueblan Frank pertenecen al subgénero de lo antropomórfico, aunque no todas. Manhog, Whim, Lucky o el propio Frank tienen manos y piernas, y cabeza con ojos y boca, pero no así las Jivas o La Cart Blanche, parte esqueleto, parte tabla con ruedas. Y sí, ciertamente es extraña, surreal y maravillosa, la creación de Woodring, de modo que, antes que andar balbuceando, prefiero citar al propio autor y dejar que ustedes mismos se hagan una idea. Según el Dramatis Personae del libro, las Jivas son “almas condicionadas”; el Whim, “otra mala idea que encontró su forma peripatética y cobró vida como tal”; Manhog, “una vejiga atiborrada de pecado que se arrastra sobre las cuatro extremidades”, y a la que “nada le gustaría más que alejarse de todo y de todos para siempre”; en tanto que Frank –y ahora cito las palabras del epílogo– “no es un gato, ni un ratón, ni un castor, ni cualquier otra clase de criatura, sino un antropomorfo genérico (que no le debe) nada a nadie ni (ha) de satisfacer expectativa alguna”.
Encuentro que la publicación en el mercado hispanohablante de Frank es eso que hoy en día se califica demasiado alegremente de acontecimiento, esto es, un suceso que reviste importancia. El libro trae al lector en lengua castellana una obra extraordinaria, poética y de enorme fuerza visual. Una rara y singular joya, de esas que enriquecen y elevan el medio de la historieta. Les recomiendo que no se la pierdan.

Javier Fernández

03 febrero 2011

UNA (TRAS OTRA) DE ZOMBIS

Título: LOS MUERTOS VIVIENTES
Autores: ROBERT KIRKMAN (guión) y CHARLIE ADLARD (dibujos)
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 136
PVP: 7,5 €

Entro en Crash –la tienda, no la página– y me encuentro con un amigo que hace dos años que no veo, los mismos que he pasado en México. Es editor, como casi todo el mundo en estos tiempos, y rápidamente me muestra la novela de zombis que acaba de publicar. “Échale un ojo, es un libro magnífico”, me dice, y uno, que sabe descifrar los códigos del oficio, entiende lo siguiente: “Cómpratelo, se está vendiendo como rosquillas”. Ya pronto, al ritmo que van las cosas, buscaremos la descripción de un libro y nos toparemos más o menos con lo que sigue: “Género: Dos millones de ejemplares. Tema: Trescientas cincuenta mil copias sólo en España. Valoración personal: Veinte mil libros vendidos en una semana”. (Me acuerdo ahora de otro colega que me dijo una vez que estaba hasta las narices de las cuartas de cubierta de los libros, las contraportadas, hablando en cristiano. Y es que ahí atrás siempre te dicen que el libro es buenísimo, imprescindible, súper original, el mejor de todos los tiempos, una joya, un descaro, lo inaudito, la repanocha…, aunque se trate de la última edición del listín telefónico. Que no digo yo que sea una cosa mejor ni peor que la otra, las alabanzas hueras o las cifras de ventas, pero claro, hay que vender, ¿no? Sólo faltaría darle la vuelta al libro y ver impreso: “Una obra mediocre de un autor sobrevalorado, ideal para un lector como usted”.)
En fin, que, de un tiempo a esta parte, los zombis están por todos lados. Y eso está muy bien, no me malinterpreten. A mí me encantan las pelis del Romero y los Tales of the Zombie de Gerber y Marcos, y en su momento incluso edité –ya les dije que hoy día todo el mundo edita– la vendidísima “Zombi. Guía de supervivencia” de Max Brooks, un libro “buenísimo, imprescindible, etcétera”. Si será verdad que hay zombis hasta en la sopa que me ha dado por teclear la palabra “Zombie” en mycomicshop.com y me han salido 175 productos a la venta, lo que vale para algún que otro libro, pero sobre todo para series de cómics gringas y sus respectivas recopilaciones en tomo. Lo que se dice una morterada. Y si se habrá puesto de moda la cosa que de los 175 títulos, 135 tienen fecha de edición de 2005 en adelante. Así que me he dicho, bueno, pues vamos a hablar de una serie de zombis, de Los muertos vivientes, por ejemplo, que acaban de estrenarla en televisión y ha batido récords de audiencia en La Sexta.
De modo que ahí voy. Los muertos vivientes va de zombis. La cosa la escribe Robert Kirkman, el que escribió luego la parodia Marvel Zombies, otra de zombis, esta vez con superpoderes. La empezó dibujando Tony Moore y hace un buen que la dibuja Charlie Adlard. Se imprime en blanco y negro en papel satinado. Cada tomo español trae seis tebeos estadounidenses. Van doce, tomos. Yo me compré el primero, me pareció chulo y me compré cinco más. En algún momento empezó a parecerme más de lo mismo, me cansé y dejé de comprarla. Y hasta ahora.

Javier Fernández

02 febrero 2011

EL DEBUT REVISITADO

Título: JUEGO DE MANOS
Autores: JASON LUTES
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 160
PVP: 19 €

Aprovechando el anuncio por parte de Ediciones La Cúpula de la segunda edición, ahora en cartoné, de Juego de manos (Jar of Fools, 1994), he vuelto a leerme la novela gráfica de Jason Lutes (Nueva Jersey, 1967) para actualizar y compartirles mis sensaciones. El juicio resumido sería: me gustó la primera vez, me ha gustado aún más esta segunda. ¿Por qué? Porque la propuesta de Lutes, melancólica y atmosférica, se beneficia sin duda del tempo lento de una relectura pausada, del apaciguamiento que se sigue de conocer el devenir completo del argumento, esto es, de abandonarse al camino antes que a la meta.
Dos son las cosas que encuentro primeramente relevantes en Juego de manos, de una parte la rica y detallada composición de personajes, ese singular grupo de perdedores, los tontos del polisémico título original, atados a pesadas bolas sentimentales y empeñados en no deshacerse de sus ataduras. No es casualidad que los motivos principales usados aquí por Lutes remitan al truco, al timo, al mecanismo del engaño, que se vuelve autoengaño durante gran parte de este drama delgado y silencioso. La magia, la ilusión, se ha desprendido en el libro de su público, de toda comunicación, y es una técnica vacía, simple reflejo de las obsesiones de tipos rotos por dentro, emocional o físicamente, como Ernie, el protagonista, y Al, antes Flosso el Magnífico, con quien deambula en el frío y hermoso decorado urbano dibujado por el autor.
Hay en toda la obra una caracterización sofisticada, no sólo de los dos antes citados, sino de todas las figuras principales, así como de las secundarias. Y una cierta simetría en los primeros actores que habla de la evidente preocupación formal de Lutes. Los hombres de Juego de manos son débiles farsantes; las mujeres, invariablemente, masculinas; ellos construyen para sí mismos una realidad falsa en la que viven, ellas conviven, o mejor dicho, habitan en esa falsedad y buscan y necesitan emanciparse. Porque el destino de Esther y la pequeña Claire es la libertad, mientras que lo que Ernie, Al y Nathan persiguen es mayormente la fuerza, la decisión de la que carecen.
Y es que la propia técnica narrativa, los elementos formales, es la segunda cosa relevante, y quizá la más llamativa, de Juego de manos. Se ha calificado de formalista a Lutes hasta la saciedad, y se hace evidente al lector de esta novela gráfica primeriza que el de Nueva Jersey comienza viaje repleto de recursos técnicos. Lutes no es exactamente un virtuoso del dibujo, ni falta que le hace. Es un virtuoso del lenguaje de la historieta y, emulando el estilo del mejor cómic francobelga, ejecuta aquí una planificación ordenada y precisa, de elegantes transiciones y amplia variedad de planos, que impone su ritmo ágil y constante.
Emocionante, deliciosa, refinada, lejos de las supuestas carencias de todo primer trabajo, Juego de manos permanece como un debut singular y sorprendente que no sólo se lee con agrado, sino que se relee con deleite.

