13 abril 2009

MIRANDO AL QUE MIRA

Título: JUDENHASS
Autor: DAVE SIM
Editorial: PONENT MON
Páginas: 56
PVP: 8,90 €

Acreditado desde la autopublicación de Cerebus (1977-2004) como uno de los padres del nuevo tebeo independiente norteamericano, Dave Sim (Ontario, 1956) es noticia en el mercado de habla española por dos motivos: uno, el anuncio de la edición en nuestro idioma de su obra magna –que llevará a cabo la editorial Ponent Mon–, luego de una larguísima renuencia por parte de Sim a dejarse traducir; y dos, la reciente edición, también en Ponent Mon, de la última novela gráfica de Sim, Judenhass, literalmente “odio a lo judío”, obra que viene precedida del previsible y amplio abanico de alabanzas críticas sobre su valor pedagógico y lo oportuno y necesario de su mensaje.
La finalidad de Judenhass no es otra que describir el holocausto nazi como la consecuencia inevitable del odio racial acumulado, generación tras generación, en todos y cada uno de los no judíos. Sim, antiguo ateo convertido desde hace unos años a un peculiar monoteísmo basado en la mezcla de todas las religiones abrahámicas, hace responsables de lo ocurrido durante el régimen nazi a sus propios ancestros, y a los de todo aquel que no profesa la religión judía, pues, según su opinión, el judenhass es un delito tanto de acción directa como de indiferencia. Dicho de otro modo, Sim obvia todo análisis socioeconómico y hace buenos los intereses de lo políticamente correcto, basados en la autocomplacencia maniquea, adolescente e irreflexiva, que propone la castración del discernimiento como principal elemento de control y que acepta la culpa como elemento indispensable para el ingreso del individuo en la norma, en la sociedad, digamos, higiénica. Vean hasta dónde llega el dislate, interrogado en una entrevista sobre los motivos que sustentan el odio a los judíos por parte de los que no lo son, Sim contesta: “Debo decir que es la envidia. Creo que todos los no judíos envidian el hecho de que cada uno de los judíos pertenecen al Pueblo Elegido por Dios”.
La estrategia narrativa escogida por Sim para realizar su estrafalario y manipulador alegato consiste en la acumulación de citas de carácter antijudaico debidas a personajes célebres de todos los tiempos, abstraídas, por demás, de todo contexto. El discurso se construye situando al mismo nivel la reflexión y la acción, de modo que las filosofías de Hitler o Stalin se hace equiparable a la de H. G. Wells o T. S. Eliot, con lo que se logra fabricar un aventurado constructo que censura al pensador por considerarlo tan peligroso como al asesino. Para completar la perversión en la mirada, Sim ilustra las citas con imágenes a plumilla dibujadas, en su mayoría, a partir de fotografías de las brutalidades del holocausto, lo que crea un sustrato emocional que predispone al lector y le dificulta para elaborar otras conclusiones distintas a las del autor.
Calificada de esfuerzo objetivo conducente a remover la conciencia del lector, Judenhass es en realidad una obra propagandística, torpe e intelectualmente incapaz que no duda en afirmar, sin ningún pudor, que no ser judío equivale a amar el holocausto. Ver para creer.


Javier Fernandez

31 marzo 2009

MESTIZAJE Y POESÍA

Título: LA MONTAÑA MÁGICA
Autor: JIRO TANIGUCHI
Editorial: PONENT MON
Páginas: 72
PVP: 16 €

Nacido en 1947 en la prefectura de Tottori (Japón), Jiro Taniguchi lleva cuatro décadas aportando a la industria del manga una sensibilidad reposada, alejada de las modas imperantes, y un estilo exquisito, tendente al naturalismo y a la claridad expositiva, que ha hecho del análisis doméstico y de la confrontación entre el ser humano y su entorno uno de sus lemas principales. Su amplia obra incluye, entre otros, hermosos trabajos de corte intimista como El caminante, El almanaque de mi padre o Barrio lejano, y largas novelizaciones como Seton, escrita por Yoshiharu Imaizumi, La cumbre de los dioses, con guión de Yumemakura Baku, o la impresionante recreación histórica La época de Botchan, a partir del texto del escritor Natsuo Sekikawa.
Al observarse su narratividad, Taniguchi ha sido considerado con frecuencia el más europeo de los autores japoneses. No en vano, el mangaka es un apasionado lector de la historieta franco-belga, y estudioso también de su estructura, composición y ritmo. Sin embargo, y por encima de todo, la lentitud secuencial de la obra de Taniguchi remite a elementos puramente japoneses y se revela como continuación de la actitud contemplativa, de la fijación por el detalle de la cultura nipona clásica, tan diferente de las estrategias formales habituales en el manga, nacido a finales de la década de 1940, de la mano de Ozamu Tezuka, como remedo del cartoon estadounidense a lo Disney cuya característica primordial es la agilidad.
La montaña mágica, álbum editado originalmente en francés por Casterman en 2007 y presentado ahora para el lector en lengua española por Ponent Mon, es el primer tebeo del autor de Hotel Harbour View producido directamente para el mercado occidental y, de este modo, puede considerarse la culminación del idilio entre Taniguchi y la bande dessinée. Un idilio que cuenta con escarceos previos tan significativos como la participación previa en Tokio es mi jardín (1997), de Benoit Peeters y Frederic Boilet, o la serie Icaro (2002), recopilada en dos tomos inéditos en castellano, que Taniguchi dibujó a partir de un guión del mismísmo Moebius.
Apoyado por la labor del colorista Walter –reconocido en estos lares por su trabajo en la serie La mazmorra, de Joann Sfar y Lewis Trodheim–, Taniguchi hace un notable esfuerzo por ajustarse aquí al formato y la mentalidad europeas y acaba componiendo un magistral relato corto ambientado en su pueblo natal y protagonizado por dos niños, huérfanos de padre, que temen ahora por la vida de su madre, ingresada en el hospital debido a una grave dolencia.
La montaña mágica es una fábula sincera y emotiva sobre la enfermedad, la sanación y la necesidad de reestablecer los vínculos entre el ser humano y la naturaleza, pero también un raro ejercicio de estilo, un atinado y gratificante híbrido lingüístico salido del pincel de uno de los maestros actuales del cómic.

Javier Fernández

23 marzo 2009

ELEGANCIA Y VANGUARDISMO

Título: VALENTINA. TOMO 1
Autor: GUIDO CREPAX
Editorial: NORMA EDITORIAL
Páginas: 280
PVP: 20 €

Gigante del cómic, Guido Crepax (1933-2003) creció en una familia milanesa acomodada y disfrutó de una educación exquisita durante los duros años posteriores a la segunda guerra mundial. Su padre, Gilberto Crepax, fue primer violonchelo de la Scala y cultivó tempranamente el aprecio de su hijo por la música, tan presente en los ritmos visuales de toda su obra.
Durante su juventud, Crepax estudió arquitectura, y aunque apenas llegó a ejercer la profesión, le quedó un dominio estructural y una fuerte inclinación al diseño, así como el gusto por la sofistificación y la tendencia continua a la exploración de los límites de la composición y el espacio de la página. Trabajó primero como ilustrador publicitario, ganando cierto renombre gracias a una campaña para la Shell, dibujó cubiertas de libros y de un buen número de discos de jazz. Desde 1958 colaboró con la revista científica Tempo Medico, para la que realizó portadas e ilustraciones interiores hasta mediados de la década de 1980. Que se dedicara a la historieta responde, quizá, al signo de los tiempos, marcados por el auge de la cultura de masas pues, como confesó en alguna ocasión, apenas conocía el medio antes de dedicarse profesionalmente a él y sus únicas lecturas habían sido algunos clásicos estadounidenses durante su infancia.
Crepax publicó su primer cómic en 1963 y dos años después decidió producir una serie de aventuras, Neutron, para la mítica cabecera italiana Linus. El protagonista, Philip Rembradt, una suerte de superhéroe a la europea que se gana la vida escribiendo crítica de arte, se vio superado en popularidad, casi de inmediato, por uno de los personajes secundarios, la sensual y joven reportera llamada Valentina Rosselli, quien pronto se adueñaría de la cabecera y acabaría convirtiéndose en uno de los iconos más importantes de la historia de los cómics.
Valentina, cuyo peinado característico inicial reproduce el de la actriz Louise Brooks en la película muda La caja de Pandora (1928), de G. W. Pabst, comenzó sus andaduras como veinteañera y envejeció progresivamente, historieta tras historieta, a lo largo de más de treinta años de peripecias, lo que permitió a Crepax reflejar los anhelos y decepciones de toda una generación a la vez que documentaba los cambios en la sociedad burguesa europea. Lectora empedernida, amante del buen gusto, tendente a la melancolía, a veces superficial, a veces idealista, troskista primero y después republicana en un país degollado por la mafia, Valentina, con su peculiar comportamiento sexual, algo masoquista y muy exhibicionista, fue considerada un símbolo de la liberación femenina y es la expresión más íntima y perdurable de la ideología, las afinidades culturales y las inquietudes del propio Crepax.
Una bella obra, elegante y vanguardista, inusual y transformadora, que merece figurar en la estantería de cualquier amante de la buena lectura.


