08 febrero 2010

UN VIAJE HACIA LA EXCELENCIA

Título: LA EXTRAÑA HISTORIA DE LA ISLA PANORAMA
Autor: SUEHIRO MARUO
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 280
PVP: 15 €

Evidentemente todo depende de lo que uno le pida al arte. ¿Deleite, divertimento, reflexión, asombro, disgusto, nada de esto, todo a la vez? Porque el arte, incluso uno popular como es el cómic -el manga si nos ponemos picajosos-, es un juego comunicativo lleno de posibilidades. Y ya ven, en el mejor de los casos, la historieta ha sido considerada tradicionalmente como una hermana pequeña de la literatura. Se diría que una hermana subnormal, a tenor de tantas y tantas críticas despreciativas y condescendientes. Pero dejemos esto claro, el tebeo es el medio, no el contenido; no se debería juzgar lo uno por lo otro, ¿sí? Listo, dejemos el climate y pasemos a Maruo.
¿Como lo diré? O mejor, ¿han leído ustedes a Maruo? Si la respuesta es afirmativa, no necesitan mi comentario. Si no lo han leído, deben saber que hay un chorro de obras de Suehiro Maruo (Nagasaki, 1956) traducidas a nuestro idioma, hasta diez, si no me fallan las cuentas. Y todas ellas son extraordinarias. Incluyendo lo más suave de su producción, el Gichi Gichi Kid, tierno homenaje a Tezuka, el Dr. Inugami o las dos partes de La sonrisa del vampiro, teatrillos macabros para adolescentes. Aunque no les recomendaría que empezasen por ahí. Tampoco por La extraña historia de la isla Panorama, si es que realmente quieren comprender la estética de Maruo. Lo más sano es leer El monstruo de color de rosa o Lunatic Lover's (todo lo dicho está editado por Glénat), y ya que hayan quedado hipnotizados por el universo crudamente honesto del autor, esa deconstrucción transgresora, violenta y pornográfica de los estereotipos del género romántico, pueden buscar los dos tomitos publicados por Otakuland, DDT y New National Kid, que muestran trabajos anteriores, menos finos pero igualmente rabiosos, e ir intercalando los otros al gusto de cada uno. Claro que no sería justo por mi parte obviar el hecho de que Maruo puede literalmente herirles la sensibilidad. No digan que no van avisados.
Luego que hayan disfrutado del viaje, les queda Midori, de nuevo en Glénat, que es una de las cimas de la historieta universal, un álbum singular, el reverso de todos los cuentos infantiles, bellísimo y despiadado a partes iguales. Lo recomiendo de postre, con la digestión de lo anterior bien asentada, para disfrutarlo como se merece. Y si sólo se deciden por uno, pues sí, Midori es el título. Ah, pero no, no me he explicado del todo bien, me está saliendo una lista de la compra de lo más enrevesada. La extraña historia de la isla Panorama va después de Midori. Unos días después, digamos. Descubrirán otro Maruo, delicado, sofisticado, preciosista, que persigue la excelencia y encuentra en la novela utópico-policíaca de Ranpo Edogawa un vehículo para desarrollar su obsesión por la hermosura y el detalle, dejando de lado la escatología expresa, la truculencia, y centrándose en inventariar la amoralidad invisible que subyace a un paraíso artificial de resonancias artísticas. ¿Les dije que había un montón de tebeos de Maruo traducidos al español? Mentí. Son pocos, son pocos...

Javier Fernández

30 enero 2010

UN POCO DE TRISTEZA EN LA VOZ

Título: DR. FATE: COUNTDOWN TO MYSTERY
Autor: STEVE GERBER (guión), JUSTINIANO (dibujo) y otros.
Editorial: DC COMICS
Páginas: 160
PVP: 17,99 $

Pues no, hoy no voy a comenzar la primera lista de los mejores cómics de... como les anuncié la semana pasada; veremos si hay más suerte la que viene. El motivo no es otro que este Dr. Fate: Countdown to Mystery, el último trabajo de Steve Gerber. Y cuando digo el último trabajo de Gerber, no me refiero a su obra más reciente, que también, sino al que, por desgracia, es su tebeo último, porque, como no escapa a la mayoría de los que leen esto, el creador de Omega the Unknown, Void Indigo, Nevada y Hard Time falleció el pasado 10 de febrero de 2008, a causa de complicaciones relacionadas con una fibrosis pulmonar.
Sabrán también, y si no para eso estamos, que de los ocho números que componen la citada miniserie programada como reescritura y actualización del Dr. Fate, el mago del yelmo amarillo que comparte universo con Superman y Batman, seis fueron escritos por Gerber, quien apenas tuvo tiempo de abocetar también el séptimo, firmado al fin por su colaborador Adam Beechem, y que el octavo, a falta de más material, fue concluido por cuatro guionistas invitados por la editorial, todos amigos del difunto: el propio Beechem, Mark Evanier, Mark Waid y Gail Simone. Cada uno de ellos propone un cierre a la manera de Gerber –es obvio que nunca conoceremos la conclusión definitiva–, y el conjunto acaba siendo un sentido homenaje al guionista. No me entretendré mucho en el experimento. Sería injusto decir que los resultados no están a la altura porque el objetivo es bonito, y eso es lo que cuenta. Con todo, señalaré que son emotivos, sinceros y expresan claramente un hecho: Gerber ya no está entre nosotros. Cuatro voces juntas no bastan para sustituir la suya.
Porque Gerber, en mi opinión, fue el mejor escritor de superhéroes de la historia. ¿Creen que exagero? Bueno, quizá no lo han leído, o no lo han leído lo suficiente, o ya hace mucho que lo leyeron. O quizá sí que exagero, no sé. Supongo que habrá quien prefiera a Morrison o a Moore, o incluso a Lee o, qué digo yo, a Miller. Por mí vale. Pienso que estos cuatro juntos tampoco hacen un Gerber. Pero dejémoslo estar, ya he dicho que es mi opinión; el arte es subjetivo. Como escribe Gail Simone: “Las historias de Steve dijeron: está bien ser raro. Abraza la diferencia. Ignora las expectativas. Lucha cuando te toque, ríete de la adversidad. La perfección es aburrida y está sobrevalorada, y el heroísmo casi nunca tiene que ver con pegar a la gente. Algunas veces el heroísmo trata sólo de estar vivo cuando estar vivo parece jodidamente imposible”.
Quizá Countdown to Mystery no sea el mejor trabajo de su autor, pero es electrizante; tiene una prosa viva e inesperada, un ritmo sobresaliente y contiene muchos de los elementos que se acaban de citar. Aun estando inconcluso, es un digno final a una carrera oblicua y singular; o mejor dicho, la ausencia misma de final es puro Gerber. ¿De qué va el tebeo? Créanme, tratándose del creador del pato Howard poco importa.

Javier Fernández

20 enero 2010

BUENAS NOCHES, BATMAN, ADIÓS

Título: BATMAN: ¿QUÉ LE SUCEDIÓ AL CRUZADO ENMASCARADO?
Autor: NEIL GAIMAN (guión) y ANDY KUBERT (dibujo)
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 88
PVP: 9,95 €

Andaba yo pensando en hacerles un par de recomendaciones para la cuesta de enero, qué se yo, los dos tomos de Una vida errante (Astiberri), el espectacular biopic de Tatsumi, o la reedición de La tumba de Drácula, de Wolfman y Colan (Panini), o el magistral Génesis, de Robert Crumb (La Cúpula), por no mencionar el extraordinario Evelyn, de Andrés G. Leiva (Sins Entido), que ya lleva unos meses en librerías y hay quien aún no se ha enterado.
Pero no, este año he decidido cambiar el palo, debe ser porque, carambolas de la vida, le quedan a uno bien lejos las librerías patrias y eso tiene sus inconvenientes; aunque también sus ventajas. Se amortigua la ansiedad. No queda más remedio que retirarse al cuartel de invierno, revisar lecturas, rememorar experiencias. Y bueno, se me ha ocurrido el viejo truco de las listas, que no sé durante cuánto tiempo me parecerá una buena idea. Así que la semana que viene espero tenerles preparada la primera de ellas. Los diez mejores cómics de... Ya veremos.
A lo que vamos, que se acaba el espacio que además no es mucho. Una novedad que sí he tenido oportunidad de leer, en inglés, eso sí, es este ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?, de Gaiman y Kubert –hijo, no la vayamos a liar– que me recomendó el siempre atento Alvy Singer en la versión bloguera de la sección y me prestó un amigo, Guido Rosas. Decía allí el primero de los antedichos que con su lectura pasaría, cito, “por momentos eufóricos de amar a Batman”. Y bueno, siendo aplicado como soy, decidí probar suerte con este Gaiman que me trae por la calle de la amargura.
¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? es dos cosas; una, un homenaje posmoderno a los 70 años de carrera del hombre murciélago; y dos, un ejercicio de recreación del mito del superhéroe en vísperas de su (aparente) muerte en la continuidad de DC. Referente a lo segundo, Gaiman fabrica un emotivo truco que no les desvelaré aquí con el que añade una línea a la definición del personaje. Con respecto a lo primero, apoyado en un camaleónico Kubert –hijo, ya lo he dicho– que se esfuerza en imitar los estilos de todo tipo de autores del personaje, ya saben, Kane, Robinson, Adams, Bolland, etcétera, el guionista realiza no sólo un alarde referencial sino argumental, creando una intriga novelesca de primer nivel que atrapa al lector desde la primera página –bueno, digamos la cuarta o la quinta–. Ya ven, Batman ha muerto y a su funeral asisten una ristra de secundarios que confiesan ser el asesino. Si se conocen los infinitos guiños diseminados, bien; si no, también. La cosa funciona por sí sola. Lamento en parte que todo tenga que acabar en ese tono trascendente, pero es el signo de los tiempos, y la premisa de partida. Ven, por eso me gustan más los clásicos, tenían ese puntito naíf que convirtió a Batman en icónico.
Con todo, un tebeo excelente. De superhéroes, no me malinterpreten. Un Gaiman sólido. Gracias Alby, gracias Guido.