Javier Fernández

31 enero 2011

EL BUEN (COSMO) DICTADOR

Título: MARVEL GOLD. LOS VENGADORES. LA SAGA DE KORVAC
Autores: SHOOTER, PÉREZ, BUSCEMA, WENZEL, ETC.
Editorial: PANINI
Páginas: 236
PVP: 21,95 €

A comienzos de 1978, el hasta entonces guionista y editor asociado Jim Shooter es ascendido a la categoría de editor de Marvel Comics Group, lo que lo coloca el primero en el escalafón editorial de la exitosa compañía fundada con el nombre de Timely por Martin Goodman en 1939. Desde su bautizo como Marvel a comienzos de la década de 1960, y merced a la creación de personajes como Spiderman o Hulk y la recuperación de iconos como el Capitán América, la empresa ha experimentado un espectacular desarrollo que la ha llevado a la cabeza del sector, y luego de unos años de relativo desorden interno, debe ahora crear la estructura que le permita capitalizar las elevadas ventas y asumir una posición de liderazgo. Para este fin, el nuevo editor crea para sí mismo la denominación de editor en jefe y, desde ahí, dicta un organigrama de editores y editores asociados que asumirán la gestión de la totalidad de las publicaciones de la casa, siempre bajo la férrea supervisión y absoluto control del propio editor en jefe, esto es, de sí mismo.
Entretanto, y precisamente con fecha de portada de enero de 1978, Shooter inicia la escritura de La saga de Korvac, en las páginas de The Avengers. Korvac, un villano de medio pelo creado por Steve Gerber y Jim Starlin en el número 3 de Giant-Size Defenders (1975), ha sufrido una espectacular transformación que nos lo presenta convertido aquí en una especie de ser todopoderoso. Por cosas de la omnipotencia, Korvac ha abrazado la filantropía, pero, debido a una serie de rocambolescos y ridículos motivos argumentales que no merece la pena reseñar, acaba enfrentándose a vida o muerte con los Vengadores. “Soy un dios”, clama Korvac en la última escena del número 176 de The Avengers, “Y también iba a ser… ¡Vuestro salvador! Porque en el cosmos hay mucha crueldad e injusticia. Y yo estaba en una situación privilegiada para cambiar eso, para someter toda la existencia a mi justo y benévolo mandato”.
He aquí el tema propio de un megalómano: el del benefactor que es combatido y maltratado por sus inferiores, carentes de la sabiduría y la visión del poderoso. El buen dictador que renuncia a sus deseos –encarnados en este trágico folletín por la abnegada y amorosa Carina– y se inmola en pos de la imposible utopía. Así es que, después de una larga, épica y dolorosa batalla en la que Los Vengadores ejecutan sumarísimamente a Korvac, la única superheroína que queda finalmente en pie junto a Thor, Moondragon, confiesa: “Ahora siento la mayor agonía que jamás he sentido… porque he visto cómo unos niños mataban primero el sueño… ¡Y luego la esperanza!” –en donde los niños son los superhéroes que yacen maltrechos por el suelo y sueño y esperanza, con sus puntos suspensivos y su admiración, son vaya usted a saber qué.
Y es que los jefes, los editores en jefe, también lloran.

Javier Fernández

25 enero 2011

LAS PENAS CON PAN...

Metidos ya en plena cuesta de enero, y sin mediar más prolegómenos, aquí les traigo unas cuantas recomendaciones para ayudarles a pasar el trago.
De 001 Ediciones y con el extraño título de Los jóvenes según Schulz, el volumen de 296 páginas recién editado presenta la traducción a nuestro idioma de Young Pillars, la serie de gags de una sola viñeta que el célebre creador de Snoopy realizó entre 1956 y 1965 para la revista Youth de la Church of God. Personalmente considero la publicación una especie de acontecimiento aún tratándose de una obra explícitamente moralista como esta –o quizá por ello–, pues siempre hay que celebrar que se amplíe la bibliografía de este genio no demasiado entendido en el ámbito hispano. También para el que quiera adentrarse en la vida y figura del de Minneapolis, recuerdo que hace poco más de un año que llegó a las librerías el magnífico tomo Schulz, Carlitos y Snoopy. Una biografía, de David Michaelis, un estudio del que trataré de darles cumplida cuenta en otra ocasión. Lo primero cuesta 19 €, lo segundo 26.
De Norma Editorial me gustaría dar aviso de dos volúmenes, uno que es novedad y otro que es reedición. La novedad es el tercer y último tomo de Inside Moebius, el extravagante y dislocado experimento de la fusión entre Jean Giraud y Moebius. Conste que lo traigo a colación con reservas, dudando aún del resultado de la obra, pero contento tanto de que haya terminado la serie –lo que permitirá sin duda la edición de trabajos más esperados y afortunados que estos– como de que el viejo Giraud se haya decidido a soltar lastre antes de seguir camino. El otro volumen, la reedición, lo firma también un viejo rockero, Jacques Tardi, y es el segundo de los tres libros recopilatorios de Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec, esa heroína steampunk que tantas y tan buenas páginas ha protagonizado a lo largo de los años y que recientemente saltó incluso a la gran pantalla. Tardi es una de esas debilidades que todos tenemos, o al menos es mi caso. En dos palabras: canela fina. 29 y 24 € respectivamente.
Y puestos ahora a recomendar manga, si les digo que se compren el tomo 9 de la Ultimate Edition de Dr. Slump pensarán que soy un poco amarrategui, y vale, bueno, de acuerdo. Ya sé que si tienen los ocho primeros lo comprarán igual; si no los tienen, háganme caso, cómprense este y luego vayan corriendo a por los anteriores, que la cosa merece la pena. Es Akira Toriyama en estado puro, y eso son muchos quilates. Edita Planeta DeAgostini a sólo 9,95 €. Y si además les recomiendo Kitaro. Volumen 1, de Shigeru Mizuki, ya no les quedará duda de que apuesto sobre seguro. Sí, han oído bien, por fin podemos leer a Mizuki en castellano, gracias a Dios. O mejor dicho a Astiberri, a la que deberíamos poner un altar todos los aficionados al tebeo. Les diría dos o tres cosas sobre Mizuki, y se las diré, qué duda cabe, pero en otro artículo, que este va llegando a su fin. 18 € es el precio de Kitaro, y los merece, vaya si los merece.