Javier Fernandez

LA MEMORIA OFICIOSA






Título: TAL COMO ÉRAMOS
Autor: EL CUBRI
Editorial: EDICIONS DE PONENT
Páginas: 168
PVP: 21 €


Toda la obra de El Cubri, la firma colectiva ideada por el guionista Felipe Hernández Cava y los dibujantes Saturio Alonso –que acabaría abandonando el equipo creativo– y Pedro Arjona durante buena parte de la década de 1970 y principios de la de 1980, es un valioso manifiesto contra la Historia, ese proceso continuo de producción de la memoria oficial mediante el ocultamiento o la tergiversación interesada de los acontecimientos. Y es asimismo una reescritura de los estereotipos que forman parte vertebral de los géneros narrativos, especialmente de aquellos que llamamos populares como el western o la novela negra, pero también un meditado trabajo de disolución de las barreras que delimitan las posiciones alta y baja de la cultura. En definitiva, y en su conjunto, hablamos de una obra enérgica, hermosa y singular, que marca un antes –sin apenas después– en la historieta española.
A veces calificada de ingenua o de programática, cuando no ignorada o detestada por su obstinación política, es bien cierto que la poética de El Cubri aúna ética y estética a partes iguales, y no es menos cierto que la suya es una sensibilidad artificiosa y sofisticada, pero si lo primero revela una firme convicción en las posibilidades adultas del cómic, más allá del mero entretenimiento y como medio de comunicación de ideas, lo segundo da muestra de la radicalidad y el vanguardismo de quien se empeña en transitar por terrenos ignotos, quizá no vírgenes pero sí selváticos, ampliando los límites de la historieta mediante el estudio riguroso de su gramática. Al referirse a El que parte y reparte, aquel lejano álbum de El Cubri editado por Fundamentos en 1975, Ludolfo Paramio señaló su “persistente voluntad de realismo”, pero, en mi opinión, no se trata de un realismo objetivo, como tanto se ha insistido, sino subjetivo –cargado de la intención y la mirada, parcial y valiente, del sujeto–, que hace de la denuncia social, de la lucha colectiva, su primera bandera, de la subversión metalingüística su arma más reconocible, y de la plasticidad –esto es, y según el diccionario: concisión, exactitud y fuerza expresiva que da realce a las ideas o imágenes mentales– su vistoso uniforme de trabajo.
Tal como éramos, el magnífico volumen editado por Edicions De Ponent –que tras Luis Candelas, El hombre invisible, Sombras y Francografías continúa actualizando y ampliando la bibliografía de El Cubri– informa de la exposición celebrada hace unos meses en Sevilla en el marco del décimo Encuentro del Cómic y la Ilustración y repasa no sólo la biografía y las historietas del colectivo sino también sus murales, panfletos, carteles e ilustraciones, incluyendo diverso material inédito y el DVD de un reciente documental, Corazones de hielo, confeccionado por la firma –ya sin Alonso– para la Asociación de Víctimas del Terrorismo.
Javier Fernandez

¡VEO LA CARA DE ESE TÍO EN TODAS PARTES!

Título: CHE. UNA BIOGRAFÍA GRÁFICA
Autor: SPAIN RODRÍGUEZ
Editorial: SIGLO XXI
Páginas: 108
PVP: 14 €

Manuel “Spain” Rodríguez (Buffalo, 1940) es uno de los autores destacados de la generación que alumbró el mítico cómic underground estadounidense –o cómix, como gusta de llamarse– allá por la década de 1960. Su nombre figura en la historia de los tebeos junto a los de Vaughn Bodé, Robert Crumb, Kim Deitch, Bill Griffith, Trina Robbins, Gilbert Shelton, S. Clay Wilson o Basil Wolverton, aquel puñado de creadores sobresalientes que devolvieron al medio la libertad de expresión y la rebeldía artística cercenadas en la década anterior por el establecimiento del tristemente célebre Comics Code o código de censura. Aún hoy, cuando la situación de la industria historietística americana ha evolucionado hacia una especie de renacimiento indie, leer o releer un cómic de cualquiera de los nombres citados sigue siendo una experiencia gratificante, sus obras rezuman singularidad y son un modelo de autenticidad y descaro, y la fuente de la que beben varias generaciones de francotiradores nacidos en la autoedición y la libertad temática y formal.
Educado en el barrio italiano de la ciudad de Buffalo, Spain pasó la infancia escapando de la escuela, vagando por las calles y aprendiendo a sentir la arbitrariedad del autoritarismo capitalista. Formó parte de la banda de moteros Road Vultures (Buitres de la carretera) y tras diversos enfrentamientos con la policía se mudó a Nueva York donde colaboraría con el periódico underground East Village Other. Para EVO crearía su personaje Trashman, guerrillero urbano de ciencia ficción en un mundo post-nuclear, agente de la “Sixth Int’rn’l”, enfrentado a los enemigos del pueblo, esto es, a las fuerzas represivas de la sociedad en lo que se ha considerado una obra de propaganda radical de izquierdas. Spain fue también uno de los fundadores del sindicato United Cartoon Workers of America.
Fiel a sus comienzos, quizá menos furioso pero no por ello menos radical, Spain nos presenta ahora su reciente Che. Una biografía gráfica, un brillante homenaje al revolucionario por antonomasia del siglo XX y toda una lección narrativa. La historia comienza con un comentario casual entre amigos que pasean por una calle repleta con la imagen icónica del Che: “¡Veo la cara de ese tío en todas partes!” A continuación, Spain traza un recorrido esencial por las anécdotas vitales y las circunstancias políticas internacionales que llenaron la vida de Ernesto Guevara, lo que es tanto como dotar al icono del significado perdido por el abuso publicitario. Como sentencia el propio Spain: “El Che Guevara era impulsivo, testarudo y adelantado a su tiempo, pero se desvivió por acabar con el sufrimiento de los que producen para que unos cuantos disfruten de su una posición privilegiada. Su nombre, para disgusto de los que respaldan a esas sanguijuelas, es venerado en todo el mundo. Y ojalá siga siendo así”.