Javier Fernández

11 enero 2010

EL CUADERNO FILOSOFAL (y 3)

Título: DEATH NOTE 13
Autor: TSUGUMI OHBA Y TAKESHI OBATA
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 280
PVP: 15 €

Andaba yo preguntándome cómo es que le he dedicado tres artículos precisamente a Death Note y lo cierto es que no he llegado a ninguna conclusión, ¿se deberá a algún tipo de inconteninencia relacionada con los excesos navideños?
En fin, les contaba –resumo el resumen– que Light-Kira se ha puesto a matar apandadores con su cuaderno mágico, un arma heredada de los shinigami, ángeles pelín horteras de la muerte que, por aparente diversión, han tenido a bien ceder un puñado de libretas asesinas a individuos del mundo real; esta de Kira es una, pero a lo largo del manga salen más. La consecuencia inmediata es el establecimiento de un nuevo orden mundial basado en la desaparición del delito –y, con él, del libre albedrío– y la adoración subsequente de Kira superstar. Tocaba hablarles del cuarto elemento del guión que se opone al advenimiento de la nueva sociedad, y a ello voy. Se trata de una letra mayúscula: L.
L es un personaje carismático confeccionado como antagonista de Light. Es también superinteligente pero con marcados problemas de socialización y hasta de modales –no puede parar de ingerir dulces, habla con una insultante franqueza, apenas sale a la calle, odia los zapatos y gusta de sentarse con los pies en la silla, amén de otras lindezas que convendría psicoanalizar–. Es desaliñado, ingenuo, tierno. Y rico. Se presenta como la única persona capaz de medirse intelectualmente con Kira y pronto hace que las fuerzas de la ley, y el propio Light –la trama se enreda pero mejor léanse el tebeo–, trabajen a su servicio. En mi opinión, el duelo Light-L es atrayente y divertido, y el propio L tal vez sea la creación más vívida y singular de la serie.
Y ahora sí, las consideraciones finales. Death Note se caracteriza por un vaivén inagotable de giros argumentales que provocan cierto mareo y no poco cansancio –todo sucede así porque tiene que suceder así, no busquen más explicaciones, el chiste está en la infinita repetición de esquemas–, los diálogos son insólitamente copiosos para un shonen y tan artificiales que acaban teniendo su aquel, y el final llega cuando llega, no como consecuencia de nada sino porque sí, ya puestos la cosa podía haber durado otros doce tomos. Las secuencias finales y el epílogo levantan la media y esta especie de goticopunk de reminiscencias cristianas y sazonado de homofilia, abono fértil para el cosplay, alcanza un éxtasis místico.
Mención aparte merecen los dibujos de Obata, a los que el asunto le debe una enorme parte de su éxito: espectaculares, ágiles –sobre todo cuando no están lastrados por los tochos de Ohba–, con un magnífico sentido del ritmo y la composición y un aspecto moderno, anguloso y elegante, un interesante uso de las tramas y un entintado de calidad sobresaliente.
Ah, por cierto, el tomo trece es, como indica el subtítulo una guía de lectura; incluye entrevistas a los creadores, datos variopinto y el “episodio piloto” que precedió a la serie, protagonizado por el shinigami Ryuk y otro incauto chaval. Un libro muy cuco pero de letra minúscula que celebra la existencia de esta existosa y singular fantasía contemporánea.
Eso es todo.

Javier Fernández

26 diciembre 2009

EL CUADERNO FILOSOFAL (2)

Título: DEATH NOTE 13
Autor: TSUGUMI OHBA Y TAKESHI OBATA
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 280
PVP: 15 €

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, Light Yagami se encuentra el cuaderno de un shinigami –personificación japonesa de la muerte– que resulta ser algo así como el arma definitiva: si se escribe en él el nombre y se visualiza el rostro de una persona, esta muere automáticamente. La forma de morir y las circunstancias del fallecimiento dependen de una interminable ristra de reglas asociadas con el cuaderno de muerte, el death note, que determinan el desarrollo de la trama y los diversos giros argumentales a los que me referiré más adelante.
El asesinato sistemático de delincuentes por parte de Kira –personalidad secreta adoptada por Light– desencadena primero el miedo de la población y luego una especie de culto a la figura mesiánica, elevada internacionalmente al altar de lo divino, que está comprometido con el destierro de la maldad del mundo. Pero a esta utopía de tintes adolescentes se opondrán –gracias a Dios, uy, perdón– al menos tres aspectos de la historia ideada por Tsugumi Ohba, o mejor consideremos cuatro. El primero de ellos es la personalidad del propio Light, un niñato pagado de sí mismo que se autopropone como epítome de las excelencias de la raza humana y que, dicho sea sin acritud, resulta el protagonista más cargante y antiempático que recuerdo. Bien es cierto que la genialidad, siempre ad hoc, de Light le salva continuamente de las distintas trampas pergeñadas por las fuerzas del orden, pero no es menos cierto que su chulería y suficiencia son las que le fuerzan de modo invariable al tiento, al reto permanente, puesto que lo que sin duda le pone es demostrar al lector que es más listo que nadie. El retrato psicológico del personaje se completa –sé que esto no viene a cuento de lo anterior pero no quería dejar de mencionarlo– con una misoginia fomentada por las escasas féminas de la serie, sandias redomadas que apenas cumplen a la trama la escatológica función de estar permanentemente en celo, dispuestas a cumplir la voluntad del guaperas alfa en virtud de una especie de casto y devoto masoquismo emocional.
También los shinigami, aparentes aliados de los poseedores terrenales de los distintos cuadernos, se interponen entre Kira y su utopía, toda vez que su simpleza mental y su aparente inacción han de ocultar unas motivaciones propias al margen de lo humano, seguramente perversas. Y las ocultan, qué duda cabe. Para el que no conozca la serie, añado que los shinigami de Death Note son un cruce entre el Marlon Brando motorista y pandillero y el indio de Alguien voló sobre el nido del cuco, con su poquita de roña. Obviamente, el tercer elemento serían las citadas fuerzas del orden, dirigidas por el mísmisimo padre de Light Yagami, quien desconoce los extraños hobbies de su hijo; sobre estos agentes, padre incluido, poco hay que decir salvo que su coeficiente intelectual difícilmente alcanzaría el estándar de normalidad estadística. Pero ya seguiremos con esto.

Javier Fernández

20 diciembre 2009

EL CUADERNO FILOSOFAL (1)

Título: DEATH NOTE 13
Autor: TSUGUMI OHBA Y TAKESHI OBATA
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 280
PVP: 15 €

Fue mi querido amigo Luis quien me avisó de la existencia de Death Note, hará un par de años, después de que este hubiese visto unos cuantos episodios del anime que adaptaba el manga original. No es que su recomendación fuese particularmente encendida pero hizo hincapié en lo adictivo de la trama y en lo atractivo de los personajes centrales del invento, síntomas inequívocos de esa clase de fenómenos comerciales a los que, por un motivo u otro, casi siempre vale pena asomarse.
Y compulsivo como soy, allá que fui y me hice de una buena vez con los doce tomitos editados por Glénat –todo sea dicho, era aquella una época de vacas gordas–, la estupenda firma dirigida por Joan Navarro. Comencé la lectura con convicción, cuatrocientas o quinientas páginas al día durante un par de jornadas de asueto, hasta que los aburridos vericuetos de los volúmenes centrales acabaron por expulsarme de la serie y, confesémoslo, me hicieron sentir un poco estafado. Pero como resulta que también soy metódico, el mes pasado, coincidiendo con la publicación de Death Note 13, subtitulado explícitamente Guía de lectura, me armé de valor y recomencé la tarea, dispuesto a llegar al final de este tebeo generacional que tanta bibliografía y mercadeo está generando. Pues, antes que nada, Death Note es una máquina de hacer dinero, una franquicia nacida del manga editado en la revista Shonen Jump entre finales de 2003 y mediados de 2006 y que abarca no sólo el anime de Tetsuro Araki antes citado sino tres filmes japoneses de imagen real, un buen número de sumplementos impresos –entre exégesis, libros de ilustraciones y pastiches–, infinitos muñequitos, videojuegos y hasta el anuncio de una producción hollywoodiense. Si hacemos caso al oráculo de Jimmy Wales, y por dar una cifra inicial: “En junio de 2008, [sólo] el manga había logrado vender más de veintiseis millones de copias en Japón”.
Death Note, para el que no lo sepa aún, relata la existencia en nuestro mundo de unos cuadernos capaces de provocar la muerte de todo aquel cuyo nombre haya sido escrito en sus páginas siempre que el poseedor de la libreta visualice el rostro de la persona a la que desea fulminar. El protagonista, Light Yagami, un estudiante japonés atractivo e inteligente hasta sobrepasar lo fantasioso, se hace por casualidad con uno de ellos y descubre que los cuadernos en cuestión están ligados a los shinigami o dioses de la muerte según la mitología japonesa –monstruos tradicionales que parecen estar viviendo una segunda juventud gracias a la iconografía contemporánea del manga–. Seducido por el poder del mortífero instrumento, Light asume la personalidad de Kira –deformación fonética del inglés killer, asesino–, y decide dedicar su tiempo a eliminar a todos los criminales de la faz de la tierra como medio para auspiciar una sociedad utópica carente de malhechores. Y es entonces cuando... vaya, se acabó el espacio por hoy.

Javier Fernández

13 diciembre 2009

EL REINO DE LAS SOMBRAS

Título: THE CHRONICLES OF KULL. VOL. 1
Autor: THOMAS, CONWAY, WRIGHTSON, SEVERIN, ETC.
Editorial: DARK HORSE
Páginas: 232
PVP: 18,95 $

Creado en 1928 por el escritor texano Robert E. Howard y alumbrado públicamente en agosto de 1929 en las páginas de la revista Weird Tales, el rey Kull de Valusia debe gran parte de su popularidad actual al éxito de otra de las felices invenciones de su autor, me refiero, cómo no al cimmerio Conan, con quien comparte un cierto sabor ornamental. Y el que ambos, todo sea dicho, permanezcan en el imaginario ocho décadas después de su folletinesco origen ha de achacarse al esfuerzo personal del guionista Roy Thomas, impulsor artístico y administrativo del extenso periplo de los dos bárbaros –así como de otros singulares personajes howardianos como Solomon Kane o la más líbremente versioneada Red Sonja– en el seno del gigante editorial llamado Marvel.
Fue durante la década de 1970 que Thomas tuvo la feliz y lucrativa ocurrencia de rescatar aquellas excesivas y sanguinolentas historias y emparentarlas estética y narrativamente con el universo de los superhéroes de Stan Lee, dotándolas de una coherencia muy al uso en Marvel. El resultado del pastiche fluctuó desde lo brillante hasta lo infumable –especialmente una vez Thomas hubo abandonado el barco– aunque visto en perspectiva no se puede negar que la operación fue afortunada: nos quedan unos cuantos tebeos dignos y una sabrosa franquicia creativa que continúa aún hoy su camino, ya lejos de la enmohecida editorial de Spiderman. Dark Horse, la actual poseedora de los derechos del grueso de licencias que atañen a los escritos de Howard, viene deleitando a los aficionados con todo un arsenal de versiones y revisiones de nuevo cuño pero también, paradójicamente, ha incorporado a su catálogo, mediante cumplidas reediciones, el fondo que antes publicó la propia Marvel.
Siguiendo esta política de rentabilización de un capital estético que había quedado huérfano, y coincidiendo con los ochenta años de la creación del personaje, ve la luz ahora el primero de los cinco volúmenes de The Chronicles of Kull, recopilación de las historietas a color del bárbaro atlante devenido en monarca en títulos como Creatures on the Loose!, Conan the Barbarian, Monster on the Prowl, Kull the Conqueror o Kull the Destroyer, esto es, un plan editorial similar al que en España ya pudimos disfrutar hace años gracias a la perspicacia del añorado Manuel Barrero.
El tomo en cuestión abarca todos los títulos citados menos el último, pues se detiene en el núm. 9 de la primera etapa de Kull the Conqueror (julio de 1973), escrita mayormente por Thomas y Gerry Conway. Una verdadera fiesta para los sentidos: Bernie Wrighston, Ross Andru –embellecido por Wally Wood– y, sobre todo, el binomio Marie y John Severin ilustran con belleza clásica e inusual las andanzas del más poético y metatextual de los bárbaros del cómic, un usurpador empeñado en rasgar con su espada el velo de los simulacros y falsedades que componen la corte de Valusia mientras se pregunta, melancólicamente, si es que acaso él mismo es real.