Javier Fernández

17 enero 2011

TRES EN UNO

La coincidencia del artículo número cien de la sección con la reciente entrada de año y la próxima llegada de los Reyes Magos me ha tenido los últimos días dándole al coco, tratando de decidirme por uno de los tres temas anteriores para el presente artículo. Finalmente, y puesto que no he logrado decantarme por ninguno, les dejo a continuación un párrafo sobre cada cosa.
Por aquello del centenario, y para darle un tono sentimental al asunto, quisiera dedicar antes que nada unas líneas a reseñar la primera serie de tebeos que coleccioné en mi vida, la primera que me arrastró periódicamente al quiosco, la primera que, con el simple vistazo de su logotipo en el montón del prensa-y-revistas, me provocó –digámoslo sin pudor– mariposas en el estómago. (Claro está que para entonces había yo ya devorado toneladas de dumbos, ddts, mortadelos semanales y no pocos tintines, por citarles lo más granado de mis primeras lecturas infantiles.) Era el año 1979, tenía yo ¿siete, ocho años?, la colección en cuestión se llamaba Spirou Ardilla y el cuatro fue el primer número que tuve entre las manos. Allí aprendí que existían luminarias como Franquin y Jijé, pero también supe de Tillieux, Walthéry, Cauvin, Peyo, Deliége, Roba, Will, Delporte, Leloup, Jidéhem o Gos, por citarles sólo a unos cuantos nombres del torrencial aluvión de talento de aquellas páginas.
En segundo lugar, y pasando a lo del Año Nuevo –desde aquí mi más sincero deseo de prosperidad y felicidad a todos ustedes–, o más bien a lo del año antiguo, se me ha ocurrido que tendría su aquel incluir aquí una lista de los tebeos que más me han gustado en 2010. Vamos allá: The Box Man, de Imiri Sakabashira; La familia Burrón, de Gabriel Vargas; la compilación Art Out of Time, de Dan Nadel; El arte de volar, de Altarriba y Kim; Two-Fisted Tales, de Harvey Kurtzman y compañía; Apollo’s Song, de Osamu Tezuka; Gentleman Jim, de Raymond Briggs; Omega. The Unknown, de Steve Gerber y Jim Mooney; Vacaciones en Budapest, de Chaland; La extraña historia de la isla Panorama, de Suehiro Maruo. He ido apuntando los títulos anteriores de forma automática, si lo pienso un poco más me vienen también a la cabeza el Asterios Polyp, de Mazzucchelli, el Scott Pilgrim, de Brian Lee O’Maley, los Essential de Man-Thing y The Defenders, Los agachados, de Rius, y ¿cómo se llamaba la recopilación aquella de Hornschemeier? ¿All and Sundry?
Por último, tal como les dije al principio, terminaré dedicando unas líneas al asunto de los Reyes Magos. No uno ni dos, treinta y tres son los tebeos que he pedido este año en mi carta a los susodichos, los mismos que en su día compusieron la colección original del pato Howard. O mejor dicho treinta y cinco, porque he pedido también el Annual y el Marvel Treasury Edition protagonizados por el personaje. ¿Habrá suerte? ¿Aparecerán bajo el árbol junto a los zapatos? Ya les contaré.

Javier Fernández

14 enero 2011

UN REGALO PARA EL LECTOR

Título: LOS NIÑOS KIN-DER
Autores: LYONEL FEININGER
Editorial: I LIBRI IMPRESSI
Páginas: 40
PVP: 22 €

Del mismo modo que a un parto le precede la gestación y a esta el encuentro sexual y antes el cortejo, la historia de Los niños Kin-der comienza en 1905. Es en esa fecha cuando el Chicago Tribune, en su empeño por competir con el Chicago American de W. R. Hearst, envía a su agente James Keeley a Alemania a reclutar dibujantes para la sección de historietas del periódico. Y es que, tal como señala Bill Blackbeard en The Smithsonian Collection of Newspaper Comics: “El Chicago de ese tiempo, y los alrededores de la metrópoli, poseían una extensa población alemana, un grupo generalmente culto y con una fuerte conciencia de la literatura y las artes en boga en su país de nacimiento, lo que incluía una orgullosa y amplia consideración de los dibujantes de revistas de humor alemanas como los mejores del mundo”.
Más allá de los motivos comerciales, Keeley demuestra un gusto exquisito al contratar en Alemania ilustradores de la talla de Lothar Meggendorfer, Karl Pomerhanz y el padre de nuestras criaturas, el incipiente Lyonel Feininger (Nueva York, 1871-ídem, 1956), un estadounidense, hijo de emigrados alemanes, que se ha trasladado a Europa para abrirse paso como pintor. Años más tarde, Feininger formará parte del célebre grupo Der Blaue Reiter, liderado por Kandinsky y Marc, y después se le vinculará con la Bauhaus, pero de momento destaca como caricaturista en periódicos alemanes y franceses y recibe con entusiasmo la oferta.
Para el Chicago Sunday Tribune, el artista alumbrará primero Los niños Kin-der (The Kin-der-Kids, 29 páginas dominicales, del 6 de mayo al 18 de noviembre de 1906) y luego El mundo de Wee Willie Winkie (Wee Willie Winkie’s World, 20 dominicales, del 19 de agosto de 1906 al 20 de enero de 1907), dos breves cabeceras que le bastan para situarse a la altura de los más grandes historietistas de todos los tiempos. Su trabajo, pionero cronológica y formalmente, permanece como un impactante ejemplo de los límites y posibilidades gráficas del medio. Un hito fascinante, apuntalado en el sentido pictórico de sus páginas, dibujadas con líneas angulosas, preñadas de volumen y caracterizadas por un cromatismo expresionista, protagonista principal del asunto. En su enciclopedia 100 Years of American Newspaper Comics, Maurice Horn nos recuerda que el estilo gráfico de Feininger “servía menos al propósito de la historia que a la lógica de la composición”, y tal vez sea esta misma indiferencia a los aspectos narrativos del medio la que ha acabado confiriendo a este raro entre raros su carácter imperecedero.
La presente edición de Caldas, estupenda e imprescindible donde las haya, única traducción al castellano de The Kin-der-Kids, es una gozada de principio a fin. En palabras del prologuista Rubén Varillas, a las que me sumo, el libro es “un regalo para el lector actual y el tributo necesario a un autor de vanguardia”.

Javier Fernández

11 enero 2011

NOTICIAS DESDE LA CUMBRE (y 2)


Título: Y. CHALAND OBRA COMPLETA, 2
Autores: YVES CHALAND y YANN LEPENNETIER
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 136
PVP: 25 €