05 marzo 2009

A PROPÓSITO DE WATCHMEN

Título: WATCHING THE WATCHMEN
Autor: DAVE GIBBONS, CHIP KIDD Y MIKE ESSL Editorial: NORMA
Páginas: 280
PVP: 29,50 €

El inminente estreno de la multimillonaria adaptación cinematográfica de Watchmen, la miniserie de doce números escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons a mediados de la década de 1980, así como la rápida proliferación de todo tipo de objetos de merchandising derivados de la franquicia perteneciente a la editorial DC, es una muestra palpable de que el citado cómic ha trascendido los límites del medio y aspira a convertirse en un fenómeno de masas. Durante las dos décadas transcurridas desde su aparición, y ciñéndonos sólo a nuestro idioma, Watchmen ha conocido cuatro ediciones distintas –si bien una de ellas, la de Glénat, quedó interrumpida a la mitad–, y la que actualmente se comercializa, de Planeta DeAgostini, en un solo volumen de gran tamaño y con diversos apéndices documentales, ha superado ya las veinte mil copias vendidas.
Más aún, la creciente influencia de Watchmen en todo tipo de creadores, fuera y dentro del mundo de la historieta, el sinfín de estudios académicos y no académicos que despiezan su intrincada estructura, comentan su simbología, analizan su alcance o, sencillamente, recurren de un modo u otro a su peculiar imaginería son un síntoma claro de que la aclamada creación de Moore y Gibbons ha terminado por convertirse en un referente dentro de la cultura popular del cambio de siglo.
El presupuesto de partida de Watchmen es bien conocido: ¿qué pasaría si los superhéroes existiesen realmente? Una interrogante esta que había sido formulado en numerosas ocasiones y que ha seguido formulándose con posterioridad, pero que quizá alcanza aquí su forma más significativa. Como todo lector de la obra sabe, lo importante del asunto, la causa de la notoriedad del tebeo, no es tanto qué respondieron Moore y Gibbons a la pregunta sino cómo la respondieron. Porque, más allá del propio argumento, Watchmen sigue fascinando por su ingeniosa narratividad, sus diversos niveles de lectura y la correcta imbricación de todos ellos en un solo discurso, programático pero efectivo, inteligente, perturbador y ciertamente entretenido. Watching the Watchmen detalla, desde el punto de vista del dibujante, Dave Gibbons, el proceso de creación de la miniserie, los más de dos años de obsesivo trabajo junto al venerado Alan Moore y al colorista John Higgins, y da cuenta de la ejemplar libertad artística con que estos tres británicos pudieron acometer el encargo de la neoyorkina DC, así como del espectacular impacto causado en el seno de la industria del cómic. El libro se beneficia de los documentos y del amplio material gráfico perteneciente al archivo personal de Gibbons e incluye dibujos y fotografías promocionales, curiosidades y anécdotas de todo tipo. Un volumen festivo e iluminador que celebra la existencia de esa singular e influyente obra maestra del tebeo de superhéroes que es Watchmen.

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14 febrero 2009

EL TEBEO DE LOS TIPOS RAROS

Título: BIZARRO CÓMICS
Autor: VV. AA.
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 442
PVP: 30 €

Conscientes de una progresiva pérdida de notoriedad y acosados por el éxito comercial de Marvel allá por los años 80, los responsables de la franquicia superhéroica conocida como DC, la más longeva del panorama estadounidense –su patrimonio se remonta a los años de la Gran Depresión e incluye iconos culturales del calibre de Superman, Batman y Wonder Woman–, se decidieron por dotar a su catálogo de una considerable dosis de experimentación y riesgo artístico, apostando por líneas de las consideradas de calidad o, dicho de otro modo, por un cierto toque autorial: el Dark Knight (1986) de Frank Miller y el Watchmen (1986) de Alan Moore y Dave Gibbons son los dos buques insignia de aquellos años, dos obras a las que inevitablemente hay que recurrir para explicar la transformación del género de los superhéroes en un producto juvenil y acaso adulto antes que infantil o adolescente.
Desde entonces hasta ahora, pocas cosas verdaderamente relevantes han sucedido en el inmovilista espacio de los tipos vestidos con mallas y antifaz aunque, para ser justos, conviene reconocer que el paso permanente u ocasional de escritores y dibujantes de cierta altura por las cabeceras de DC ha dejado un buen puñado de tebeos de los que se dejan leer con gusto e incluso, diría yo, algún que otro trabajo realmente memorable, cosa bastante más rara de ver en la Marvel del cambio de siglo.
En este sentido, una de las series más celebradas del fondo editorial reciente de DC es la multipremiada Batman Black and White (1996), recopilación de historietas cortas autoconclusivas e ilustraciones varias realizadas por nombres propios de la industria que incluyen representantes de varias generaciones de artistas estadounidenses y firmas invitadas de no pocas nacionalidades dispuestas a aportar su personal visión del murciélago humano. Partiendo de una filosofía en cierto modo similar, los dos tebeos americanos que se recopilan en Bizarro Cómics, el grueso tomo ahora editado por Planeta, son una sucesión de pequeñas historias e interpretaciones de los personajes de DC a cargo de algunos de los artistas indie del momento. Interpretaciones que aún siendo más formales que temáticas resultan en ocasiones de una belleza, honestidad y emoción superior a la del modelo original, pero no siempre, y el conjunto cae a menudo en la parodia fácil.
De cualquier modo, tan solo por el muestrario de autores –Jessica Abel, Kyle Baker, Dave Cooper, Evan Dorkin, Matt Groening, los hermanos Hernández, Dylan Horrocks, Jason Little, Tony Millionaire, Harvey Pekar Craig Thompson, Andi Watson y así hasta un centenar– merece la pena acercase a este “caprichoso, excéntrico y poco convencional” tebeo. Una muestra más del potencial de DC y de su interés empresarial por reinventarse para alcanzar y contentar a los públicos más diversos.


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UNA ESCRITURA INGENIOSA Y SOFISTICADA

Título: AFORTUNADA
Autor: GABRIELLE BELL
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 114
PVP: 18 €

Vaya por delante que adoro a Gabrielle Bell. Me gusta la delgadez de su línea, la severidad de su puesta en escena, la ingenuidad de su humor, la trabajada espontaneidad de su mirada y ese tono que combina con elegancia lo simple y lo artificioso. Gary Groth utilizó el adjetivo teatral para definir su forma de entender la historieta y no le faltaba razón, los cómics de la Bell son escenas de un teatro de cámara que encuentran su sentido en la repetición y variación de motivos, en el análisis límpido y suave de los personajes, las relaciones entre ellos y los choques psicológicos con su entorno.
Afortunada, recopilación en un solo volumen de los tres cómics que conforman esta serie de corte autobiográfico, expone a las claras los recursos narrativos de la autora y sirve de muestra, además, de su rápida evolución formal. Una evolución caracterizada por el engrosamiento de los volúmenes dentro de la viñeta, la aparición de manchas negras para remarcar el contraste entre las figuras y un progresivo aumento de la expresividad facial y corporal, en sintonía con la citada intención escénica.
Argumentalmente, Bell comienza Afortunada anotando de manera sistemática los hechos significativos del día a día y termina decantándose por la búsqueda del momento más revelador, la elección meditada de la anécdota para dejarla crecer a lo largo de las páginas, en una técnica final más similar a la ficción que a la pura confesión. En sus propias palabras: “Bueno, en Afortunada hay tres partes, la primera tiene mucho de diario, donde intento sacar un día y convertirlo en historieta. La segunda toma diversos días e intenta desarrollar el diario en una historieta más resuelta. Cojo un día o algo así y lo convierto en una historieta de siete páginas. Pero me parecía demasiado un solo día. La tercera era mucho más… De hecho, la pensé y planeé desde el principio hasta el final”.
El tomito se completa con varias historias cortas de diverso vuelo y relieve, entre las que destaca la hermosa e inquietante “Mamá”, que anuncia en sólo dos páginas el enorme potencial de Bell y que se sitúa más en la línea de las historietas incluidas en los dos volúmenes de la revista MOME traducidos por La Cúpula a nuestro idioma. Precisamente en el segundo de ellos, Invierno 2007, se incluye una jugosa entrevista realizada por Groth y rematada con bocetos, extractos y dibujos a color y en blanco y negro.
Como dice Craig Thompson, el celebrado autor de la novela gráfica Blankets, Gabrielle Bell posee una escritura ingeniosa y sofisticada. No es casualidad que, a pesar de su juventud –nació en Inglaterra en 1976 aunque se crió en California–, su nombre figure ya en el catálogo de las editoriales más preclaras del mundillo alternativo norteamericano como Alternative Comics, Drawn & Quarterly o Fantagraphics.