Javier Fernández

07 diciembre 2009

¡¡ESTOS CABRONES HAN VUELTO!! (2)

Título: KILLER TOONS 2.0
Autor: VARIOS AUTORES
Editorial: EDICIONES CANALLAS
Páginas: 80
PVP: 6 €

Continúo allí donde se quedó inconcluso el repaso por el contenido de este Killer resurrecto, esto es, en el comentario a la historieta El caso del pintamonas. Su perpetrador, El Juan Pérez, gusta habitualmente de la abstracción, y su mundo creativo es de una irrealidad de apariencia simple pero cargada de elegancia e ironía. Aquí, sin embargo, hay un manido argumento y una irregular atmósfera estética que no permiten el disfrute completo de este tierno y genial maestro del absurdo.
Zonum, otro de los malotes de la película, nos regala la ferial contraportada y La furia del Dragón Rojo, un lisérgico tour de force de 25 páginas dedicado, nada más y nada menos, que a Steranko, Frank Miller y John Carpenter. El estilo de Zonum, puntillista y fanzinero donde los haya, bebe del tebeo de superhéroes y de la escuela Bruguera, y no conoce la contención, hasta el punto de resultar extenuante y confuso, máxime cuando el guión no es sino una sucesión de alaridos narrativos al servicio del delirio gráfico, una colección de cargantes splash pages que, con todo, no ocultan un enorme talento que saldría beneficiado de cierto orden y previsión.
Harina de otro costal es Negro Vita. Las cuatro páginas de Raúlo, el otro vástago del clan de los Cáceres, son, con diferencia, lo mejor de este alegre retorno. Raúlo ofrece una historieta negra y perversa conforme a su acostumbrada poética, hermosamente ilustrada y dotada de un ritmo frenético. La composición de página y el acabado, aún tratándose de una pieza corta desempolvada del cajón de los descartes, nos habla de un autor visionario y profesional en el mejor sentido de la palabra. Asomarse al universo de Raúlo es asomarse a una truculenta –y muy a menudo gozosa– visión de la vida, en la que lo no hay sitio para el orden establecido y en donde el libertinaje pide a gritos ser considerado parte del denostado y maltratado patrimonio de la libertad. Guste más o menos –y a mí me encanta–, Raúlo es un dibujante acostumbrado a los grandes retos, fogueado en el mercado pornográfico y en el independiente norteamericano y denota estar dispuesto para logros mayores. Tiempo al tiempo.
No quisiera terminar mis comentarios sin confesar admiración por el colectivo que compone el Killer Toons, unos tipos dispuestos a dejarse la pasta propia por algo en lo que creen ciegamente y a los que el paso del tiempo ha encontrado con las mismas ganas de sana diversión y el empuje de unos auténticos chiquillos. Colaboraciones esporádicas de terceros aparte, en dicho colectivo cabe incluir –aunque sólo sea en calidad de socio honorífico– a Vicente Galadí, uno de los adalides del tebeo cordobés, valeroso editor de la meritoria Ariadna, metido altruistamente aquí, como en tantas otras ocasiones, en tareas de maquetación.
Killer Toons 2.0, con su ética de lo auténtico y su estética poliédrica y vocacional, retoma las cosas más o menos por donde se quedaron con el cierre de Killer Toons y no dudo que avanzarán por sí solas, correosa e inexorablemente, como un zombie desenterrado de su tumba. Ojito.

Javier Fernández

30 noviembre 2009

¡¡ESTOS CABRONES HAN VUELTO!! (1)

Título: KILLER TOONS 2.0
Autor: VARIOS AUTORES
Editorial: EDICIONES CANALLAS
Páginas: 80
PVP: 6 €

Pues sí, para el título de hoy en lugar de retorcerme la mollera he copiado sin más el lema de portada de esta segunda y costeada etapa del singular fanzine cordobés Killer Toons, emergido de la tumba después de un prolongado letargo que ha durado casi una década. Puestos a robar encabezamientos, pensé primero en usar el subtítulo de la página de créditos de esta misma publicación: “El regreso de la línea cafre”, pero al final lo desestimé porque si bien es cierto que algo de cafre hay en cada uno de ellos no estoy demasiado seguro de que los autores de Ediciones Canallas compartan la misma línea estética.
Por ejemplo, Rafa Infantes tiene una querencia lírica que se aleja del resto, tiene claridad en las formas y un tono de denuncia naif que se acerca a la abstracción. Su estancia en el congelador nos lo ha devuelto seducido por las tramas digitales y afinado con el diapasón de Charles Burns y, en cierto modo, el de Miguel Ángel Martín. Infantes siempre ha sido una de mis debilidades pero lo prefiero plástico antes que plastificado como en este Un mundo sin rostro. Con todo, sencillos ejercicios como El borrón muestran a las claras que sigue siendo un auténtico letrado en esto de la historieta, un autor cargado de recursos y con su propio universo conceptual.
Pero empecemos por el principio, Miguel Ángel Cáceres, otrora enfant terrible de esta generación reencontrada, dibuja sin rastro de lirismo la espléndida portada que autohomenajea a aquella del primer Killer Toons de la anterior época. Aparte de esta, su aportación principal vuelve a ser una estampa de acción sanguinolenta protagonizada por Simeón Órdago, el ciborg follador y leñero salido de los sótanos de la mezquita de una futurista Megacórdoba. Como suele ser habitual, sus desenfrenadas andanzas se leen con el mismo desparpajo con que se leían, qué se yo, las viejas historietas de relleno del Creepy, aunque, como en estas, el desarrollo sea francamente intrascendente.
Los soeces chistes de Moi trufan por todas partes el Killer y uno no puede sino agradecer al destino que nos haya devuelto a esta bestia del humor escatológico y su histriónico Mundo Pichón. Moi tiene una verborrea propia y no poca mala leche y, en sus momentos más bestias, recuerda al Vallés de los Aguirre. Pero confieso que lamento el descuido en la rotulación y composición de página. Como apología de lo cutre, no es lo suficientemente cutre; y lo que queda es un difuso territorio intermedio que refleja una cierta sensación de desaliño que acaba demeritando en parte el resultado final. Aún así, el desparpajo de Moi deja un regusto indeleble en la lectura.
Por su parte, El caso del pintamonas, la cuota de diez páginas de El Juan Pérez brilla algo por debajo del estándar de este autor personalísimo y oblicuo, poseedor de una estética primaria que siempre me ha encandilado y de la que les hablaré, así como del resto del asunto, en el próximo artículo.

Javier Fernández

25 noviembre 2009

V de VENDETTA: Una opinión muy personal

Sí, metí la pata.
Terminaba de releer V de Vendetta, por fin en mi propio ejemplar, regalo de Alberto y Rafa. Es curioso lo que mutan las lecturas cuando en vez de 14 o 15 tienes 30 años, sabes un poco más (o un poco menos) de qué va todo esto, y puedes detenerte, paladear y deleitarte con la delicia que supone cada gota de tinta impresa que, contoneándose sugerente, convierten al vulgar papel en arte y alimento del alma.
Disfruto con aquello que no me deja indiferente, que me hace pensar o soñar, que me abstrae y me convulsiona, que me muestra el más allá de mi cerrazón cotidiana, convirtiéndome en algo nuevo.
Debe ser por eso que estoy disfrutando a muchos niveles abordando la obra de Alan Moore.
Un mensaje duro, muy duro e impactante el de V de Vendetta, sin concesiones. Personajes muy oscuros, donde V florece en el caos necesario que él mismo orquesta dentro de un sistema totalitario (nuevamente brotan las lecturas de H.G. Wells) de índole fascista.
Un intelectual modus operandi, propio del genio criminal que insinúa ser más allá del filósofo, el arquitecto y el operario que encarna. Azote de sus semejantes, alguien que demuestra lo pernicioso de nuestras conductas cobardes, que en tantas y tristes ocasiones han dibujado la historia de esta especie, más allá de la literatura barata y las mentiras de Estado que encumbran a unos y defenestran a otros, designando arbitrariamente a héroes y villanos, confeccionando nuestras luces y nuestras sombras.
Tres palabras inundan las viñetas de V de Vendetta: Anarquía, Venganza y Libertad.
Esto es, un valor abiertamente positivo, la Libertad, e incuestionable a priori, del que los autores van desvelando lo perverso de su uso indiscriminado y lo falaz de esta libertad que con tanta alegría se nos vende y que, sin necesidad de distopía fascista, tenemos hoy en día completamente hipotecada y prostituida (muchos pensarán que al menos en esto que llamamos Occidente tenemos algo parecido a libertad. Yo no niego tal realidad, pero sinceramente, espero que el género humano sea capaz de construir algo mejor que estas migajas, alimento de famélicos).
Venganza, venganza. Qué sentimiento tan nefasto y a la par, ¡qué humano! Hace mucho tiempo hubo un tipo que decidió poner la otra mejilla y resultó tan sorprendente que la gente lo creyó un dios.
Nuevamente el cómic plantea la viabilidad y catadura moral de un acto vil a priori, de un ocaso que escala desde las raíces del odio, del miedo y de la violencia.
Yo apuntaría a decir, como ya han dicho antes muchos otros con distintas palabras, que la Razón ilustrada es meramente la madrastra de la Justicia que nos ampara, su verdadera madre es la Venganza. Y eso, para el hombre moderno como tú y como yo, no es fácil de aceptar ni es políticamente correcto, preferimos verla bella de vista cegada por cinta sin mácula, erguida con balanza equidistante pendiente sobre un brazo y la fiereza de la espada en el otro.
Y Anarquía. Qué delicia de exposición la de Moore cuando habla de ella, la gran derrotada y olvidada postura política en nuestro flamante siglo XXI. Posiblemente, la horda de memos que enarbolando tópicos desdibujan un concepto tan intelectualmente sugerente como turbio, ha conseguido noquearla.
No hay un anarquismo, hay muchos. Tal vez ese sea el problema, o tal vez la confusión que al menos en España a raíz de tan nefasta guerra reina en el imaginario colectivo identificando anarquismo con comunismo. No en todos los casos hay tantas vinculaciones ideológicas.
Cuando uno lee a Moore, anarquista confeso, está leyendo a alguno de los grandes ideólogos románticos ingleses, como Godwin. Un anarquismo intelectual, que mide a las personas sin clasificarlos en burgueses y proletarios, unificando su relevancia como seres humanos. Un anarquismo que rezuma y apuesta por una libertad más real, obviamente menos productivo que este sistema capitalista que nos asfixia, (algo que en tantas ocasiones, nos negamos a reconocer) pero indudablemente más sano y digno para cada uno de nosotros.
Bla. bla, bla, bla....
Y tonto de mí, me da por volver a ver la película de los Wachowski, que en su momento no me disgustara en absoluto. Normal, hacía como 15 años que había leído el cómic, lo que podía recordar no quedaba mal retratado.
Y claro...
Quizás, en la carátula de estas películas deberían de rotular: "CONTIENE UNA FUENTE DE FELANINA", como en las tapas de los productos light edulcorados, ¿no creéis? ¡Cómo pude dar el pase a semejante cosa!
La susodicha película no tiene casi nada que ver con la genial novela de Lloyd y Moore, todo queda en un juego de niños, en agua de borrajas, en un esbozo pueril recurrente que prefiera unas "Meninas" hechas con macarrones al lienzo de Velázquez.
Aquí una prostituta de 16 años se transforma en una trabajadora de realización de la tele, el Líder mentalmente trastornado y sumamente deshumanizado en un inquebrantable ejemplo de voluntad férrea. La sordidez se disfraza de estilo, el caos de orden, las numerosas citas literarias en chascarrillo (ojo, no siempre), El Maestro que es idea, en amante bobalicón, las ratas son menos ratas humanizadas, la crueldad del mundo por parte de todos acaba por ser maniquea, cutre, irreal. Si se pierden estos matices se mancilla lo que hace grande a la obra, si redimensionas la historia hacia los patrones canónicos del alelamiento supino del cine comercial norteamericano, el arte se convierte en bodrio y lo trascendente en ramplón.
La adaptación de Watchmen, infinitamente más compleja que la de V de Vendetta, parece una joya al compararse con esta cosa. Al menos hay un mínimo de respeto dentro del "homenaje" y la adaptación.
Y digo yo... ¿Quién cojones me mandaría ver otra vez la película?... Me volví a equivocar, para variar...