Porque Chaland, lo dice la sección biográfica de su página web, gozó de una infancia tranquila en provincias, aunque otros biógrafos menos complacientes hablan de pobreza y malos tratos. Sea como fuere, Freddy Lombard comparte la sensibilidad de su creador hacia las dificultades económicas del mundo real. Y en esto, la BD de Chaland se sitúa a un lado del abierto y simple esteticismo habitual del resto de los componentes de la línea Atom, subgrupo de la línea clara con el que se le asocia.
No es casual que la primera aventura de Lombard, El testamento de Godofrío de Bouillon (Le testament de Godefroid de Bouillon, 1981) comience con el trío protagonista abandonando, en medio de la carretera, un viejo –y barato– coche de alquiler averiado que, para más inri, ya estaba casi sin gasolina. Ni que más tarde, y después de una caminata bajo la lluvia, la excusa que lleva a los tres ganapanes a la aventura sea la cuenta del asado que han consumido en el hotel restaurante situado a la entrada de Bouillon. O, mejor dicho, el hecho de no tener dinero para pagarla. “Facturas, siempre facturas”, gruñe Freddy al inicio de la segunda historieta de las dos que integran El cementerio de los elefantes (Le cimètiere des éléphants, 1984) y la precariedad acompaña a los personajes en El cometa de Cartago (Le comète de Carthage, 1986), tercer álbum de la serie, y primero que cuenta con la colaboración al guión del magnífico Yann Lepennetier. Lepennetier figura también en los créditos de Vacaciones en Budapest (Vacances à Budapest, 1988) y F.52 (1989), tramo final de la aventuras de Freddy Lombard, detenidas en seco por el mortal accidente automovilístico que acabó con la vida del dibujante en julio de 1990.
Estos tres álbumes escritos al alimón con Lepennetier quedan como uno de los hitos fundamentales de la BD contemporánea. En ellos, Chaland alcanza la cumbre de su arte y del propio arte de la historieta, esa cota reservada a un puñado de nombres propios. Si El cometa de Cartago es un hermosísimo, inesperado y emocionante canto lírico, Vacaciones en Budapest reinterpreta la historieta francobelga en clave política. En palabras de Chaland, incluidas en la edición de Glénat: “Cuando comencé a trabajar en Vacaciones en Budapest, partía del hecho de que los cómics de los años cincuenta, tipo Spirou, Tintín, etc., no habían hecho ninguna alusión al drama de Budapest, al aplastamiento de la insurrección por parte de los tanques soviéticos, aunque Hungría está aquí al lado, a unos 400 km de casa. Se supone que el cómic es un arte que trata asuntos de su época, sin embargo nunca había hablado de aquello”. F.52, por su parte, es un delirante thriller ambientado en el espacio cerrado de un gigantesco avión de propulsión atómica, y con este álbum se cierra involuntariamente el círculo: en el inicio, Freddy, Sweep y Dina, modestos empleados del F.52, tratan de arreglar el cuatro latas en el que se dirigen al multitudinario despegue. Se les ha pinchado una rueda. No tienen rueda de repuesto. No podía ser de otro modo.

Javier Fernández

20 diciembre 2010

NOTICIAS DESDE LA CUMBRE

Título: Y. CHALAND OBRA COMPLETA, 1
Autores: YVES CHALAND y YANN LEPENNETIER
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 136
PVP: 25 €

Alumbrado en 1981, Freddy Lombard pasa por ser uno de los personajes más interesantes y representativos de la Bande Desinée de la década de los ochenta. Representativo, digo, por la gracia y obra de su creador, el genial Yves Chaland (Lyon 1957-1990), nombre propio y tardío de la segunda hornada de dibujantes de la Klare Lijn, en palabras de Joost Swarte, o línea clara, como se dice en lengua vernácula al estilo gráfico por excelencia de la historieta francobelga. Un estilo que, según el Diccionario del cómic editado por Larousse en 1994, tiene en Hergé a su iniciador y se caracteriza por un dibujo depurado, de trazo lineal continuo, profusa angulosidad y rechazo de toda sombra o volumen “susceptible de alterar la legibilidad del conjunto”, pero que, como todo buen lector de cómic sabe, y ya dejó claro y por escrito Eduardo García Sánchez (véase U, núm. 21, septiembre de 2000), consiste sencillamente en recrear una fuente de inspiración común: Jacobs, Hergé, Franquin, Jijé…, esto es, la historieta francobelga de posguerra y, por extensión, la literatura francesa infantil y juvenil desde finales del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, de la que aquella toma motivos y argumentos.
E interesante, les decía, porque Chaland lo es, lo fue siempre. Comenzando, por ejemplo, con aquellos rudimentarios y desatinados, pero eclécticos y voluntariosos trabajos para Métal Hurlant recopilados más tarde en Captivant (1979); continuando con su impagable visión satírica de la Francia en ruinas o, mejor dicho, de los franceses que emergen de las ruinas del conflicto bélico en Albertito (Le jeune Albert, recopilado en álbum en 1993); y terminando, ay, con su malogrado Spirou (Coeurs d’acier, 1982). Y es que no puedo imaginar un enlace más importante en el cómic europeo que este: Spirou-Chaland, Chaland-Spirou, llamado a configurar una nueva era, un nuevo estándar, similar y distinto al que involuntariamente propiciase Jijé en 1946 al poner el destino del botones por antonomasia y su ardilla en manos de un imberbe André Franquin. ¿Creen que exagero? Ah, pero por fortuna nos queda Freddy Lombard. Quizá no para el gran público –y esta habría sido la ventaja de Spirou–, pero sí para todo el que quiera darse por enterado.
Porque Freddy, Lombard como la editorial de Le Journal de Tintin, el magazine iniciado también, y precisamente, en 1946, es el Spirou posmoderno. Dice García Sánchez en el U que ya les cité: “Freddy, soñador y entusiasta, recuerda al botones belga; Sweep, pragmático y algo bruto, es un trasunto de Fantasio y su peinado imposible; y Dina, como la ardilla Spip, es la voz de la razón”. Un sugestivo trío que vaga por el mundo en busca de aventuras, sí, pero sin un duro en el bolsillo, consciente –hasta donde puede serlo un tebeo juvenil– de que lo primordial es, precisamente, encontrar el pan nuestro de cada día. O, mejor dicho, un trío que vaga por el mundo, y punto. La aventura viene después. Siempre casual, siempre inesperada.

Javier Fernández

13 diciembre 2010

SCOTT PILGRIM CONTRA EL MUNDO



Título: SCOTT PILGRIM (seis volúmenes)
Autores: BRIAN LEE O’MALLEY
Editorial: RANDOM HOUSE MONDADORI
Páginas: 192
PVP: 8,50 €

Me dice un amigo, entendido y enterado, que qué hago leyendo Scott Pilgrim, pero no es verdad que lo esté leyendo: ya lo he leído. Y no diré de una sentada porque son seis tomos y cada uno de ellos ronda las doscientas páginas, menos el último, que es más tocho, y claro está que tiene uno que vivir de vez en cuando, salir, relacionarse, por no hablar –está feo– de las necesidades fisiológicas. Dicho lo cual, ahora sí, confieso que me hubiese gustado hacerlo. Lo de leerlo de un tirón, ya me entienden. ¿Queda claro que me gusta Scott Pilgrim? Sí, me gusta Scott Pilgrim. Mola mucho. Pero mucho, mucho.
En puridad, y según yo –que diría un mexicano–, mola más al principio que al final, o, mejor dicho, el interés va decreciendo ligera y paulatinamente conforme avanza la serie, entendiendo por interés la frescura, lo impredecible, lo oblicuo, que, para mí, tiene que ver menos con la anécdota narrativa que con el retrato generacional, con la melancolía, la infinite sadness del tercer volumen. Y si digo “según yo” es porque a otro puede que le parezca lo contrario. Que lo que realmente le ponga de Scott Pilgrim sean las sucesivas peleas del protagonista con los siete ex novios malvados de su nueva novia, o la ocurrencia de traer al tebeo motivos tomados de los videojuegos y recursos narrativos del manga, que todo esto está muy bien y tiene su punto, qué duda cabe, pero, insisto, me gusta más cuando el enemigo es el mundo, y no un villano hortera y despechado.
Lo bueno es que la serie dura poco y tampoco hay que lamentar ningún descalabro, todo lo contrario, bien mirado, es sorprendente que el conjunto mantenga el buen nivel luego de los seis años que van del primer al último tomo. Máxime si se tiene en cuenta que el tipo que comenzó el asunto, Bryan Lee O’Malley (London, Ontario, 1979) en 2004, y el que lo terminó, Bryan Lee O’Malley (London, Ontario, 1979), son dos artistas bien distintos. El segundo de ellos –para no liarnos, se trata del primero con seis años más– tiene una agilidad narrativa sobresaliente, un evidente dominio de su propio estilo, bastante experiencia en el uso de los medios digitales, precisión en el entintado y no pocas ganas de llegar a la pantalla final. El otro, el primer O’Malley, aun limitado en recursos, ha pulsado la tecla correcta, y eso se nota en el entusiasmo, en el descaro, en el arte de hacer arte de la propia inseguridad, en la poco disimulada voluntad de ajustar cuentas con lo vivido. En esas cosas, en fin, que le sobran a uno cuando empieza y comienzan a escasear poco después.
Me pregunta otro amigo si no creo que Scott Pilgrim es un tebeo para teenagers. Ahí quería yo llegar. Pues claro que sí, para teenagers, como la música de Elvis, los tebeos de la EC o la literatura de Mark Twain. ¿Pero es que todavía quedan adultos? Tranquilo, ya crecerán.