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03 febrero 2009

QUÉ ESTÁ OCURRIENDO Y POR QUÉ

Título: DEL TEBEO AL MANGA: UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS. Nº 5. CÓMIC-BOOK: DE LA SILVER AGE A LA MODERN AGE
Autor: VV. AA.
Editorial: PANINI
Páginas: 208
PVP: 19,95 €

Tal como yo lo entiendo, la moderna escena independiente del tebeo norteamericano, surgida a finales de la década de 1970, está caracterizada fundamentalmente por tres elementos. En primer lugar, un sistema de producción en el que el esclavismo de las grandes compañías hegemónicas ha dado paso al protagonismo de los propios creadores, metidos a labores de autoedición o cuyas obras son contratadas por editoriales respetuosas con la propiedad intelectual de los autores. En segundo lugar, un canal de venta directa compuesto por la red de librerías especializadas en cómic conjuntamente con otros puntos afines como tiendas de música o librerías tradicionales que ven en la historieta un mercado complementario para sus negocios. Y, finalmente, el público lector que aglutina a los casuales, los interesados directamente en el medio y los surgidos del desencanto con respecto al idiotizante producto mayoritario.
Durante sus tres décadas de existencia, y a partir de unos titubeantes inicios, el panorama alternativo se ha consolidado con firmeza como respuesta al progresivo deterioro artístico de la historieta norteamericana posterior a la segunda guerra mundial, recogiendo el testigo de experiencias tan grafificantes como los truculentos tebeos de crímenes y terror de la década de 1950, cercenados a la postre por la censura, o la explosión underground de los 60. Sin la convicción artística de los autores, sin las vías adecuadas de venta y sin la lógica respuesta por parte del público se hace difícil imaginar el camino recorrido hasta hoy, jalonado de obras capitales en el conjunto de la historieta mundial como Love and Rockets de los hermanos Hernández, Eightball de Daniel Clowes o Acme Novalty Library de Chris Ware.
Estos tres ejemplos son sólo la punta del enorme iceberg que ha conseguido atraer la atención de propios y ajenos, y la actual consideración y prestigio literario del medio se debe, en buena medida, a la apertura temática y formal propuesta desde el tebeo alternativo. Aún más, la nueva escena ahonda en el derribo de los tópicos socioculturales y sexistas que acompañan habitualmente al noveno arte y, en este sentido, la irrupción –sostenida, no episódica– de la mujer tanto en la esfera creativa como en la lectora ha demostrado ser uno de los revulsivos más extraordinarios de la historieta norteamericana de las últimas décadas.
La segunda mitad de este quinto volumen de la historia de los cómics proyectada por Antoni Guiral para Panini documenta resumidamente, con rigor y claridad, las diversas fracturas en la industria estadounidense de los cómics que propiciaron la revolución indie, y es un apetitoso prolegómeno del sexto tomo, que se anuncia como repaso al camino recorrido desde el cómic contracultural hasta el alternativo.
Una lectura obligada para todo aquel que quiera saber qué es lo que está ocurriendo y por qué.


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26 enero 2009

LA BRILLANTE IRRADIACIÓN

Título: Las tres paradojas
Autor: Paul Hornschemeier
Editorial: Astiberri
Páginas: 84
PVP: 16 €

Sin duda, Paul Hornschemeier es uno de los autores más sugestivos del panorama actual de la historieta estadounidense. Es minucioso en el diseño de sus obras, bellas y elegantes, y demuestra un continuo deseo de experimentación formal y estética que se acompaña siempre de una destacable penetración temática. Los dos volúmenes de su trabajo disponibles en nuestro idioma, Madre, vuelve a casa y Las tres paradojas –servidos ambos con el respeto al lector y la pulcritud habituales de la editorial Astiberri– son una buena muestra de la coherencia artística del autor de Forlorn Funnies y le han granjeado comentarios laudatorios dentro y fuera de la industria. El mismísimo Will Eisner lo saludó en la solapa de Madre, vuelve a casa: “¡Brillante! Excelente literatura gráfica. Este libro deja el gueto del cómic muy atrás”; y, por su parte, el escritor Jonathan Lethem le dedicó las siguientes líneas recogidas en la contraportada de Las tres paradojas: “Paul Hornschemeier no resuelve la tensión entre el tono irónico y el tono íntimo de sus trabajos, sino que lo explota maravillosamente. El resultado irradia brillantez”.
Nacido en Cincinnati en 1977 y educado en el ambiente rural de Georgetown, Hornschemeier se sintió atraído por el lenguaje de la historieta desde la lectura, siendo niño, de la reedición de un número de la seminal e inigualada etapa de Steve Ditko en Spiderman, y también tuvo a su disposición algunas maravillas como los libros de Edward Gorey y recopilaciones de viñetas del New Yorker, amén de los habituales tebeos de superhéroes que llegaban a su pueblo. Como revela Gary Groth en la entrevista realizada a Hornschemeier en el número de verano de 2005 de la sensacional revista Mome: “A los 18, asistió a la Ohio State University (donde finalmente se convirtió en el único historietista de su generación que obtuvo una titulación en filosofía) y tuvo una revelación: Ghost World de Dan Clowes”. El descubrimiento del panorama indie impulsó al joven artista a editar su primera serie de tebeos, de corte vanguardista, titulada Sequential y, posteriormente y bajo el prestigioso sello Fantagraphics, otra de nombre Forlorn Funnies en la que vio la luz por entregas Madre, vuelve a casa.
Su trabajo ha sido nominado a premios tan importantes como los Harvey, Eisner e Ignatz, su nombre aparece frecuentemente en las antologías de nuevo cómic –acreditado en cualquiera de sus facetas de autor, diseñador o colorista– y se le ha incluido en experiencias tan personales como Bizarro o Autobiographix. Precisamente en esta última recopilación publicó una especie de esbozo en blanco y negro de uno de los argumentos cruzados de Las tres paradojas, una anécdota íntima y poética que, al igual que sucede con toda la producción de Hornschemeier, ofrece nuevos e inesperados matices con cada lectura.

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19 enero 2009

TÚ LLEGARÁS MUY LEJOS

Título: Una temporada en el infierno
Autor: Beto Hernández
Editorial: La Cúpula
Páginas: 132
PVP: 18 €

Una temporada en el infierno, la novela gráfica de Beto Hernández (California, 1957) recientemente publicada en nuestro país, es un claro ejemplo de la mejor tradición narrativa estadounidense de fábulas y alegorías morales, que tantas obras significativas ha aportado a la historia del medio y que junto con la sátira política o social y la ficción propagandística conforman el grueso de la producción tebeística de aquel país.
Del fundacional Yellow Kid de Outcault al Agujero negro de Burns, pasando por los míticos cómics de la E. C. o los mismísimos tebeos de superhéroes, la historieta norteamericana ha sido frecuentemente un vehículo de representación de los valores sociales y económicos de la autoproclamada tierra de la libertad. En el peor de los casos, el mensaje subyacente es el mero dictado de lo políticamente oportuno, una forma de adoctrinamiento, de imposición estética de las ideologías consideradas positivas en cada momento. Así, las arengas patrióticas de, por ejemplo, Milton Caniff en su celebrada y genial Terry y los piratas durante los años de la segunda guerra mundial encuentran ahora su continuación en las lágrimas de todo un genocida como el supervillano Doctor Muerte en las páginas de Amazing Spider-Man al contemplar la caída de las torres gemelas de Nueva York durante el 11-S o, siguiendo con el hombre araña, en la aparición victoriosa y amable de Obama en la cubierta de uno de los números recientes del trepamuros.
En el otro extremo, la voluntad política se concreta no en la realización de resúmenes oficiales o gubernamentales sino en el genuino cuestionamiento de los límites éticos, en un trabajo de subversión de los símbolos aceptados irreflexiva o bienintencionadamente y la ruptura de los estereotipos que cimentan el estatus quo. Bajo esta óptica, los trabajos contraculturales de autores como Crumb o Spain continúan la necesaria y controvertida labor de ensanchamiento y refutación de los géneros realizada por los Kurtzman, Krigstein o Craig en la década de 1950, y es precisamente en este linaje en el que se inscribe la desasosegante novela gráfica de Beto Hernández, sin duda su pieza más notable desde la colosal Río Veneno.
El lector de Una oportunidad en el infierno es introducido directamente en el doble ámbito de la novela moral y de la serie B. Ese dibujo naif de la niña que nos mira inexpresivamente desde la portada del libro mientras sostiene su maleta y su bolsa de viaje, apostada de noche bajo una farola junto a un par de prostitutas, declara una filiación directa con las novelitas populares y es la antesala de los diversos e intercambiables infiernos por los que habrá de transitar la protagonista en su escalada social desde el basurero en que transcurre su infancia hasta alcanzar la, en apariencia, idílica vida matrimonial.