Francisco J. Serrano de la Vega.

23 noviembre 2009

FANTASÍAS DEL AMOR ADOLESCENTE

Título: I’’S
Autor: MASAKAZU KATSURA
Editorial: PLANETA
Páginas: 256
PVP: 9,95 €

Si me permiten la intrusión, me gustaría comenzar haciendo mención a un asunto personal: la que están a punto de leer es la nota número cincuenta que dedico aquí consecutivamente al bello arte de las viñetas, esa pasión que me acompaña desde el útero pues la considero herencia de las lecturas paternas y, sobre todo, maternas –aquellos cachorro y jabatos que leía mi madre–. Y aunque entiendo que lo que sigue inmediatamente no les interesará lo más mínimo, aprovecho para dirigir, a modo de celebración y parafraseando a T. S. Eliot, una palabras privadas en público: Gabriel, va por ti; Alfredo, muchas gracias por todo; Ana, te quiero.
En fin, ahora sí vamos a ello. Animado por una especie de espíritu festivo –los que hemos crecido coleccionando los cómics Marvel estamos bien acostumbrados a las efemérides: el número 25 de Spider-Man, el veinte aniversario de Los Cuatro Fantásticos, el número 100 de La Espada Salvaje de Conan… se ve que algo de esto me ha quedado– he pensado dedicar mi medio centenar a la nueva y flamante reedición en formato kanzenban de I’’s, el célebre shonen de Masakazu Katzura. Y como quiera que todo el que no sea aficionado al manga debe de haber pensado que hablo en chino –en realidad es japonés–, me explico muy sucintamente: shonen es el término empleado para designar el manga diseñado para jóvenes varones de entre 14 y 18 años y kanzenban es un formato algo mayor de lo habitual, de mejor calidad de papel e impresión, que suelen incluir material extra y portadas realizadas ex profeso y en el que se editan los mangas más populares del mercado, generalmente en ocasiones especiales o, como ahora, con motivo de una reedición. Por otra parte, I’’s es simplemente el título: inicial del nombre de cada uno de los vértices del triángulo protagonista de la serie y plural figurado de I, yo en inglés, o sea una especie de nosotros, cuya pronunciación anglosajona –ais– equivale a la de ice, término igualmente inglés y que en nuestro idioma significa hielo. Lo de la doble comilla, me van a perdonar pero no tengo manera ahora de comprobarlo, así que me fiaré de mi memoria, creo que era una cuestión meramente estética.
No descarto que el hielo venga al caso por aquello del patinaje, y es que el asunto del manga en cuestión son los patinazos amoroso-masturbatorios del adolescente Ichitaka Seto con su turgente y algo mojigata compañera de instituto Iori Yoshizuki, aderezados por la presencia de Itsuki Akiba, un vendaval femenino que regresa sorpresivamente a la vida de Ichitaka y con el que este, al parecer, se había prometido en la más tierna infancia. En el más genuino estilo de Katsura –el mismo de Video Girl Ai o, dicho de otro modo: ay, para cuándo una reedición ultimate de Video Girl– la serie es un alarde naif de situaciones morbosas y vergonzantes, confusiones y desaciertos pasionales que, una de dos, irritan al lector hasta el aburrimiento o, como en mi caso, lo mantienen pegado a la silla de puro y delirante y morboso goce estilístico.

Javier Fernández

21 noviembre 2009

LAS LÍNEAS SE DILUYEN. (Reflexión acerca del pasado y presente del universo Marvel)

Los tejados de la Cocina del Infierno se perfilan ya contra los tonos plúmbeos de un cansado atardecer, cuando sobre ellos vemos pasar, como una exhalación escarlata, la roja figura de Daredevil, el hombre sin Miedo… ¡Alto ahí! ¿He dicho roja, escarlata? ¡No!. Hete aquí que nuestro héroe se pasea entre las azoteas en pelota picada y en su cráneo, donde otrora luciesen las doradas guedejas, oscila al viento una soberbia cresta multicolor. Al mismo tiempo, a varias manzanas de allí, tía May y Jonah Jameson Sr. aprovechan sus frecuentes encuentros para apurar las últimas sugerencias del Kamasutra con el retrato del tío Ben al fondo, tocando las palmas.

Si dirigimos nuestra vista a muchos kilómetros de allí, observamos que los héroes más poderosos de la Tierra han trasladado su cuartel general a un club gay de Chicago donde el Capitán América procede a cambiar oficialmente el himno tradicional de: “¡Vengadores, reuníos!” por un mucho más sonoro: “¡Ay, que me da, que me da y que me da!”. Por su parte, Norman Osborn acaba confesando que lo de Gwen y él era mentira, y que todo se debió al inconfesable deseo de comerle la boca a pellizcos Peter Parker.

¡ Así, pues, todo se ha consumado!. La Era Quesada del universo Marvel ha llegado a su culmen, mientras su orondo artífice se regodea en el yakuzi, acariciando con ternura un patito de goma con la cara de Marilyn Manson.

Espero sinceramente que los aficionados al cosmos marvelita –especialmente los de rancio abolengo- sepan disculpar al que suscribe esta introducción pesadillesca. Si con ello logro hacer reflexionar al fandom sobre lo que ha sido el devenir de personajes y contextos en estos últimos años, habrá cumplido su propósito. Estableciendo una comparación entre esta sátira (que incluye un par de detalles ya perpetrados en la continuidad real) y la política editorial de la Casa, me atrevería a afirmar que las líneas se diluyen. A la desnaturalización de iconos como Gwen Stacy o la propia tía May – no sólo por cuestiones estéticas, sino por la imposibilidad de ciertas actitudes dada la personalidad con que se les definió genuinamente – se une el aluvión de acontecimientos apocalípticos que aportan cada vez más confusión e irrealidad a un universo con el que un día tantos nos sentimos identificados, precisamente por su parecido con el nuestro. Esa antigua “apacibilidad” habitual de la “sociedad Marvel”, por lo que a sus ciudadanos normales de refiere, se veía ocasionalmente truncada por inusuales macro-acontecimientos como la llegada de Galactus o la guerra Kree- Skrull. Era precisamente eso, el contraste entre la normalidad y su atípica ruptura lo que conseguía el deseado efecto de fascinación.

Invasión Secreta, Dinastía de “M”, holocaustos diversos a escala mundial, el enésimo Ragnarok asgardiano con implicaciones terrícolas… Sin negar algún que otro retazo de calidad y originalidad en los planteamientos, el hecho de que los “Apocalipsis” acaben menudeando tanto como un estornudo vulgarizan y adocenan inevitablemente un mundo de ficción antaño mucho más cercano y entrañable.

No se trata, en modo alguno, de que un grupo de aficionados “fósiles” reclamemos la vuelta de postulados y situaciones irrecuperables, tanto como la época a la que pertenecieron, sino del deseo de que presente y futuro dimanen directamente de un pasado tan glorioso como el que urdieran Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros genios del ayer, por encima de revisionismos delirantes.

En definitiva, cuando el cielo no se desplome a diario sobre las cabezas de unos personajes irreconocibles, podremos volver a exclamar con orgullo:

¡Excelsior!

José Luis Moreno de León.

16 noviembre 2009

BATMAN R.I.P.