Javier Fernández

22 noviembre 2010

KULL Y EL BÁRBARO

Título: THE SAVAGE SWORD OF KULL, 1
Autor: VV. AA.
Editorial: DARK HORSE
Páginas: 448
PVP: 19,99 $

Aquí me tienen, terminando de empacar las maletas, prácticamente listo para la mudanza transoceánica que me llevará de regreso a España tras cerca de dos años de estancia en México. Feliz y triste, pero más feliz que triste, aunque, eso sí, en chinga, como dicen de este lado. He pasado la última semana entregado a la imposible tarea de meter en la valija todos los libros y tebeos acumulados en este tiempo. Los he calzado en el espacio disponible, por debajo de la delgada línea de un sobrepeso más o menos razonable. O irrazonable, según se mire, porque a ver quién está dispuesto a pagar, digamos, quinientos o seiscientos euros por mover tanto papel. Lo que pasa es que, ya que me voy, vendí el sofá cama, el refrigerador, el armario, el televisor, la base de la cama, el colchón, la cajonera, el cilindro del gas, el mueble de la cocina y un anaquel completo de libros, así que me alcanza. A duras penas, pero me alcanza. ¿No conocen a alguien que necesite una lavadora? Vendo también una mesa con cuatro sillas, muy monas y robustas. Y cachivaches.
Pero no nos desviemos del asunto, o mejor dicho, comencemos con el asunto. Si alguno de ustedes lee más o menos frecuentemente esta página ya sabrá que me gustan los tebeos de Conan –aprovecho desde aquí para saludar afectuosamente al tal Ferchu que se asomó hace un par de semanas por la versión digital de crash comics, sita en la dirección de blogspot que se indica al final de estas líneas, “adicto” (según sus propias palabras) “al cimmerio”–. Lo de gustar, según se mire, es un eufemismo. Veámoslo de otro modo: ¿Quieren saber cuál es la medida exacta de mi afición por Conan? Una maleta de cuatro. Veintitrés kilos de sobrepeso. El doble de lo que llevo de ropa.
Pero no piensen que soy yo uno de esos que se compran todas y cada una de las reediciones que se hacen de las historietas del personaje, no. Ya que tengo tres o cuatro versiones de cada tebeo me conformo. Más me parece exagerado. Y bueno, sucede que cuando a uno le van los tebeos de Conan, generalmente le van también los de Kull, los de Solomon Kane y hasta, según el caso, los de Red Sonja. Ya saben, esas que se dicen adaptaciones de Robert E. Howard. De modo que la aparición del esperadísimo –al menos por mí– primer volumen de The Savage Sword of Kull, recopilación cronológica de las historietas en blanco y negro del monarca de Valusia editadas en su día por Marvel Comics –y que incluye historietas e ilustraciones de los magazines Savage Tales, The Savage Sword of Conan, Kull and the Barbarians, Marvel Preview y Bizarre Adventures– me ha puesto en un brete. Pues no queda ni un rincón libre en la maleta y no me es posible meter ni un solo gramo de más. Pero no se preocupen, algo se me ocurrirá… (Ah, ya sé. ¿En qué maleta metí el tostón aquel de Baudrillard? Yo diría que pesan más o menos lo mismo.)

Javier Fernández

09 noviembre 2010

LA VENGANZA DE TEX

Título: TEX (ESPECIAL JOE KUBERT)
Autores: CLAUDIO NIZZI (guión) y JOE KUBERT (dibujos)
Editorial: PLANETA DEAGOSTINI
Páginas: 240
PVP: 10 €

Acabo de terminar de leer el Tex de Joe Kubert y Claudio Nizzi, ya ven que llevo unos cuantos años de retraso en algunas de mis lecturas. Y sí, he pasado un buen rato con las andanzas del Ranger de Texas. No es que haya vibrado de principio a fin, pero tampoco me he aburrido. Vamos, que la cosa ha estado entretenida.
La mayor parte del mérito, qué duda cabe, la tiene Joe Kubert (Brooklyn, 1926), ese genio de la narrativa gráfica, un maestro de maestros que no necesita presentación. Kubert respira viñetas por los cuatro costados, tiene un don natural para secuenciar argumentos en imágenes y posee mucho, mucho oficio: son casi setenta años en la brecha, que se dice pronto. Claro está que lo suyo no es el vanguardismo, ni la experimentación, ni falta que le hace. Su impronta es la de un firme narrador, pleno de recursos, eficiente como pocos y poseedor de un estilo influyente, personal, bello y gozosamente reconocible. No diré que Tex. El jinete solitario, que es como se llama la historieta que nos ocupa, sea su mejor trabajo porque no lo es. Falta aquí el detallismo de Tor, el dinamismo de Abraham Stone o el vigor de Fax from Sarajevo, pero el trabajo del dibujante es lindo y honesto. Sin duda más lindo y más honesto en las secuencias iniciales que en las postreras, y, con todo, las últimas, de acabado más tosco, presentan un storytelling perfecto, al alcance de unos cuantos elegidos. (Y es que uno se pregunta si Kubert no sería capaz de enganchar al lector incluso si se propusiese ilustrar las instrucciones de una lavadora dibujando con la mano izquierda.)
Por su parte, el guión de Nizzi (Sétif, 1938) parte de una premisa manida aunque efectiva. Cuatro malandrines de esos que pueblan el género del western matan por pura y libidinosa diversión a una angelical familia de colonos, amigos de Tex Willer para más señas, el icónico protagonista de esta archiconocida cabecera italiana creada por Gian Luigi Bonelli y Aurelio Gallepini en 1948. Y en estas que Willer, casualmente de visita, se topa con los cadáveres y promete venganza. En seguida sigue la pista del sanguinario grupo y pronto se enfrenta a ellos, pero es derrotado, golpeado y lanzado por un precipicio hacia una muerte segura de la que, obviamente, escapa. A partir de aquí, y luego de la necesaria (y vertiginosa) reposición física del héroe, Tex se lanza a la busca y captura de los criminales que a estas alturas, y para dotar de estructura episódica al conjunto, han roto filas y separado sus caminos. Desde mi punto de vista, las debilidades de la historia son la bisoñez psicológica de los personajes, la falta de originalidad en la resolución de los conflictos, alguna que otra repetición de esquemas y una cierta simpleza general. Y lo mejor, la eficacia y agilidad argumentales y la truculencia de determinadas escenas, que, por momentos, se alejan de lo convencional.
Si buscan un esparcimiento sencillo, sin más pretensión, Tex. El jinete solitario les alegrará la tarde.