Javier Fernández




14 enero 2009

LA REALIDAD HECHA FICCIÓN

Título: AUTOBIOGRAPHIX
Autor: VV. AA.
Editorial: Glénat
Páginas: 104
PVP: 15 €

En 2003, y como síntoma del importante auge comercial del cómic autobiográfico, Dark Horse publicó AutobioGraphix, un delicioso volumen de historietas cortas de temática confesional que recopilaba trabajos de firmas consagradas como Will Eisner, Frank Miller o Sergio Aragonés junto con páginas de luminarias de la escena independiente de los ochenta –léase Matt Wagner o Paul Chadwick– y otras de autores emergentes, más o menos recién llegados. El librito fue editado en España en 2006 por Glénat y, en general, continúa siendo una lectura fresca y recomendable para todos los interesados en el asunto, un acercamiento muy personal –más allá de las limitaciones del espacio asignado a cada creador– a esta cada vez más significativa corriente del tebeo estadounidense establecida como enérgica alternativa al género superheroico y una muestra de la labor de editores competentes como Diana Schutz, responsable de la compilación.
En total son dieciséis piezas realizadas por diecinueve historietistas fieles a sus respectivos estilos gráficos y argumentales. Junto a la parodia supuestamente ácida e intrascendente de Miller –que despacha su ego contándonos detalles reales e imaginarios de su participación en el rodaje cinematográfico del Daredevil de Ben Affleck y Jennifer Garner– o la ingeniosa solución adoptada por Wagner –narrar la receta culinaria del pollo a la parmesana–, el lector puede disfrutar con anécdotas más persuasivas como el encuentro entre Sergio Aragonés y Richard Nixon, los recuerdos de una prolongada estancia en los apartamentos Golden Palm –y lo peligroso de la convivencia humana– en “El edificio que no estalló” de Paul Chadwick, las inquietantes vacilaciones técnicas de William Stout durante su etapa de retratista en Disneylandia en el verano de 1969, la divertida rabieta existencial del punzante Eddie Campbell o la soberbia recreación de la primera experiencia profesional del maestro Eisner.
El tono íntimo lo aportan historietas como “Normas de vida”, de Jason Lutes, una hermosa reflexión sobre la búsqueda de sintonía con el entorno en la que el
autor de Juego de manos y Berlín da rienda suelta a su particular forma de entender el arte secuencial, seis páginas de conversación entre Lutes y el lector que se sirven tanto de la frialdad analítica como de diversos recursos metafóricos y emocionales. O también “De esto estamos seguros”, notable muestra del territorio de indefinición epistemológica y experimentación formal desarrollado por el extraordinario Paul Hornschemeier en cada una de sus obras. El delicado puzzle de Hornschemeier, uno de los artistas más personales y memorables de la enésima hornada del llamado nuevo cómic estadounidense, responsable además del diseño del volumen que nos ocupa, cierra AutobioGraphix de forma significativa: sus ocho páginas son el boceto previo de su novela gráfica Las tres paradojas, por lo que, en cierto sentido, constituyen tanto el final del libro como el principio de algo que va más allá de este.

Javier Fernandez

04 enero 2009

LOS SPIRIT DE FRANK MILLER



Título: THE SPIRIT: EL LIBRO DE LA PELÍCULA
Autor: Mark Cotta Vaz y Frank Miller
Editorial: Norma Editorial
Páginas: 256
PVP: 29,50 €




Aparte de la castaña esta que se ha estrenado en el cine, conviene recordar que Frank Miller ha versioneado con brillantes resultados The Spirit de Will Eisner al menos en otras dos ocasiones.
El primer Spirit de Miller fue Daredevil, el personaje clásico de la factoría Marvel que el bueno de Frank comenzó a reinventar en aquel mítico número 158 de mayo de 1979, todavía con guión de Roger McKenzie, y, más concretamente, a partir del número 168 de enero de 1981, cuando la joven promesa se hizo cargo también de la escritura de la serie. En sus propias palabras: “Nunca planeé dibujar superhéroes. Mi género favorito siempre había sido la ficción criminal. [...] Con Daredevil encontré el vehículo perfecto. La seña más características del héroe se presentaba como una discapacidad: es ciego. Estaba en posición de poder hacer mis cómics criminales. Seguí el ejemplo de The Spirit, de Will Eisner. Él dio a su héroe una máscara para contentar a sus editores. En mi caso, tenía a un tipo ciego en mallas rojas”.
En manos de Miller, el héroe ciego se transformó en un justiciero urbano de novela negra, merodeador de los bajos fondos, enfrentado al hampa, con más vidas que un gato y siempre dispuesto a repartir hostias en cualquier tugurio atestado de maleantes. Paulatinamente, los personajes secundarios –héroes y villanos, aunque a veces no resulta fácil decidir quién es quién– se adueñaron de la serie y los argumentos se fueron llenando de conflictos emocionales y dramas psicológicos de tono amargo, muy en la línea de Eisner pero genuinamente Miller. Si el primero disponía de un sentido del humor envidiable, y su Spirit roza continuamente lo paródico, el segundo se decantó más abiertamente por una estilización de la violencia nunca antes vista en un tebeo de superhéroes y un cierto grado de realismo en el tratamiento del protagonista, que lo mismo quedaba lisiado y escayolado a resultas de una de sus batallas como daba muestras de un comportamiento preocupantemente psicopático. Y esto me lleva a Elektra, el personaje creado por Miller en el citado número 168, un olvidado amor de juventud del protagonista convertida ahora en sangrienta mercenaria que explota las debilidades afectivas y mentales del héroe. Elektra guarda obvias similitudes con la Sand Saref de Eisner pero, de algún modo, compendia todas las perdidas y asesinas que pueblan las páginas de The Spirit.
La acumulación de personajes perturbados y marginales, la inexcusable importancia de la ciudad en la narración, la continua experimentación gráfica y el uso incesante del claroscuro son también elementos heredados de Eisner. Miller los hizo suyos en Daredevil y los convirtió más tarde en la espina dorsal de Sin City, su obra de madurez comenzada en 1991, de carácter coral y sin protagonista definido, su otro The Spirit.
Ambas obras son mucho más fieles al espíritu del maestro que el pastiche torpe y aburrido del celuloide y a ellas remito a quien esté interesado en disfrutar con una versión radical, posmoderna y contemporánea de la obra magna de Will Eisner.