Título: BATMAN R.I.P.
Autor: GRANT MORRISON / TONY DANIEL
Editorial: PlanetadeAgostini
Formato: Libro cartoné, 168 págs., color.
PVP: 16,95€
Edición original: Batman y Batman R.I.P. Deluxe Edition Hardcover nº 676-681 USA

Tras cómics del calibre de EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO (antes SEÑOR DE LA NOCHE, depende de la edición), LA BROMA ASESINA y ARKHAM ASYLUM, entre otros de una más o menos larga lista de títulos estimables surgidos de DC Cómics en las últimas dos décadas (casi tres) y protagonizados por BATMAN, no esperaba encontrar ninguna nueva vuelta de tuerca interesante al concepto del hombre murciélago, a sus motivaciones y personalidad. Más bien me conformaba con leer de vez en cuando alguna aventura entretenida del cruzado enmascarado que repetiría sin duda fórmulas comunes empleadas antes con mayor o menor acierto, como es habitual en esto de los cómics de superhéroes.
Sin embargo, en BATMAN R.I.P. la habitual imaginación desbordante de Grant Morrison, que parece inagotable en profusión de pequeñas y atractivas ideas que arropan barrocas tramas como las de la maxiserie (o colección de siete miniseries más especiales) de LOS SIETE SOLDADOS DE LA VICTORIA o CRISIS FINAL - por poner dos ejemplos recientes de su dilatada trayectoria de escritor - aporta a la serie regular de BATMAN un revulsivo interesante, en un ejercicio de retrocontinuidad sugerente que revisa momentos convenientemente escogidos de toda la trayectoria del señor de la noche desde sus primeros cómics hasta el presente para, colocándolos bajo un prisma diferente, hilar una trama orientada a descomponer a Bruce Wayne y su alter ego, destruyéndolo desde su propia simiente en el callejón del crimen sin desvirtuarlo y proponiendo un tono de irrealidad que lleve al lector a entrar en el juego que se le ofrece sin que el fan más purista se lleve las manos a la cabeza por las pinzas de la historia que sutilmente hurgan en las profundas heridas del origen del personaje, con momentos hilarantes tan sencillamente inspirados y plasmados con habilidad por Tony Daniel (más entintadores y coloristas, entre otros, que los cómics como el cine son casi siempre un arte de equipo) como el del BATMAN de ZUR-EN-ARRH en una cornisa charlando con unas gárgolas y el duende Batmito.
Con probable seguridad no es una gran novela gráfica como los títulos mencionados que abren esta reseña, y tampoco creará la polémica de la saga PECADOS DEL PASADO ,de J. M. Straczynski y Mike Deodato - a los lápices- , que convulsionó el pasado clásico de SPIDERMAN durante una temporada.
Es una lectura que se sigue con interés y provoca ganas de más. Además la bonita y manejable edición en tomo de BATMAN R.I.P., aunque puede leerse de forma aislada, delata claramente que está ubicada en un trama de largo recorrido en la actual serie del personaje, por lo que para su total comprensión es necesaria la lectura de números anteriores de la misma, especialmente los que sirven de prólogo a la saga, aunque no sobraría tampoco la revisión de todos los ejemplares escritos por Morrison en la actual etapa y echarle un ojo a los números clásicos revisados por él para la presente historia, que tiene una conclusión más que abierta a seguir generando nuevas desventuras para los habitantes disfrazados de Gotham.

J. A. Santiago

14 noviembre 2009

TREINTA AÑOS DE COMIX

El catálogo de La Cúpula, iniciado en 1979 y construido pacientemente a lo largo de las últimas tres décadas, es probablemente el más claro resumen de las tendencias de la historieta de ese mismo periodo. Para los amantes de lo nuevo, de lo que se cuece en el instante presente, la barcelonesa ha sido –y en buena parte sigue siendo– la editorial por antonomasia. Frente a propuestas más conservadoras, la línea de Berenguer y los suyos ha apostado desde siempre por una ética del descubrimiento, nacional y foráneo, y por la complicidad estética con los círculos underground o el hermanamiento de intenciones con las cabeceras de más riesgo de Europa, Estados Unidos o Japón.
Joven, contemporánea, elegante sin quererlo y a veces cutre –eso sí, de vocación–, la revista El Víbora (diciembre, 1979-enero 2005), primera publicación de la casa, fue el buque insignia que catapultó a Max, Martí, Nazario y Gallardo, y por sus páginas circuló un verdadero quién es quién de la historieta española que incluyó firmas tan significativas como las de Mauro Entrialgo, Miguel Ángel Martín o Álvarez Rabo. A lo largo de sus 300 números, la subtitulada revista de Cómix para supervivientes acercó al lector español lo más cañero del panorama alemán, estadounidense, francés, británico, italiano... Y cuando la tan cacareada crisis del mercado adulto del tebeo fue fulminando, una por una, todas las publicaciones que poblaban los quioscos, El Víbora volvió a reinventarse sacando el erotismo a pasear en portada y abriendo sus puertas al manga –que se había asomado ya tímidamente desde los orígenes mismos de la revista con uno de sus más geniales representantes: Yoshihiro Tatsumi–. Elasticidad frente a rigidez, la subsistencia por encima de todo. Aunque al final de la historia, como era previsible, se hizo realidad el dicho: todo lo bueno –y lo malo– se acaba. Y adiós al magazine.
Desde entonces, y dejando a un lado la monótona y exitosa cabecera erótica Kiss Comix, La Cúpula ha ofrecido una extraordinaria selección de álbumes que reflejan un gusto astuto, amplio y, en no pocas ocasiones, arriesgado. Centrándonos, por poner sólo un ejemplo, en el alternativo estadounidense, cuna de la novela gráfica contemporánea, la variedad de nombres que figuran en las filas de la editorial es amplísima y de alta calidad: Allison Bechdel, Gabrielle Bell, Jeffrey Brown, Kim Deitch, Evan Dorkin, Debbie Drechsler, Phoebe Gloeckner, David Lapham, Jason Lutes, Cathy Malkasian, Joe Matt, Tony Millonaire, Harvey Pekar, Nathan Powell, Ted Stern, James Sturm y Adrian Tomine son algunos de los nombres que vienen a sumarse a los de celebridades como Peter Bagge, Chester Brown, Charles Burns, Daniel Clowes, Robert Crumb, los hermanos Hernández o Gilbert Shelton, extensamente publicados por La Cúpula. Contar con todos ellos en un mismo catálogo es un privilegio al alcance de muy pocos. Y, como he señalado antes, se trata de un ejemplo.
Visión, valentía y eclecticismo. Después de treinta años, La Cúpula es el referente editorial de nuestro país en el campo de los tebeos y una de las mejores escuelas para estudiar el medio. ¿He dicho una de las mejores? No, la mejor.

Javier Fernández

07 noviembre 2009

PERMANEZCAN A LA ESCUCHA

Título: EL OTRO MUNDO
Autor: MIGUEL BRIEVA
Editorial: MONDADORI
Páginas: 144
PVP: 16,90 €

El surgimiento de Miguel Brieva (Sevilla, 1974) en la escena intelectual española demuestra que, pese al intenso olor a podrido, no está todo perdido.
He aquí un librepensador, o un libreprensador –parafraseando el estilo de Brieva– que podría ser algo así como el partidario de la doctrina que utiliza la razón para apretar las cosas en la prensa. Una prensa, la del autor de El otro mundo, que se asemeja a esas otras de los grandes Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio, dos de nuestros más genuinos intelectos, influencias confesas del sevillano y que, en sus propias palabras, no han permitido “como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral” –el hedor al que antes hacía mención–.
Al leer a Brieva uno recuerda las enseñanzas de García Calvo acerca del individuo y su desempeño en el nefasto y deshumanizado mundo actual, que se vacía a ojos vista de objetivos colectivos en favor de los movimientos unísonos: “Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos los demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien que se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta”. Sí, podría haber sido Agustín, pero era Miguel, entrevistado en Generación XXI. Y entiéndase que cuando digo el mundo, quiero decir el nuestro, Occidente, porque no es que otro mundo sea posible, es que existe realmente a la vuelta de la autoproclamada civilización, y resulta ser más numeroso y mucho más interesante que el nuestro.
Y hay también trazas de la incómoda rebeldía de Ferlosio, esa estúpida valentía del escritor lúcido, en la subversión continua de los mensajes acomodaticios por parte de Brieva, en el esclarecimiento que provoca su mirada, la inteligente y continua construcción de estampas de la estupidez humana –Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, ¿recuerdan?– que casi siempre resultan de invertirlos estereotipos, de representar lo que se piensa si se piensa del revés. Y claro, el resultado más que un chiste es un cuadro hiperrealista. Porque, y cito de nuevo: “Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?”.
Y ahora que caigo, aún no he dicho que Brieva es humorista, aunque yo lo considero más bien un moralista, no por marcar el camino que debemos seguir sino por señalar las grietas del camino que seguimos. Y sí, qué duda cabe, es divertidísimo.


Javier Fernández

03 noviembre 2009

NO SOPORTO MI VOZ

Título: CALLING YOU
Autor: OTSUICHI (guión) y HIRO KIYOIHARA (dibujo)
Editorial: GLÉNAT
Páginas: 200
PVP: 8.95 €

En el epílogo de Calling you, su guionista confiesa: “Escribí esta historia con el objetivo de llegar a hacer algún día algo tan bueno como la novela de Jack Finney La carta de amor”. Y precisamente La carta de amor –relato, que no novela, publicado por primera vez en The Saturday Evening Post en 1959, ignoro si el fallo es de Otsuichi o de la traductora– contiene una frase que viene muy al caso para comentar el tomito editado por Glénat: “Estoy seguro que lo que pasó no hubiese pasado en absoluto si me hubiese sentido de otro modo”.
La carta de amor narra la extraña comunicación que se establece entre Jake Belknap, un joven soltero de 24 años que vive en el Brooklyn de 1959 y una tal señorita Helen Elizabeth Worley, habitante también de Brooklyn pero en la década de 1880. La relación entre ambos se produce mediante el escritorio adquirido por Belknap en una tienda de antigüedades, el mismo que perteneció a Helen casi ochenta años antes. Escondida en un compartimiento secreto, Belknap halla una vieja carta de amor fechada el 14 de mayo de 1882 y escrita al aire por la señorita en cuestión que él, embargado por una extraña y algo ominosa sensación, se decide a contestar formalmente, esto es, echando la respuesta al correo.
Y he aquí que no hay más motivación que el impulso de hacerlo, un sentimiento sin explicación, lo que, en una fantasía menos sutil, correspondería a un encantamiento. Dice también Finney –quien, por cierto y para el que no lo sepa, es el autor de la estupenda novela Los ladrones de cuerpos, la misma que ha generado una ristra de adaptaciones cinematográficas–: “La noche es un periodo extraño; las cosas son distintas de noche, como todo ser humano sabe muy dentro de sí”. Obviamente, la carta de Belknap acabará en manos de Helen, y aquel encontrará un segundo cajón secreto y una nueva carta, y... pero mejor se leen el cuento, ¿no?
Pues bien, lo que quería decir es que Calling you no puede explicarse –ni disfrutarse– sin ese mismo sentimiento inexplicable, esa suspensión de la credibilidad que en este caso toma la forma de anhelo adolescente: una chica, Ryô, estudiante de instituto, que carece de móvil y soporta una especie de exclusión social por parte de sus compañeros se obsesiona con tener uno, y lo imagina con tanto detalle que acaba contactando mentalmente –vía “telefónica”– con una mujer, Harada, y con otro chico, Nozaki, todos separados temporalmente entre sí.
La noche aquí, el periodo extraño de Finney, no es otro que la adolescencia, y el personaje de Otsuichi raya la oscuridad. Como le confiesa a Nozaki: “La verdad es que odio mi voz. Me pone enferma, no puedo oírla. ¡Tanto que me rajaría la garganta si pudiera!”. Nozaki, como cabe esperar, tratará de levantar el ánimo de Ryô, pero el final de Calling you juega con lo inesperado y el manga –apoyado en los bellos dibujos de Hiro Kiyohara– acaba funcionando como retrato de la deriva de una generación hipercomunicada.