Javier Fernández

05 noviembre 2010

ERES UN VICIOSO, COMO TU PADRE

Si es usted aficionado a los tebeos, ya sabrá que la oferta mensual de títulos en España apabulla al más pintado. Si no, le invito a que se dé un garbeo por el estante de novedades de cualquier librería especializada. ¿No le parecen muchos cómics? Lo son. Y es que no hay bolsillo que aguante el ritmo no digo ya del mes completo, sino de la quincena y hasta –según la semana– de la semana.
Hombre, claro está que no quiere uno comprarlo todo. ¿No es cierto? Yo, por ejemplo, soy de los que se lo piensan mucho antes de decidirme a llevarme algo a casa. Por lo menos cinco o diez minutos. No, no me hagan caso, estoy bromeando. Sí es verdad que traigo de mi infancia la amenaza perpetua de recaer en el coleccionismo, como el que ha dejado de fumar y sabe lo fácil que es volver a quemar cigarrillos. Se podría decir que he madurado, que he dejado atrás los caprichos infantiles, que he aprendido a controlar mis propios impulsos. Pero, para ser honestos, les diré que estoy permanentemente alerta. Y no sólo por evitar la sangría dineraria, no se crean. También tiene su miga la clásica pregunta: “¿Y ahora dónde meto yo todo esto?”. Pregunten si no a mi madre, que tiene media casa a reventar de cajas mías, con especial hincapié en la palabra “cajas”. Apiladas, asépticas, quitadas –en lo posible– de en medio. Porque los libros son cultura y visten cualquier estantería, pero no me imagino yo a las visitas familiares admirando la tebeoteca: “Anda, si tienes la colección completa de Los pitufos”, “Hombre, a ver si me prestas El sulfato atómico, que he leído en el Babelia que está muy bien”. Y eso sin mencionar la instintiva e invariable tendencia materna a ofrecer un tebeo y una caja de ceras o de rotuladores al sobrinito de turno. Que todo hay que explicarlo: “¿Ves esas dos cifras que hay junto al código de barras? Es el precio. Sí, sí, tanto, a ver si te crees que los regalan”.
Estaba yo el otro día –es un decir, una figura retórica, en verdad sucedió hace unos años– en casa de un amigo, casado y con dos niños, y el mayor de ellos, en edad de comulgar, le pidió a su madre dinero para comprarse no-recuerdo-qué-cosa en el puestecillo de la esquina, y allá que ella –desde aquí un beso– le contestó: “Eres un vicioso, como tu padre”. Así, con la boca llena de “vicioso” y de “tu padre”, ya saben. Total, a mi amigo, que yo sepa, no le gusta la droga, ni los bares de carretera, ni jugar a las cartas, ni el bingo, y ni fuma, ni bebe. Eso sí, compra tebeos. Porque dirán ustedes lo que quieran, que el tebeo se llama ahora novela gráfica, y es muy cool y está de moda, y es un producto cultural de primer nivel y lo lee la gente seria, pero eso será en su barrio. En el mío…
Ah, pero qué buenos tiempos aquellos en que iba uno al quiosco y ponía debajo del brazo dos o tres tebeos por semana. O más tarde, cuando se fue teniendo algo más de dinerillo y ya eran cinco o seis. Y luego diez o doce, y algún álbum que otro…
Ya me podían haber dado entonces una hostia bien dada. Vamos, digo yo.

Javier Fernández

04 noviembre 2010

HAUNT

Nombre: THE HAUNT Nº 01
Autores: ROBERT KIRKMAN / GREG CAPULLO
Edición original: The Haunt USA
Fecha de edición: 14/09/2010
Formato: Libro rústica, 144 págs. a color.
Precio: 14,95 €

Confieso que cuando leí la premisa de HAUNT me pareció que podría tratarse de algo demasiado similar a SPAWN y estéticamente semejante al SPIDERMAN dibujado por McFarlane. Pero el tratarse de un nuevo personaje, escrito además por Robert Kirkman, responsable de LOS MUERTOS VIVIENTES y mi grato recuerdo de los primeros números de la entretenida THE DARKNESS escritos por Garth Ennis, con su puntito canalla al protagonizarla un matón mafioso reconvertido en antihéroe sobrenatural (sospechaba que HAUNT podía contar también algo de ese estilo) me decidieron a comprarla, además de observar un dibujo más de mi gusto que el clásico exagerado de McFarlane (quizás ahora algo trasnochado), semejante por fortuna al de series como la mencionada LOS MUERTOS VIVIENTES o INVENCIBLE (fluidos en su narrativa y casi de línea clara, aunque abundante en detalles) más que al de los títulos de TOP COW, sugestivos pero a menudo pobres como soporte de una buena historia.
Y el caso es que HAUNT ha resultado ser una agradable sorpresa, no sólo en su arte gráfico. La historia de estos dos hermanos de mediana edad que se llevan fatal, uno cura, descreído, amargado y con el corazón roto, que se gasta el dinero de su iglesia en una prostituta a la que además confiesa (nada que ver con el Jesse Custer de PREDICADOR, salvo en su aspecto), y el otro superagente secreto de una de esas agencias de inteligencia que sólo existen en los cómics, asesino, marido, buena gente, y ademàs muerto...interesa desde las primeras páginas y atrapa en su lectura hasta el final de los 6 números que componen el tomo, con unos diálogos que se respiran auténticos y situaciones tan disparatadas como creíbles (características que comparte con la serie de zombis de Kirkman), utilizando los lugares comunes del género para eludir tópicos y, en definitiva, construir un buen cómic.

J.A.Santiago

02 noviembre 2010

EL ESCAPISTA DEFINITIVO


Título: STERANKO SUPERSTAR
Autor: ÁNGEL DE LA CALLE
Editorial: DOLMEN
Páginas: 112
PVP: 10,95 €