Javier Fernandez

27 diciembre 2008

EL PADRE DEL CÓMIC

Título: LA VIDA EN VIÑETAS
Autor: Will Eisner
Editorial: Norma Editorial
Páginas: 478
PVP: 30 €

No es extraño que los artistas se muestren esquivos a la hora de detallar cuestiones relativas a su proceso creativo o su método de trabajo. Y es menos extraño aún que, tras leer y analizar los textos teóricos o poéticas de determinados creadores, uno acabe pensando que más les hubiera valido estarse calladitos, pues no es raro que confundan influencias con gustos, deseos con propósitos, justificaciones con razonamientos o –por no alargarme en exceso– churras con merinas.
Pues bien, William Erwin Eisner (1917-2005) es un ejemplo paradigmático de todo lo contrario. El denominado “padre del cómic”, creador allá por 1940 de una obra maestra del género negro llamada The Spirit e iniciador, tres décadas más tarde y según opinión de casi todos los estudiosos, de eso que se ha dado en llamar novela gráfica –un formato que está reinventado la historieta contemporánea como en su día la reinventó el comic-book–, dedicó siete décadas al oficio de escribir y dibujar tebeos y no pocos esfuerzos a propagar las claves de su trabajo, siempre con una claridad y una inteligencia inusuales.
A lo largo de su carrera, Eisner impartió charlas y talleres, escribió varios libros sobre teoría y práctica del “arte secuencial” –término acuñado por él y que usaba en sustitución de “cómic”–, publicó largas conversaciones sobre las entrañas de la profesión y la industria –llenas de anécdotas e intimidades creativas– con algunas de las más grandes luminarias del medio como Milton Caniff, Jack Kirby o Harvey Kurtzman y, en definitiva, animó la escena de los tebeos no sólo con su obra sino con su activismo y generosidad. (Para perfilar un poco más el contorno de la enorme figura de Will Eisner, se debería añadir que fue pionero en lo relativo a los derechos de autor de su obra –mantuvo el control legal de sus creaciones cuando esto era una práctica absolutamente inusual–, exploró los límites del montaje y del diseño de página y, cuando contaba sesenta años, se atrevió a reinventar su propio lenguaje y construir una madura, rica y poderosa obra confesional. En palabras del escritor John Updike: “Eisner no solo iba por delante de su tiempo, sino que el tiempo aún está intentando alcanzarle.)
Leer a Eisner –en cualquiera de sus facetas– es una tarea de lo más gratificante. El poder de atracción de su obra es total, y una vez se comienza resulta imposible parar. Por fortuna, la obra del judío neoyorkino que desarrolló gran parte de la técnicas del cómic moderno lleva años siendo editada en nuestro idioma con el respeto y la exhaustividad que se merece. La vida en viñetas, este grueso volumen editado originalmente por Norton y que ahora nos trae Norma Editorial en español, recopila algunas de las novelas gráficas crepusculares del maestro, las más autobiográficas. Disecciones de avatares familiares y crisis sociales –el crack del 29, la segunda guerra mundial– pero también radiografías, una vez más, del corazón de la industria del entretenimiento.


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23 diciembre 2008

EL TESORO DE CARL BARKS

Título: BIBLIOTECA CARL BARKS. VOLUMEN UNO
Autor: Carl Barks
Editorial: Planeta DeAgostini
Páginas: 272
PVP: 25 €

Verán, les podría contar muchas cosas sobre Carl Barks. Datos, fechas, obras. Pero sucede que tengo delante de mí el primer volumen de la recién estrenada Biblioteca que lleva su nombre, cuidadosamente editada por Planeta DeAgostini, con su gran formato, su papel de alto gramaje, sus tapas de cartoné y su lomo de tela redondeado, y reconozco sin pudor que aún me ciega el entusiasmo.
En sinceridad, sigo obnubilado por sus encantos. Rememoro una y otra vez las peripecias de nuestro primer encuentro: aquella soleada mañana de otoño, el tenso paseo hasta la librería, ¿habrá salido ya lo de Barks?, mirando de soslayo la estantería de novedades, sin querer hacerme demasiadas ilusiones. Como un adolescente en celo, supe que estaba ahí incluso antes de verlo. Lo agarré a toda prisa, no pregunté el precio, no le quité el retractilado para hojearlo, pagué y salí por piernas del lugar, sin pararme ni un instante hasta alcanzar la seguridad de mi casa. Una vez allí, lo coloqué sobre la mesa y lo observé detenidamente, a distancia, dejándome embargar por la emoción, sin quitarle aún el plástico, mirando en primer lugar la ilustración de portada: Donald y sus sobrinos sobre un fondo blanco, una viñeta primeriza de Barks, el pato caminando con porte orgulloso, los patitos extrañamente uniformados, sin sus gorras características –sustituidas por sombreritos de marinero caladas de lado–. Luego la contraportada: “un ambicioso proyecto que recogerá por orden cronológico todas las historias realizadas por el Rey de los patos disneyanos a lo largo de su carrera, complementadas con textos sobre su vida y su obra”. En otras palabras: quinientas historietas, seis mil doscientas quince páginas –el primer volumen, piezas firmadas en 1942 y 1943 más prolegómenos, ocupa algo menos de trescientas, vean la envergadura del asunto–. Y finalmente, cuando hube completado el rito, abrí el tebeo, comencé a leer por la primera página y no me despegué de la silla hasta llegar a la última, saboreando cada instante de estas primeras tentativas, rudimentarias pero firmes, que quizá no deslumbren a primera vista pero anuncian a las claras la exponencial progresión de su autor. Y es que, como escribe Alfons Moliné en su introducción, esta monumental edición que ahora se inicia es “un verdadero tesoro repleto de acción, suspense, humor, sátira y todos los ingredientes que, felizmente combinados, han encumbrado a Barks como uno de los grandes narradores gráficos del siglo XX, contribuyendo con todos ellos a elevar la historieta a la categoría de arte y medio de expresión al mismo nivel que la literatura o el cine”.
Como dije al principio, les podría contar muchas cosas sobre Carl Barks. Nos conocemos desde hace mucho. Pero sucede que tengo delante de mí el primer volumen de la recién estrenada Biblioteca Carl Barks y temo que –Dios no lo quiera– no se venda lo suficiente. Por eso les pido, les suplico, que lo compren. Porque ansío desesperadamente leerlos todos.
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15 diciembre 2008

BIENVENIDOS AL MAÑANA

Título: NUEVOS X-MEN
Autor: Grant Morrison y Marc Silvestri
Editorial: Panini
Páginas: 104
PVP: 12,95 €

La mayor parte de lo que hoy día conocemos por Marvel no es sino la enésima versión, revisión o actualización de los personajes y situaciones creados a partir de 1961 –y durante aproximadamente diez años– por un reducido grupo de artistas en estado de gracia que se conjuró para reinventar, no sin cierto espíritu paródico y desinhibido, el género de los superhéroes. Ya saben que les hablo de la tríada legendaria, Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, pero también de los Colan, Kane, Romita o Buscema. Una auténtica cuadrilla de veteranos fogueados en infinidad de comic-books de serie B que coincidieron felizmente en la editorial neoyorkina, donde fabricaron un legado irrepetible; no en vano, a su paso, Marvel acabó bautizada como “la casa de las ideas”. Un vasto universo de fantasía que, a pesar de las mediocres aportaciones posteriores –dejando a un lado fanatismos y sin olvidar las debidas excepciones– camina como una máquina engrasada en dólares hacia el inicio de su sexta década
Viene esto a cuento de la aparición del último de los siete volúmenes que recopilan la etapa de New X-Men escrita entre 2001 y 2004 por el fenomenal guionista Grant Morrison (Escocia, 1965). Un manojo de buenas historias, electrizantes y frescas, de esas que le devuelven a uno el apetito, poseedoras además de un sobresaliente diseño de conjunto. Y viene a cuento, digo, porque este último tomo se completa con la declaración de intenciones conocida como El manifiesto de Morrison, un documento escrito en octubre de 2000 por el autor de Los Invisibles como esquema previo a su trabajo en la serie y que apareció publicado en el número 114, el primero de los cuarenta y dos que guionizó. El manifiesto es precisamente un muestrario de las opiniones de Morrison sobre los motivos del coma creativo profundo de la Marvel de principios del siglo XXI, así como un desesperado puñado de soluciones ideadas para aplicar urgentemente, cual terapia de choque, a las desventuras de Cíclope, Fénix, Lobezno y compañía.
Dice Morrison: “Hagamos cómics de los que nos sintamos orgullosos en cualquier nivel. Series que los críos busquen por su energía, por su estructura cinética, que los universitarios compren por su irónica rebeldía y los adultos adoren por la distracción, justo como con las películas y series de televisión, ¡¡¡justo como lo hacía Stan Lee!!!”. Para que quede claro, lo que Morrison reclama en su manifiesto no es una vuelta de tuerca acerca del origen o la identidad de tal o cual personaje, ni el uso de extravagantes golpes de efecto comerciales o narrativos sino algo tan simple como revolucionario: reactivar el impulso artístico que lo inició todo, aplicarse a fondo para que los tebeos Marvel de hoy sean tan sugerentes y cautivadores como lo fueron en su día.
Ese es el reto propuesto por Morrison, y estos son sus nuevos X-Men. Juzguen ustedes.