Javier Fernández

26 octubre 2009

UNA HERMOSA ADAPTACIÓN

Título: CORALINE
Autor: P. CRAIG RUSSELL
Editorial: ROCA
Páginas: 186
PVP: 18 €

Coraline es la adaptación gráfica de la celebradísima y multipremiada novela homónima del británico Neil Gaiman (Portchester, 1960), que data de 2002 y que en el año en curso ha saltado a la gran pantalla, al musical e incluso al lenguaje binario de los videojuegos. El cómic vino un poco antes, en 2008, luego les hablo de él.
La reputación de Gaiman se cimentó precisamente en el mundo de la historieta, allá a finales de la década de 1980 cuando el impacto del también británico Alan Moore permitió el desembarco en la industria estadounidense de una oleada de firmas procedente de las islas. Concretando y por simplificar, su éxito puede atribuirse a los 75 números que componen The Sandman (1989-1996) –especiales y novelas gráficas aparte–, una larga saga de fantasía de la editorial DC protagonizada por Morfeo, Señor de los Sueños, quien es liberado en la actualidad luego de permanecer siete décadas prisionero por causas místicas y que, desde ese momento, ofrece al lector un colorido periplo por diversos mundos de la imaginación –incluido el nuestro, en diferentes épocas– caracterizado por el ingenio, la mezcla de géneros, la acumulación de referencias literarias y el eclecticismo estético. Lo cierto es que, más allá del fárrago y la artificialidad de muchos de sus pasajes, la serie contiene diversos destellos de brillantez y una eficacia modélica que le hizo granjearse una excelente recepción crítica y un interés aún mayor por parte del público.
Convertido en autor de culto desde entonces, recubierto de una pátina de prestigio, su trayectoria es la de un escritor correoso que dispone de buenas ideas, un estilo bien definido y un pequeño aunque sobradamente probado arsenal de recursos narrativos que combina con una importante dosis de autocomplacencia, un excesivo gusto por el truco argumental y un abuso del pastiche. En mi opinión, casi todos sus trabajos resultan atractivos en una primera lectura, pero pocos de ellos interesan en la segunda. Y es que Gaiman, tan dado al uso decorativo de símbolos y motivos, es cualquier cosa menos denso.
Pero no quiero dar una falsa impresión. Hablamos de un tipo listo al que hay que reconocer su filiación con palos del género de la fantasía que no siguen los gastados cánones de Tolkien –algo muy de agradecer, pues Tolkien sólo hay uno–, posee un lenguaje fluido y cierto sabor, no muy penetrante pero bien definido. Y Coraline es uno de los mejores ejemplos de su literatura, un libro infantil que juega acertadamente la baza del terror.
En fin, como quiera que de lo que se trataba de hablar aquí era del tebeo de P. Craig Russell (Ohio, 1951), premio Locus 2009 al mejor libro de arte y premio Eisner 2009 al mejor álbum juvenil, y no de la novela, y puesto que se me ha acabado el espacio, trataré de resumir tras los dos puntos el trabajo de este esteticista –un Ditko domesticado– especializado desde hace años en tareas de adaptador: Magnífico.

Javier Fernández

19 octubre 2009

“EL CIELO QUE CUBRE LA PATRIA MÍA”

Título: CARLOS GARDEL. LA VOZ DE ARGENTINA
Autor: MUÑOZ & SAMPAYO
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 64
PVP: 9,95 €

El arte de los argentinos José Muñoz (1942) y Carlos Sampayo (1943) es incomparable. Por separado han realizado trabajos notables pero juntos, amalgamados ambos en la firma Muñoz & Sampayo, constituyen uno de los hitos principales de esta forma de expresión que es la historieta. Hablar de Muñoz & Sampayo, dibujante y guionista respectivamente, es hablar de una leyenda viva que engrandece el medio y lo reinventa en una obra rica y extensa jalonada de obras extraordinarias. A ellos se deben trabajos capitales de la historia del cómic como la serie Alack Sinner, sobresaliente de principio a fin, compuesta hasta la fecha por ocho volúmenes, algunos de los cuales, como Encuentros y reencuentros o Nicaragua, podrían ser utilizados para delimitar la excelencia. O Sophie y Sudor sudaca, dos álbumes dolientes, de belleza extravagante y bastarda, intercontinental, que mira a los ojos a su ascendiente occidental con rasgos –rostro, voz, olor, color de piel– completa y rabiosamente criollos.
Editada originalmente en francés en 2008, Carlos Gardel. La voz de Argentina es la traducción a nuestro idioma –aprovecho desde aquí para agradecer la edición a Planeta– de la nueva colaboración del dúo, un trabajo que ofrece cierta transparencia en comparación con las mejores obras del equipo creativo pero que se sitúa a altísimo nivel, gráfica y literariamente.
El Gardel de Muñoz y Sampayo es, en palabras de ambos: “nuestra declinación de la vida de Carlos Gardel, y cuando decimos declinación no queremos insinuar que se trata de una interpretación, sino más bien de una obra artística basada en aspectos de la vida de un artista”. La anécdota narrativa toma como punto de partida un debate televisivo en torno al cantante mantenido por el doctor Delfín Leocadio Barrasa, “la mayor autoridad mundial sobre Gardel”, y Horacio Herrera Schwartz, un sociólogo especialista en identidad nacional, que es, a su vez, visto por diversos espectadores entre los que destaca un tal Romualdo Nerval, imitador de Gardel. La mirada poliédrica permite a los autores ir acotando distintas escenas del ídolo en formación desde diversos puntos de vista, sin dar nada por sentado. Y este parece ser el sentido último del análisis propuesto: la ambigüedad. Gardel murió en Colombia en un accidente de aviación pero quizá fue en realidad asesinado por Nerval; Gardel canta para los políticos conservadores pero también para los comunistas; su relación con las mujeres puede sugerir una homosexualidad aunque quizá se trate sólo de un respeto beatífico a la figura materna; o, dicho de otro modo, el que será símbolo nacional ¿nació en Argentina? ¿En Francia? ¿En Uruguay?
Y es que, en última instancia, esta libre aproximación al “argentino ideal” encierra, por vía de la especulación estética, una meditación sobre la propia identidad de Argentina: “Barrasa: Algunos testigos demuestran que Gardel había puesto muy alto el listón de la identidad nacional. Herrera S.: ¿Nacional, de qué nación?”.

Javier Fernández

13 octubre 2009

UN PUÑADO DE GRANDES TEBEOS

Hoy, sin más, me gustaría compartir con ustedes un desordenado vistazo a las publicaciones recientes de Glénat, la filial española de la editorial gala fundada por Jacques Glénat a comienzos de la década de 1970.
Observando las novedades del año en curso –y procurando no retroceder demasiado– uno encuentra virguerías como la edición integral en un tomo de las páginas ácidas e iconoclastas de León el terrible, de Wim T. Schippers y Theo Van Den Boogard, aquella estupenda serie de humor absurdo y sin concesiones que aquí pudimos leer dentro de cabeceras como Cairo y Tótem –qué tiempos aquellos–. León iluminó mi juventud con su estúpida lucidez, y me hace realmente feliz volver a verlo por estos lares. Mayor respeto aún produce la reedición en un solo tomazo de Sambre, de Yslaire y Balac –este último aparece sólo en los inicios de la serie, comenzada en 1986–, un drama histórico de atmósfera gótica y voluntad romántica, melancólico y apasionado, situado en épocas de la revolución francesa y que es, sencillamente, uno de los tebeos más extraordinarios, delicados y hermosos que ha dado el cómic europeo en las últimas décadas, quizá a lo largo de su historia.
Siguiendo con las reediciones, Glénat ha devuelto a los anaqueles Los náufragos del tiempo, otra emblemática serie europea de los 70 y 80, debida en este caso a Paul Gillon y a un siempre histriónico Jean-Claude Forest –que firma el guión de los cuatro primeros episodios–, desaliñado y sin complejos. En total son diez álbumes, recopilados ahora de dos en dos, de una magnífica space opera futurista cuya primera edición española quedó interrumpida hace más de veinte años y que desde aquí recomiendo vivamente por su loca inventiva, su calidad creciente y la elegante finura del trazo de Gillon.
Cambiando el tercio, del mangaka Suehiro Maruo ha visto la luz La extraña historia de la isla Panorama, adaptación de la novela homónima del escritor Ranpo Edogawa que me atrevo a incluir en esta lista sin haber tenido aún oportunidad de leer por la fascinación que despierta en mí este autor raro y perverso al que sigo incondicionalmente. Furioso y truculento, el arte de Maruo marca, en mi opinión, una de las cimas del manga contemporáneo con su imaginería transgresora, sangrienta y perturbadora. De cualquier modo, en esta ocasión, el artista nacido en Nagasaki abandona los motivos habituales y se explaya tiernamente en un estilo puramente esteticista.
Y para acabar, incluyo en mi repaso la colección en cuatro volúmenes The One Pound Gospel, de mi adorada Rumiko Takahashi, que, de las obras citadas, es la que más tiempo lleva en las librerías. Comedia romántica protagonizada por un joven boxeador y una monja, The One Pound Gospel es un ejemplo más de la formidable calidad de la autora de Maison Ikkoku, quien vuelve a desplegar aquí una narrativa aparentemente sencilla pero que esconde esa maestría incomparable que la sitúa entre los más grandes creadores de este arte llamado historieta.