Frente a la obra de Jim Steranko (Pennsylvania, 1938) sólo caben dos posturas: se ama o se ama. Y es que el norteamericano, hijo de emigrantes ucranianos, es un narrador gráfico portentoso, especialmente dotado para la composición de página, el montaje, el ritmo visual, el acabado y el diseño. Pero, además, Steranko tiene madera de pionero, es un innovador incansable, un raro, un artista singular acostumbrado a rechazar las fórmulas preconcebidas y reinventarse a cada rato, lo que lo convierte también en un tipo inclasificable y elusivo.
Su heterodoxa carrera –llegados a este punto suele citarse que su trayectoria apenas incluye un puñado de tebeos y se extiende hacia campos tan diversos como la edición, la magia en general y el escapismo en particular, el estudio teórico de la historieta y la cultura popular, la ilustración o el storyboard fílmico– no le ha impedido ganarse un lugar prominente en la narrativa gráfica, merced a trabajos seminales como los protagonizados por Nick Furia y el Capitán América a finales de la década de 1960, epítomes de la estética pop aplicada al mundo de los superhéroes, pero también a obras de una inusual madurez como Chandler: Marea roja, ese peculiar y elegante híbrido entre tebeo y novela de género negro, Atmósfera Cero, la pasmosa adaptación gráfica del filme dirigido por Peter Hyams (Outland, 1981), o “The Exile at the Edge of Eternity”, una joyita de diez páginas incluida en el número 400 de Superman (octubre, 1984) que mereció mención destacada en la monumental The Encyclopedia of Science Fiction, de John Clute y Peter Nicholls. Ejemplos todos ellos de la ductilidad y la rebeldía conceptual del que durante muchos años fue considerado dibujante de culto y que, desde 2006, forma parte del selecto elenco incluido en el Will Eisner Comic Book Hall of Fame, una de las máximas distinciones que concede la industria estadounidense de los tebeos a los autores más destacados del medio.
El presente librito de Ángel de la Calle, reedición ampliada de uno de los textos contenidos en Steranko. Arte Noir (Vanguard Productions/Semana Negra, 2002), repasa la figura, la obra y los elementos narrativos más destacables de Steranko, demostrando que, más allá de los obsesivos cambios de registro del de Pennsylvania, existen líneas estructurales y argumentales que se repiten a lo largo y ancho de una producción que comenzó a la sombra de Jack Kirby y pronto evolucionó hacia un eclecticismo consciente y refinado que integra elementos propios del arte pop, el surrealismo, la psicodelia o el cine.
En palabras de De la Calle: “Conocer a Steranko es amarlo, y amar aún más su obra. Más allá de su pose, majestuosa, y de sus maneras tan americanas –y de sus dientes imposibles–, está uno de los más grandes autores de la expresión en viñetas del siglo pasado. Un innovador, un experimentador; alguien para quien los cómics son verdaderamente importantes; tanto como para jugar con su lenguaje y, de paso, hacerlo crecer. Una superestrella, en definitiva”.

Javier Fernandez

DICHO EN POCAS PALABRAS

Título: EL AMOR DUELE
Autor: KIRIKO NANANAN
Editorial: PONENT MON
Páginas: 210
PVP: 15 €

Si me propusiese caracterizar en tres palabras el estilo de Kiriko Nananan (Tsubame, 1972) diría que es riguroso, elegante y emocional.
Me explico: riguroso –diccionario en mano– valdría en los significados de muy severo, austero, exacto y minucioso; y quizá también en estos otros: áspero, acre, cruel y duro de soportar, pero eso depende del gusto de cada uno y de si ustedes las consideran cualidades peyorativas. Si es así, mejor no las tengan en cuenta.
He escrito “elegante”, y tomo de nuevo el diccionario: dotado de gracia, sencillez, airoso, bien proporcionado y –dicho de una cosa– que revela distinción, refinamiento y buen gusto. Nótese que me he saltado las cualidades de la palabra que se aplican a personas y que he gastado aquí todos los significados, excepto “dotado de nobleza”. Y eso que la cuarta acepción de noble incluye “singular o particular en su especie”, dos características que considero intrínsecas a lo de Nananan, pero entiendo en el sentido general del término “noble” una valoración comparativa del individuo –por indivisible– con los demás de su misma especie. Y hoy, sencillamente, no quiero entrar en comparaciones. Trato de valorar la cosa en ausencia de otras cosas.
¿Qué más? Emocional: que produce emoción. Esto es, que produce una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Dos puntualizaciones: primero, pasajera implica “que pasa presto o dura poco”, y lo mucho o lo poco son conceptos relativos. Claro está que no se queda uno intensamente alterado para siempre, ni por un largo periodo de tiempo como si le hubiese ocurrido una desgracia o le hubiese tocado la lotería, pero, vean, me acuerdo de El amor duele y me emociono. Y luego se me pasa. ¿Me explico? Segundo, como “conmoción somática” vale la piel de gallina o el vello erizado. También las lágrimas, pero que conste que no es mi caso. Y, antes de que lo olvide, me falta reseñar el otro significado de emoción: interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo. Pues eso.
Ahora bien, si quisiera ser más conciso, si en lugar de con tres palabras tuviese que definir el trabajo de la japonesa con una sola, esta sería delicado. Fíjense que “delicado” es fino, suave, tierno, pero también sabroso, regalado, gustoso; difícil –y me quedo aquí, ojo, con la acepción de que no se logra o ejecuta sin mucho trabajo, no porque no se entienda con facilidad–; primoroso, exquisito; bien parecido, agraciado; sutil, agudo e ingenioso. En donde ingenioso se relaciona con la intuición, el entendimiento y las facultades poéticas y creadoras. Y si de una sola palabra se trata también me valdría minucioso en lugar de delicado. Porque minucioso equivale a que se detiene en las cosas más pequeñas. Como pequeño es el amor adolescente sobre el que Nananan da vueltas y vueltas, obsesiva, detallada, milimétricamente.
Aunque, bien pensado, preferiría quedarme con las dos, minucioso y delicado. Pero entonces ya no sería una sola palabra y me he propuesto ser conciso.

Javier Fernández

26 octubre 2010

EL CAMERINO DEL ARTISTA

Título: SENDEROS
Autor: PACO ROCA
Editorial: LAUKATU
Páginas: 272
PVP: 22 €

Para no engañarles les diré que, en general, la obra de Paco Roca me deja un tanto indiferente. No quiero decir con esto que la considere poco valiosa, o que esté yo ciego a las virtudes temáticas, estéticas y narratológicas del dibujante valenciano. Todo lo contrario, la rápida consolidación de su trabajo me parece una gran noticia dentro del panorama del tebeo español actual, y si algo demuestra Senderos. Una retrospectiva de la obra de Paco Roca es la solidez del camino recorrido hasta ahora por el autor de Las calles de arena. Es, sencillamente, una cuestión de gusto: hay a quien le gusta la sopa fría y quien la prefiere caliente. Yo soy de estos últimos.
¿Qué es lo que no me convence –en general, insisto– del trabajo de Roca? Por un lado su tibieza o, dejando ya el símil gastronómico y yendo a cuestiones de composición literaria, su simpleza, que no sencillez. También el que esté lleno de lugares comunes, de referencias manidas, y de una amabilidad en la mirada que me resulta a veces empalagosa. Hay artificiosidad, pero no lo bastante como para significar un estilo. También naturalismo, e ídem de lo mismo.
Ahora bien, si de lo que hablamos es de eficacia narrativa, Paco Roca tiene un don natural muy superior a la media de historietistas. Su modo de contar es limpio, directo, casi perfecto. Utiliza la viñeta con la agilidad de un guionista cinematográfico; y ágil es también el ritmo de todas y cada una de sus historias. Se da además la circunstancia de que su dominio del storytelling no es nuevo, basta ojear el volumen que nos ocupa para caer en la cuenta de que lo trae de fábrica. Aunque, eso sí, se ha ido refinando y haciendo más y más preciso con el tiempo. Dicho de otro modo, Roca es de los que capta la atención de principio a fin. No se trata tanto de un creador de imágenes –en el sentido literario– como de un auténtico relator.
Siguiendo con el haber de Roca, encuentro excelente su manejo de las tintas, más conforme avanza su carrera. Admiro su búsqueda de la peculiaridad estética en el estrecho campo de la línea clara, así como la incansable marcha de su estilo hacia la síntesis. Valoro también su progresivo alejamiento de los clichés, la incorporación de lo emocional y del intimismo a su trabajo y esa firme voluntad de ir contracorriente, de arribar a la propia personalidad, que le ha granjeado el respeto y la admiración de propios y desconocidos, y que anuncia futuras cimas.
El libro editado por Laukatu repasa en profundidad la trayectoria del historietista y se suma a la larga fiesta de celebración del premio nacional obtenido por Arrugas en 2008. Y lo hace con el acierto de una edición de bella factura, repleta de bocetos, historietas e ilustraciones de Roca y trufada de notas divulgativas e impresiones de diversos escritores e historietistas. Todo ello articulado alrededor de una amplia y amena entrevista realizada por Koldo Azpitarte que, amén de innumerables anécdotas, nos desvela la mentalidad y el método del artista.