Javier Fernandez

10 diciembre 2008

EL ETERNO SONIDO DEL ALIVIO

Título: DICCIONARIO DE ONOMATOPEYAS DEL CÓMIC
Autor: Luis Gasca y Román Gubern
Editorial: Cátedra
Páginas: 432
PVP: 35 €


Puestos a hablar de onomatopeyas, me viene a la cabeza una escena de El judío de Nueva York (Astiberri, 2008), la singular y densa epopeya judía –más concretamente de los judíos americanos asentados en el Nueva York de principios del siglo XIX– escrita y dibujada por Ben Katchor.
En la página 38 de la edición española, conocemos a Yosl Feinbroyt, “discípulo tardío del famoso cabalista y vagabundo Abraham Abulafia”, quien, libreta en mano, acostumbra a pasar la tarde en la terraza de la cervecería Jardines Caldeos escuchando y trascribiendo al inglés “los sonidos del beber y el yantar” y otras “combinaciones de letras que existen al margen del lenguaje humano”. Yosl toma asiento frente a un par de caballeros que charlan mientras dan buena cuenta de unas ostras en su concha. Permanece atento, hace oídos sordos a la conversación pero anota en su cuaderno los sonidos que se producen al sorber y tragar ostras: “SLURP”, “CHUP”, palabras nuevas y fabulosas que espera lo conduzcan a imaginar el nombre secreto de Dios.
Para cuando los caballeros deciden marcharse, Yosl ha perdido (gozosamente) el conocimiento y se halla sumergido en un trance estático: “Yosl Feinbroyt abandona los Jardines Caldeos. Calzado con zapatillas de terciopelo, asciende una escalinata luminosa blasonada con palabras extrañamente familiares que no pertenecen a ningún lenguaje terrenal. Al otro extremo de una antecámara palaciega, cuelga una delicada cortina bordada con una palabra inteligible… una cruda representación onomatopéyica del eterno sonido del alivio”. La palabra que precede a lo divino –y que Katchor dibuja en hebreo y en inglés– es “GREPTS”, o sea, la reproducción fonética de un eructo.
Casi tan insensato como buscar el nombre de Dios en los ruidos que hacemos al comer se antoja, de antemano, un catálogo de las onomatopeyas del cómic pues como nos recuerda Scott McCloud en Hacer cómics (Astiberri, 2007): “las onomatopeyas son invenciones singulares que puedes improvisar como loco”. Vean si no el palabro usado por Katchor en sustitución de BURP, representación más usual del eructo, derivada del verbo de lengua inglesa. Pues bien, lo que estos dos históricos de la teoría de la historieta, Gasca y Gubern, ofrecen en el imponente y bello volumen editado por Cátedra –en la estela de aquel otro imprescindible, El discurso del cómic, de los mismos autores y editorial– es no sólo el inventario de onomatopeyas de la narración gráfica más completo de cuantos existen sino también un sucinto pero necesario marco teórico para apreciar el valor lingüístico de uno de los recursos más característicos de los tebeos.
Iba a añadir que es una pena que no abunden estudios como este relativos al medio historietístico en nuestro país, pero luego he caído en la cuenta de que les hablo precisamente de una novedad editorial. Y toca celebrarlo, así que nada de quejas.
Diré mejor, como después de una comida copiosa, simplemente: ¡GREPTS!



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01 diciembre 2008

A LA ALTURA DE GIGANTES

Título: LA EDUCACIÓN DE HOPEY GLASS

Autor: Jaime Hernández

Editorial: La Cúpula

Páginas: 130

PVP: 18 €

Seré sincero: escribir sobre Jaime Hernández en –aproximadamente– dos mil ochocientos caracteres es una tarea absurda. Son tantos los recuerdos, las ideas, las emociones, los calificativos que le vienen a uno de golpe a la cabeza que corre el riesgo de quedar bloqueado antes de posar los dedos sobre las teclas. (Dicho lo cual, tomo aire y comienzo.)


Al menos quiero dejar esto claro, no conozco ningún cómic mejor que los de Jaime. Y créanme si les digo que he leído decenas de miles. Conozco algunos igual de buenos como el Dick Tracy de Gould, el Popeye de Segar, el Krazy Kat de Herriman, el Little Nemo de McCay, el Príncipe Valiente de Foster, el Spirit de Eisner o, qué sé yo, el Terry y los piratas de Caniff, por citar sólo los más célebres. La comparación coloca al autor de La educación de Hopey Glass a la altura de gigantes. De los clásicos. Y verán, puede que alguno de ustedes piense que estoy exagerando, que me pierde la pasión. No negaré que me chiflan las aventuras de Maggie Chascarrillo, Hopey Glass y compañía, pero no es de eso de lo que les estoy hablando.


Hernández comparte con algunos de los indiscutibles maestros antes citados la capacidad de alcanzar el corazón del lector y conducirlo por una montaña rusa de emociones, a menudo sutiles, siempre sorprendentes, con la suficiencia de quien conoce a la perfección los sentimientos del común de los mortales. Pero si esto lo consigue, más allá de la extrema belleza de su línea, es porque domina las herramientas de su oficio, hasta tal punto que, como bastantes de los anteriormente dichos, ha introducido en el medio nuevos recursos formales, apoyándose y reinventando los esquemas tradicionales de la narración historietística. Anclada en una composición de página austera, firme, que gira alrededor de las académicas nueve viñetas, Locas –que es como se llama el culebrón punk-chicano nacido a principios de los 80 en la mítica Love & Rockets y al que pertenece esta su más reciente (y soberbia) entrega– es un hervidero de hallazgos estilísticos relacionados con la estructura narrativa: la elipsis, el flash-back, el desorden aparente, la fragmentación del relato en microcuentos, el continuo cambio de punto de vista, el uso de personajes y situaciones como contrapunto de una tensión constante que aviva el deseo del lector por avanzar en la historia…


El trabajo de Jaime Hernández (Oxnard, California, 1959) posee una coherencia extraordinaria y hay en él un sentido de la progresión que aconseja considerar la obra en su conjunto, mejor desde su inicio. Hay quien recomienda comenzar la lectura de Locas por cualquier sitio pero, como pueden comprobar, yo no soy uno de ellos. Lo edita La Cúpula. Los tomos son baratos. Cómprenlos todos.




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25 noviembre 2008

BREVE HISTORIA DE AMÉRICA


Título: R. CRUMB. RECUERDOS Y OPINIONES
Autor: R. Crumb y Peter Poplaski
Editorial: Global Rhythm
Páginas: 440 + CD
PVP: 35 €