Javier Fernández

03 octubre 2009

CLAROSCURO MENTAL

Título: TRÁGAME ENTERA
Autor: NATE POWELL
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 220
PVP: 20 €

El caso es que andaba yo dudando entre escribir una crítica discreta de Trágame entera o pasar directamente del tema, pues confieso que la lectura de la primera novela gráfica de Nate Powell (Arkansas, 1978) me ha dejado bastante indiferente, cuando al revisar el palmarés del citado tebeo encuentro que va camino de convertirse en una de las obras mas celebradas de los últimos tiempos.
Apunten: ganadora del premio Ignatz al debut más destacado de 2008, ganadora del premio Eisner de 2009 a la mejor novela gráfica original –premio en el que también estuvo nominada en las categorías de mejor dibujante y mejor rotulado–, finalista del Los Angeles Times Book Prize –y ojo aquí, que Trágame entera es la primera novela gráfica que logra entrar en esta lista desde la inclusión del mismísimo Maus de Art Spiegelman en 1992–, nominada al premio de la Young Adult Library Services Association (YALSA) de 2010 a la mejor novela gráfica para jóvenes y, cerrando el círculo, ganador de nuevo del premio Ignatz, pero esta vez en la reciente convocatoria de 2009 y en la categoría de mejor dibujante.
Y bueno, les dejo ahí el párrafo anterior –un poco densillo, no nos engañemos– para que vean que uno hace las tareas y también para que conste que el álbum en cuestión es una de las sensaciones de la temporada. Dicho lo cual, me pongo a lo mío que, en este caso, es opinar.
Sin querer restar méritos a la narrativa ordenada y fluida de Nate Powell, Trágame entera adolece desde mi punto de vista de la intensidad necesaria para sacudir y embriagar al lector y del vuelo propio de una gran obra. Ingredientes que sí caracterizan, por ilustrar el asunto, a dos novelas gráficas de la última década tan impactantes como Blankets, de Craig Thompson, y Agujero negro, de Charles Burns. Traigo estas a colación porque, con ambas, el trabajo de Powell guarda relación temática: el análisis del aislamiento de unos jóvenes con taras comunicativas y de integración social; si bien el hilo que une Trágame entera con el trabajo de Thompson traspasa lo temático para alcanzar también una cierta filiación estética.
De todas ellas, no me cabe duda que es la historieta de Burns la que habita a mayor altura por su capacidad metafórica y su magistral y sofocante atmósfera que, siendo irreal, nos obliga a considerarla en plano de igualdad con la realidad. El libro de Thompson es emocionante y sentimental, y está apoyado en el alarde expresivo del autor. Pero lo de Powell, lo he dicho antes de otra manera, falla en la construcción de la metáfora: una pareja trivial de hermanastros adolescentes azotados por la enfermedad mental que se refugian en una serie de trastornos compulsivos de lo más anodinos –nótense los adjetivos trivial y anodino–; y también falla en la expresión: eficaz, delicada si se quiere, pero tibia en exceso, carente del ardor o el frío que, en definitivas cuentas, separa la mediocridad de las cotas elevadas.

Javier Fernández

28 septiembre 2009

HACE UN MILLÓN DE AÑOS (II)

Título: TOR
Autor: JOE KUBERT
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 160
PVP: 12,95 €

Además de la miríada de títulos de los multimediáticos Batman y Superman, de los superhéroes que comparten universo creativo con esos dos y de fenómenos editoriales de autor como Watchmen, The Sandman y otras series de la línea Vertigo, todos ellos pertenecientes al fondo de DC Comics, Planeta –poseedora desde hace años de los derechos de traducción al español del inmenso y valioso catálogo de la editorial neoyorquina– ha incrementado considerablemente la oferta con respecto a lo que nos tenían acostumbrados las anteriores editoriales encargadas de la franquicia, trasladando a nuestro mercado un buen número de cabeceras comercialmente menores pero de calidad artística notable, cuando no sobresaliente, así como múltiples reediciones de algunos de los clásicos producidos por DC a lo largo de las décadas y que forman ya parte significativa de la historia del cómic.
Con formatos de los más diverso, una política de precios extraordinariamente competitiva y una labor editorial que combina cariño y acierto con descuidos impropios de una gran editorial –que van desde el pixelado de páginas hasta el baile de textos en los bocadillos o la impresión de textos inacabados por el traductor, por nombrar algunos de los más fallos más peculiares–, uno agradece la creciente ola de novedades y que, gracias a ella, se pueda acceder a obras de la hermosura de este Tor, recopilación de los seis números que componen la, hasta la fecha, última miniserie protagonizada por el personaje prehistórico creado en 1953 por Joe Kubert, y al que el maestro se sigue dedicando esporádicamente de tanto en tanto. Y se agradece aún a pesar del tamaño rácano e inapropiado del volumen, que tan poca justicia hace al festival gráfico y la exuberante propuesta argumental de Kubert.
Aun comprendiendo la decisión de Planeta, decidida firmemente a apostar –lo he dicho antes–por la contención en el precio, me pregunto si no habría sido más acertado dotar a la edición de un mayor tamaño y mejor encuadernación para señalar al lector que se halla frente a una obra singular y de culto salida del pincel de uno de los pocos gigantes del medio que aún se encuentra en activo, más en la estela de los tomos aparecidos en su país de origen y que recopilan el puñado de historias que componen la totalidad de la producción de Tor.
Sea como sea, Tor es una lectura deliciosa y altamente recomendable para todo amante de la aventura a lo E. R. Burroughs o Robert E. Howard –más el primero, por voluntad y estilo, que el segundo, pero también hay algo de este último en el continuo y amargo contraste entre el individuo y el grupo– y, por supuesto, para cualquier paladar que aprecie una recital narrativo de alto octanaje, tan soberbio que puede leerse con sorprendente claridad siguiendo sólo las imágenes y prescindiendo de los textos de apoyo.

Javier Fernández

23 septiembre 2009

HACE UN MILLÓN DE AÑOS (I)

Título: TOR
Autor: JOE KUBERT
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 160
PVP: 12,95 €

Con más de seis décadas de profesión a sus espaldas, Joe Kubert (1926), polaco nacido en Yzeran y emigrado a Brooklyn a la edad de dos meses, es una de las leyendas vivas del medio, y su estilo, mezcla de exuberancia y sobriedad, estilizado dinamismo y el rigor y la personalidad propios de un maestro del dibujo, consta entre los más influyentes e imitados de la historia del cómic. Su firma tiene el alcance de la de clásicos como Will Eisner, Jack Kirby o Alex Toth y, como estos, Kubert ha formado parte del proceso de modernización de la historieta estadounidense posterior a la creación y desarrollo del cómic de prensa a manos de los denominados pioneros y ligado a la invención de los formatos actuales como el comic-book o la novela gráfica.
Su carrera, comenzada a la tierna edad de once años, abarca el sinfín de géneros propios de las distintas etapas por las que atravesó la industria desde finales de la década de 1930: policíaco, fantacientífico, romántico, de terror, western…, una larga lista en la que brillan con luz propia sus aportaciones al género bélico en títulos como Our Army at War, GI Combat o Star Spangled War Stories, cabeceras de la editorial DC Comics popularizadas por personajes como el oficial de la segunda guerra mundial Sgt. Rock o el As Enemigo, una particular versión del Barón Rojo de la Gran Guerra, y, también para DC, un buen número de inolvidables páginas de aventuras medievales para Viking Prince o las fantasías superheroicas de personajes como Hawkman, Batman o Flash, sin olvidar su magnífica contribución gráfica a la leyenda de Tarzán.
Más recientemente, su firma también se ha sumado al mercado de la novela gráfica, al que ha contribuido desde 1991 con títulos como la celebrada Fax from Sarajevo (1996), emocionante y multipremiado relato que parte de las comunicaciones reales vía fax entre Kubert y el agente de cómics Ervin Rustemagic durante el conflicto balcánico, Yossel: 19 de abril de 1943 (2003) y Gánster Judío (2005). Ingresado en el Jack Kirby Hall of Fame de los premios Harvey en 1997, y en el Will Eisner Comic Book Hall of Fame en 1998, ningún apunte biográfico sobre Joe Kubert puede obviar la intensa y prolongada labor docente que ha desarrollado en el campo del dibujo para cómic desde que, en 1976, fundara la Joe Kubert School of Cartoon and Graphic Art, cuna de varias generaciones de artistas.
En cuanto a Tor, uno de sus personajes más carismáticos, es una creación original del propio Kubert, desarrollada intermitentemente en un escaso puñado de tebeos desde su debut en 1.000.000 Years Ago (1953), título de la compañía St. John Publications para la que el autor desarrolló también labores editoriales y en donde, junto a los hermanos Norman y Leonard Maurer, Kubert produjo, en 1952, el primer comic-book en 3-D de la historia.

Javier Fernández

18 septiembre 2009

LA ETERNA ADOLESCENCIA

Título: ZOT! (Vol. 1 y 2)
Autor: SCOTT McCLOUD
Editorial: ASTIBERRI
Páginas: 280/u
PVP: 20 €/u

Valorado, sobre todo, por su labor teórica –concretada en tres extraordinarios ensayos gráficos: Entender el cómic (Astiberri, 2005), La revolución de los cómics (Norma, 2001) y Hacer cómics (Astiberri, 2007)–, Scott McCloud (Massachussets, 1960) se dio a conocer a mediados de la década de 1980 con Zot!, una aseada serie de culto publicada en origen por la malograda editorial independiente Eclipse en dos etapas diferenciadas. La primera, de 10 números impresos en cuatricromía comenzó su andadura en abril de 1984; y la segunda, otros 26 tebeos en blanco y negro que continuaron la numeración interrumpida en 1985, estuvo a la venta entre 1987 y 1991.
Precisamente estos últimos, que permanecían inéditos en nuestro idioma, son los que ahora recopila Astiberri –a excepción del 19 y el 20, abocetados por McCloud pero dibujados por Chuck Austen, y sin las historietas de complemento perpetradas por el ingenioso autor de minicómics Matt Feazell– en dos tomos que traducen el reciente y grueso volumen de HarperCollins, dividiéndolo matemáticamente por la mitad. Para la ocasión, el autor ha considerado conveniente realizar determinadas correcciones e incluir una multitud de comentarios que informan puntualmente de sus motivaciones y aspiraciones durante la confección de la serie, revelando asuntos autobiográficos del texto y de su situación personal, toda vez que se disculpa aquí y allá por la falta de recursos estilísticos y narrativos con que acometió Zot!
Si en lo formal McCloud muestra en la serie su aprendizaje a base de adaptar al lenguaje del cómic estadounidense muchas de las dinámicas visuales propias del manga, en lo temático se parte de la improvisación y el desenfreno para acabar centrando el asunto en la cotidianidad y el intimismo de un conjunto de personajes adolescentes, con una creciente conciencia de autor y una querencia por el realismo que hace innecesaria la presencia del superhéroe y orienta finalmente la serie hacia el indie.
Lo cierto es que Zot! es un tebeo distraído y fresco, simpático y naif, cuya ingenuidad característica se beneficia de la bisoñez del joven McCloud, pues cualquier intento de tomar demasiado en serio las aventuras de este adolescente volador llegado de otra dimensión, candoroso, optimista y carente de complejos, hubiese privado a la serie de toda su ternura y encanto. Máxime si tenemos en cuenta que el desarrollo de la misma aconteció durante los años en que la industria se decidió a dinamitar el concepto de superhombre con la publicación de inspirados y oscuros trabajos de Frank Miller y Alan Moore, entre otros. Quiero decir con esto que, frente a las distopías de Watchmen o Dark Night Returns, la mirada de McCloud es luminosamente utópica y desenfadada, algo que pilló por sorpresa a casi todo el mundo en su momento y derivó en las diversas nominaciones a los premios Eisner y Harvey cosechadas por Zot!