Javier Fernández

19 octubre 2010

FRUTAS, VIÑETAS Y HORTALIZAS

Título: VIÑETAS A LA LUNA DE VALENCIA. LA HISTORIA DEL TEBEO VALENCIANO. 1965-2006
Autor: ÁLVARO PONS, PEDRO PORCEL y VICENTE SORNÍ
Editorial: EDICIONS DE PONENT
Páginas: 324
PVP: 28 €

No soy yo de esos que cuando escuchan la palabra “Valencia” salivan imaginando una paella o los productos de la Huerta, ni de los que piensan seguidamente en las fallas o Mario Kempes, por redondear el tópico. Y no es que no me guste el fútbol, la juerga, las frutas y hortalizas o el arroz bien aliñado, todo lo contrario, en esto soy idéntico a cualquier hijo de vecina. Sucede que cuando alguien nombra Valencia lo primero que me viene a la cabeza son sus tebeos. Porque sabrán ustedes que, en esto de las viñetas, la cantera valenciana es una de las más amplias y relevantes de nuestra historieta –quizá los que me conocen añadirían que, se hable de lo que se hable, siempre pensaré primero en tebeos, pero eso no invalida el argumento.
Jaimito, El guerrero del antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín o Pumby son sólo algunos ejemplos del legado tebeístico producido en la Valencia posterior a la guerra civil. Y la nómina que participó en lo que se ha dado en llamar Escuela Valenciana de historieta –me refiero ahora a la primera de ellas, la que fructificó entre los años 40 y 60 del pasado siglo– es extraordinaria: Gago, Karpa, Palop, Sanchís y Vañó se cuentan entre el nutrido número de artistas que trabajó en editoriales como Valenciana o Maga. Una nómina, ya digo, que merece un sitio prominente en la historia del tebeo español. Aunque confieso mi debilidad por el conjunto de creadores con idéntica denominación de origen que comenzó a sorprender a propios y extraños a comienzos de la década de 1980, la Nueva Escuela Valenciana, con sus Mique Beltrán, Micharmut, Sento y Daniel Torres a la cabeza, traviesos reformadores de la línea clara –y a los que cabría sumar el alicantino Miguel Calatayud, un demente, un inclasificable, un genio situado a caballo entre generaciones y que guarda ciertas semejanzas estéticas con estos últimos.
Sucede que aún hoy, requeteconsumada la desintegración del tebeo patrio, una legión de valencianos pasea el palmito por las mesas de novedades, no diría como último reducto de la Galia ocupada, pues no queda ya apenas una pulgada sin conquistar, sino más bien como esas hermosas ascuas que se siguen de toda hoguera. Los hay que han encontrado su nicho en nuestro mercado –es un decir– luego de haber publicado aquí, allí y en francés, como el multipremiado Paco Roca y sus Arrugas, pero también los hay que sobreviven a la española, esto es, sobre el alambre, como mi querido Carlos Maiques, por citarles sólo un par de ejemplos.
En fin, puestos a examinar con detalle la historia del tebeo valenciano, no se me ocurre nada mejor que recomendarles la lectura del libro colectivo Viñetas a la luna de Valencia. La historia del tebeo valenciano. 1965-2006, dizque segunda parte de Clásicos en Jauja. La historia del tebeo valenciano, aquel magnífico trabajo en solitario de Pedro Porcel en el que se daba cumplida y exhaustiva cuenta del periodo anterior a 1965. Los edita ambos De Ponent, uno de esos locos y escasos pobladores, ahora sí, de la pulgada irredenta.

Javier Fernández

DEL ALMA DE LAS MÁQUINAS

Título: GHOST IN THE SHELL
Autor: MASAMUNE SHIROW
Editorial: PLANETA
Páginas: 352
PVP: 11,95 €

Ya sé que, formalmente hablando, Ghost in the Shell no es el mejor manga de la historia. A menudo se cita que su ritmo es caótico y poco fluido, que su argumento pasa de lo liviano a lo denso sin solución de continuidad ni justificación aparente y que, a menudo, su prosa se decanta por lo farragoso. Por no hablar de que la querencia digresiva de su autor, Masamune Shirow, llega a veces a lo delirante. De modo que lo enfocaré de este otro modo: Ghost in the Shell es mi manga favorito.
No sólo lo considero un texto excitante, inteligente y divertido, que se beneficia ampliamente de la relectura, sino que, en mi opinión –compartida por la legión de seguidores del fenómeno GITS, que abarca también dos películas cinematográficas, dos temporadas televisivas de anime, un OVA, varios videojuegos, libros y, en general, todo tipo de merchandising– es uno de los hitos de la ciencia ficción reciente. Tan influyente e imperecedero como Blade Runner o Neuromante, Ghost in the Shell es una obra penetrante y vasta, como la red de bytes que acaba seduciendo a la protagonista Motoko Kusanagi, el cyborg policía que sostiene por sí solo la lectura, personaje singular y atractivo donde los haya.
Claro que, puestos a comparar, Shirow carece del impacto del que hacen gala otros mangakas como Maruo o Kago. Y no es menos cierto que sus páginas no tienen
la fuerza emocional de un Hayashi ni la sencillez expositiva de un Tatsumi –vean que les estoy citando sólo creadores del más alto calibre–, pero es que sean cuales sean las carencias de Ghost in the Shell, considero que el tebeo de Shirow comparte cima con todos ellos. Desde mi punto de vista, las fallas narratológicas de la obra magna de Shirow no son sino elementos característicos de un estilo peculiar e inimitable, cualidades de un terreno hermosamente abrupto que conduce a lo alto.
Ilustrador, diseñador, animador gráfico e historietista, Masamune Shirow nació en Kobe, en la prefectura de Hyogo, el 23 de noviembre de 1961, y su bibliografía tebeística no es tan extensa como suele ser habitual en el país del sol naciente. Además del volumen inicial de la serie, Ghost in the Shell (Kodansha, 1991, aclaro que esta fecha y las que siguen corresponden al año de publicación en libro de cada título), Shirow ha firmado dos secuelas, Ghost in the Shell 2: Man Machine Interface (Kodansha, 2001) y Ghost in the Shell 1.5: Human Error Processor (Kodansha, 2003), bastante menos apreciables que el original. Suyos son también títulos como Black Magic (Atlas, 1983), Appleseed vol. 1 a 4 (Seishinsha, 1984, 1985, 1987 y 1989), Dominion (Hakusensha, 1986, con una continuación, Dominion Conflict, publicada por Seishinsha en 1995), Orion (Seishinsha, 1991) y los cuatro tomos de ilustraciones Intron Depot (Seishinsha, 1992, 1998, 2003 y 2004), el primero de los cuales contiene una extensa y memorable sección dedicada a Ghost in the Shell.

Javier Fernández