Continentes aparte, con la América del título –otro nombre para Estados Unidos– me refiero al lugar donde se desarrolló la explotación extensiva de la cultura popular asociada a los medios de comunicación de masas durante el siglo XX. Aún hoy, nuestra civilización global se edifica según los patrones y las modas estadounidenses adquiridas por la vía del espectáculo –cinematográfico, televisivo, musical–, hasta tal punto que las culturas milenarias se defienden de la colonización cultural por oposición a las formas americanas dominantes o bien tratan de emular las estrategias comerciales del imperio en busca de una ansiada rentabilidad que les permita salir de los márgenes. América no es todo lo que hay, ni mucho menos, pero sí es lo que más hay, en gran parte porque se asoció sin pudor a la cultura popular para forjar la industria del entretenimiento, y ella generó –y sigue generando– una nómina casi inacabable de creadores y creaciones de todos los tipos, estilos y calidades. Pero si de lo que hablamos es de resistencia frente a la cultura dominante… pues bien, América también es el lugar.
Algo que queda meridianamente claro tras la lectura de R. Crumb. Recuerdos y opiniones –el estupendo tomito autobio/bibliográfico editado con primor por Global Rhythm– es que hablar de Robert Crumb (Filadelfia, 1943) equivale a hablar de una sociedad edificada en la cultura de masas. En la página 25 del libro, Crumb escribe: “mi padre solía recordar su infancia en una granja donde solía cazar y su vida estaba ligada a la naturaleza, a cosas serias con las que los chicos de su generación debían lidiar, vinculadas a la vida y la muerte. Nosotros apenas tuvimos contacto con el mundo real. Fuimos niños atontados, debiluchos, de periferia residencial, que montaban juegos inspirados en las películas, la televisión y los cómics. Todo nos venía filtrado por los medios de comunicación, de ahí provenía todo. Fuimos una generación mediatizada, la primera generación del televisor”.
Repasando la amplia antología de la obra de Robert Crumb contenida en el presente volumen, descubrimos cómo el autor de Keep on Truckin’ ha ejercido ininterrumpidamente de antena receptora de señales de la cultura popular y, lo que es más valioso, ha certificado década tras década una increíble capacidad para regurgitar y reinterpretar dichas influencias hasta convertirlas en un extraordinario catálogo de obsesiones íntimas, deseos y frustraciones, estados químicamente alterados, burlas a la autoridad y a lo establecido, sexo desinhibido, valores subvertidos y estereotipos políticamente incorrectos, es decir, la materia de la que está hecha la contracultura.
Los que no conozcan aún a Crumb tienen aquí una buena oportunidad de enmendar el error; los asiduos al genio de Filadelfia no necesitan recomendación alguna.
Es Crumb. Es el mejor dibujante de América.



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17 noviembre 2008

TE ECHARÉ MUCHO DE MENOS



Título: SHORTCOMINGS
Autora: ADRIAN TOMINE
Editorial: RANDOM HOUSE MONDADORI
Páginas: 112 PVP: 19,90 €
Para quien no lo sepa, diré que Adrian Tomine (Sacramento, 1974) es uno de los ejemplos más destacados del nuevo cómic norteamericano, autor intimista dotado con una sobresaliente capacidad de observación, poseedor de una estética fría –a veces gélida– y un gusto especial por historias de soledades e incomunicaciones afectivas. Su terreno narrativo es el de las frustraciones cotidianas, la introversión y el desamor, y sus personajes son seres anónimos que se manejan por la vida huyendo de sus propias motivaciones o sin llegar siquiera a comprenderlas. Tiene Tomine la extraña capacidad de crear situaciones aparentemente anodinas y cargarlas de violencia emocional a la manera de Raymond Carver –con quien tanto se le compara–, amparado en un eficaz y perturbador uso del diálogo y una puesta en escena sobria, ortodoxa, que comenzó recordando a la de Daniel Clowes y que ha desembocado en una voz elegantemente propia. Los dos álbumes de Tomine editados anteriormente por La Cúpula, Rubia de verano y Sonámbulo y otras historias, recopilaciones de historietas cortas procedentes de su propia serie de comic books, Optic Nerve, son un brillante catálogo de humillaciones y ternuras cotidianas, y el lector queda fascinado por la morbosa oportunidad que tiene de ver, sin ser visto, la intimidad de aquellos que podrían ser nuestros vecinos, o nosotros mismos. Una mujer que grita a un desconocido para que deje de acosarla en plena calle, alguien que se baja del coche y golpea a un peatón hasta matarlo, un matrimonio que apaga la luz para poder observar cómo hace el amor la pareja del apartamento de enfrente…, pequeños flashes de realidad recreados por el autor, si no para explicar, al menos para mostrar el vacío, la muerte del afecto, que es el cemento de la sociedad occidental contemporánea. Se podría decir que el resultado es muy literario. Pero a la vez posee el sabor peculiar propio de la historieta, el poder simbólico de la integración de palabras e imágenes según un ritmo propuesto por el autor que es ejecutado privadamente por cada lector. Shortcomings, la primera novela gráfica –serializada en los números 9 a 11 de la citada Optic Nerve– de Tomine o, lo que es lo mismo, su primer trabajo largo, encierra en sus poco más de cien páginas casi todos los elementos que han hecho célebre al autor de Dylan & Donovan, derivas sentimentales protagonizadas aquí por una pareja estadounidense de origen japonés, Ben y Miko, que afronta una separación temporal cuando ella acepta una beca y abandona Oakland para trasladarse a Nueva York durante cuatro meses. En palabras de Jonathan Lethem: “Shortcomings es una novela gráfica excepcional: contiene la grandeza del cine de Eric Rohmer y la agudeza narrativa de Alice Munro. Tomine ha escrito y dibujado un libro que, por su exquisita sencillez, es perfecto”. No se me ocurre una forma mejor de acabar recomendando su lectura.
Javier Fernández









08 noviembre 2008

FUN HOME. UNA FAMILIA TRAGICÓMICA

Título: FUN HOME. UNA FAMILIA TRAGICÓMICA
Autora: ALISON BECHDEL
Editorial: RANDOM HOUSE MONDADORI
PVP: 18,90 €

LA CASA DE LA ALEGRÍA

He aquí un libro intenso, lúcido y hermoso. Un prodigio de los que no abundan: la obra de un autor en estado de gracia que sabe lo que quiere contar y cómo contarlo.
El autor –la autora– es Alison Bechdel (Pennsylvania, 1960), cuya tira cómica Dykes to Watch Out For (Unas bollos de cuidado en la edición española de La Cúpula) está considerada toda una institución contracultural en Norteamérica y cumple este año los veinticinco diseccionando, a modo de Doonesbury sáfico, la comunidad lésbica estadounidense. Bollos aparte, la Bechdel también ha trabajado para diversas publicaciones como Ms., Slate, The Advocate, periódicos, páginas web, libros de cómic y fanzines.
Pues bien, lo que Alison Bechdel –autora, lo hemos dicho, pero también protagonista de esta peculiar autobiografía– quiere contar es la compleja relación que mantuvo con su padre, profesor de inglés y encargado de una funeraria –la fun home del título– aficionado al interiorismo y las antigüedades, en cuya homosexualidad latente se halla, quizá, la clave del lesbianismo de su hija. Bajo esta premisa, se desarrolla un extraordinario juego intertextual. Joyce, Proust, Wilde, Fitzgerald son algunos de los lazos que explican la desolación emocional y la simultánea y paradójica intimidad entre los protagonistas: la adolescente deseosa de abrirse al mundo enfrentada al hombre maduro “desviado”, convertido en una falsificación que es soportada por la familia y tolerada por la pequeña y provinciana comunidad en que se desarrolla la acción. Unidos por un gusto sexual opuesto –pero de algún modo común: a ambos les excita su propio género– los personajes se anulan o censuran el uno al otro, hallándose siempre a un solo paso del reconocimiento mutuo.
Con obras como esta, el cómic lleva décadas reivindicándose como una de las formas narrativas más interesantes del panorama actual. En palabras del crítico José Carrión: “Hoy es imposible soslayar el cómic. Su penetración en la esfera del arte narrativo de alta exigencia se había dado ya en los años ochenta con los trabajos en el contrapunto y el símbolo de Alan Moore, o con la ambición por enfrentarse al testimonio del desastre europeo mediante el lenguaje de la fábula llevado a cabo por Spiegelman”.
El libro de Alison Bechdel se inscribe con brillantez en la fértil corriente de historietas autobiográficas que también incluye obras imprescindibles como Nunca me has gustado, de Chester Brown, Persépolis, de Marjane Satrapi o Blankets, de Craig Thompson, por citar sólo tres ejemplos. Y frente a estas se erige como una de las más logradas y, sin duda, la más densa y literaria, poseedora de un rigor formal y una profundidad poco comunes. No en vano The New York Times la incluyó en su lista de los 100 mejores libros de 2006, y New York Magazine y el Times londinense hicieron lo propio, pero esta vez entre los 10 mejores.

Javier Fernández