Javier Fernández

07 septiembre 2009

REESCRIBIENDO EL SUEÑO

Título: OMEGA EL DESCONOCIDO
Autor: JONATHAN LETHEM (guión) y FAREL DARLYMPLE (dibujos)
Editorial: PANINI
Páginas: 256
PVP: 25 €

Fabricado en la década de 1960 por el impulso creador de Stan Lee y Jack Kirby –y de un escaso pero crucial Steve Ditko–, el universo Marvel se expandió y desplegó durante los años 70. A grandes rasgos, la estrategia esgrimida por los artistas implicados en este proceso se me antoja triple: por un lado se continuaron los conceptos, entornos y aventuras de los personajes originales; por otro, la compañía se apropió de ideas ajenas para incorporarlas a su propio torrente –me refiero a héroes pulp como Conan, Doc Savage o Fu Manchú, y a iconos literarios que van desde Drácula o Frankestein hasta los mismísimos marcianos de La guerra de los mundos–; y, por último, la cosmología de ficción se enriqueció con hallazgos originales, emulando la actitud primera de la compañía y yendo más allá de la mimetización de los logros heredados.
Uno de los escritores más aventajados e imaginativos de la entonces nueva y emergente generación fue Steve Gerber (1947-2008), poseedor de un estilo alucinado y paródico que prefiguró algunos de los motivos del cómic independiente de décadas posteriores. De su paso por Marvel quedan singularidades como el irreverente pato Howard o el malogrado Omega, protagonista de una serie de tintes oníricos y corta existencia –diez números entre 1976 y 1977–. Aparte de las situaciones derivadas de la inevitable presencia de un enigmático superhéroe llamado Omega, el verdadero conflicto de la serie es la confrontación entre un muchacho “criado para funcionar más con el intelecto que con la emoción” –citando al propio Gerber– y el ambiente hostil de los barrios bajos de Manhattan.
A pesar de su fracaso comercial, Omega el Desconocido logró excitar la fantasía de un infante Jonathan Lethem, futuro novelista ganador del National Book Critics Circle Award con Huérfanos de Brooklyn (1999) y autor, por ejemplo, de La fortaleza de la soledad (2003), quien, tres décadas después de la serie original, nos presenta una relectura delicada y reverencial, repleta de ideas y recursos literarios, y que viene apoyada por el grafismo de dos raros como el dibujante Farel Darlymple y el colorista Paul Hornschemeier –con la impagable aportación del genialmente radical Gary Panter, quizá el último nombre que uno esperaría encontrar en los créditos de un tebeo Marvel–, cuyo arte monótono y ordenado, indie por antonomasia, logra transmitir al texto un elemento de inquietud y desasosiego que, si bien elimina la emoción y el misterio del primer Omega, dota a esta segunda oportunidad de una curiosa y apreciable densidad y una plasticidad muy por encima de la media de publicaciones mainstream.
El resultado es un extravagante híbrido, a medias entre lo literario y lo plástico, entre lo comercial y lo independiente, al que merece asomarse y que es fiel reflejo, desde el corazón de la industria, del estado de agitación del nuevo cómic estadounidense.

Javier Fernández

17 agosto 2009

SUPERMAN EN ESENCIA

Título: ALL STAR: SUPERMAN
Autor: GRANT MORRISON (guión) y FRANK QUITELY (dibujos)
Editorial: PLANETA
Páginas: 304
PVP: 20 €

La alegórica portada del ahora lejano número 435 de Action Comics (mayo de 1974), obra de Nick Cardy, mostraba a un Superman ceñudo y enfurecido golpeando con sus dos puños cerrados una representación del planeta Tierra apenas mayor que la S del pecho del célebre superhéroe. Mares y continentes salían despedidos en todas direcciones y la leyenda impresa en cubierta rezaba: “¡Cuidado, Tierra! Es el día del Juicio Final cuando Superman grita… ¡Quiero destrozar el mundo!”.
Casi tres décadas y media después, la imagen dibujada por Frank Quitely y Jamie Grant para el número 10 de All Star Superman (mayo de 2008) presenta a un Superman satisfecho y sonriente que contempla otra pequeña esfera terráquea, flotando esta vez entre sus palmas abiertas e iluminando mística, casi religiosamente, el pecho y el rostro del superhéroe. No hay rótulos aquí, sino silencio. El silencio de un dios admirando sus obras.
Y es que si aquella del 74 era la estampa anodina del icono desorientado de la era post-Marvel, el retrato del superhombre a punto de cumplir treinta y seis años de existencia, esta ideada por el peculiar guionista Grant Morrison (Glasgow, 1960) es una especie de interpretación definitiva del mito, que contiene y amplifica el significado y la sustancia de todas las versiones que han forjado el icono conocido como Superman. Así, el protagonista de los doce números de la serie All Star Superman, ahora traducidos y recopilados en un solo tomo por la editorial Planeta, es la quintaesencia de un personaje diamantino pero con pies de barro que supera, quizá por primera vez en su historia, el reto de la evolución, abandonando el estado de ingenua perfección para acabar definitivamente inserto en el parnaso de los mitos.
El Superman de Morrison es un héroe intemporal, dotado de una curiosa motivación: el conocimiento inequívoco de su propia muerte, y se desenvuelve en un entorno de ciencia ficción con el aplomo y la hechura del semidios olímpico que necesita dar por terminadas doce fabulosas tareas antes de pasar a mejor vida. Pero el mundo diseñado por Morrison es también suma de la herencia de siete décadas de tebeos, teleseries, películas cinematográficas, dibujos animados y concepciones de todo tipo alrededor de la musculosa figura voladora venida del planeta Krypton. Y Morrison –asistido por el arte de Quitely y los acabados de Grant– las destila todas ellas con la certeza de que es precisamente el aroma pre-Marvel el que más justicia le ha hecho a Superman. La estructura rinde homenaje al estilo episódico y autoconclusivo y el conjunto progresa en pos de un estudiado sentido de obra, habitual en todo lo de Morrison.
Por una parte, All Star Superman pretende agotar los discursos posibles sobre Superman –y por momentos lo logra–, y, por otra, es un tebeo entretenido, elegante e imaginativo. No hay más mérito en una cosa que en otra.

Javier Fernández

12 agosto 2009

EL REY DEL CÓMIC 2

Título: KIRBY, EL REY DE LOS CÓMICS
Autor: MARK EVANIER
Editorial: ROSSELL
Páginas: 224
PVP: 49,95 €

Cuando se crea el universo Marvel, a comienzos de la década de 1960, Jack Kirby (Nueva York, 1917-California, 1994) posee ya una larga carrera como dibujante. Su trabajo previo es el de un esforzado autodidacta que ha asimilado muchos de los aspectos estéticos de los gigantes del cómic de prensa –los Foster, Raymond o Caniff– y que ha ido desarrollando un sabor propio en comic-books y tiras de prensa de todo tipo de géneros.
La edición en español del trabajo realizado por Kirby durante los años 50 es escasa y bastante errática. Aún así, existen muestras significativas, como la magnífica recopilación de tiras del serial Sky Masters of the Space Force publicada pulcramente por Glénat –y que se beneficia del estupendo entintado de Wally Wood–, algunos ejemplos de cabeceras de tebeos en los que se intuye el potencial posteriormente aplicado en Marvel –particularmente los episodios de Challengers of the Unknown, una suerte de precedente temático y estilístico de Los cuatro fantásticos editado por DC– y las historietas de monstruos y seres sobrenaturales que marcan la transformación de la editorial Atlas en Marvel Cómics.
Con todo, sin la decisiva participación de Kirby en Marvel, su firma difícilmente habría alcanzado el estatus de Rey del Cómic. Junto a Stan Lee, Kirby es el responsable de la creación de casi todos los personajes clásicos de la editorial neoyorkina. La masa, El hombre de hierro, Thor, Los vengadores, La patrulla-X, Daredevil o los citados Cuatro fantásticos nacieron en su paleta de dibujo, y Kirby no es sólo el responsable de su aspecto visual sino de toda una forma de expresión basada en el dinamismo exacerbado y un característico uso del volumen y la composición de página. Apoyado por un puñado de entintadores entre los que destacan Joe Sinnot y Vince Colleta, la línea de Kirby adquiere en Marvel una cualidad inusitada y su narrativa se despliega hasta el límite, convirtiéndose en el lenguaje gráfico por excelencia de los superhéroes. La agilidad, el sentido épico, el gusto por las cosmogonías y los enfrentamientos cósmicos, el cuidado diseño de personajes y ambientes –en los que destaca la visión de tecnologías monumentalmente deformadas– y el incesante contraste entre estéticas primitivas y futuristas son algunos de los rasgos más fácilmente identificables en la herencia de Kirby, que se extiende imparable década tras década.
En su retorno a DC, a comienzos de los 70, así como en su breve regreso a Marvel en 1976, Kirby es ya venerado como el gran demiurgo del género. Luego vendrían los años de decadencia, amargos y teñidos por la inaceptable falta de respeto mostrada por Marvel hacia su obra y su figura, y una última explosión creativa ocurrida dentro del panorama independiente que, pese a su escasa relevancia, muestra a las claras la infinita imaginación de uno de los pilares recientes de la historia del cómic.

Javier Fernández

20 julio 2009

EL REY DEL CÓMIC 1

Título: KIRBY, EL REY DE LOS CÓMICS
Autor: MARK EVANIER
Editorial: ROSSELL
Páginas: 224
PVP: 49,95 €

Estados Unidos, década de 1930. Son los años de la Gran Depresión y el viejo concepto de superhombre sobrevuela insistentemente las calles maltratadas por el paro y la pobreza. El ideal del individuo poseedor de un don sobrenatural, dueño de su destino, admirado por la sociedad, triunfante ante las calamidades es el sueño colectivo de toda una masa desencantada.
Edgar Rice Burroughs relata historias de hombres fuertes y valerosos exiliados en Marte o en Venus, enfrentados a titanes extraterrestres y seducidos por hermosas princesas mientras Robert E. Howard mecanografía la epopeya de un expeditivo bárbaro de épocas ancestrales, empeñado en cuestionar lo que de humano tiene el hombre. Arqueólogos fabulosos, como Doc Savage, y justicieros vengativos, como La Sombra, maravillan con sus aventuras a los radioyentes estadounidenses. Héroes multimedia, como Tarzán o El Zorro, llegan a la gran pantalla, y el cómic, que ya se atreve a probar suerte fuera de los periódicos, da un paso adelante y saca ventaja de los precarios efectos especiales del cine: ha nacido el superhéroe. Y el primer ejemplar de su raza, Superman, es el modelo definitivo.
Los tipos con superpoderes afloran y se desarrollan como iconos del cómic de finales de la década y comienzos de la siguiente, buscando su lugar natural junto a tantos y tantos aventureros de la cultura popular coetánea. Desde entonces, y hasta la era de la revolución digital, el medio de la historieta es el caldo de cultivo propicio para narrar la épica de estos combatientes modernos, virtuales semidioses hechos a medida de las fantasías de la sociedad de consumo. Fieles al diseño original pero modificados convenientemente para satisfacer el gusto de cada época, algunos de aquellos primeros superhéroes han continuado sus andanzas hasta nuestros días, pero sólo un puñado de ellos han logrado insertarse realmente en el imaginario, trascendiendo por encima del resto e incluso de sí mismos. Me refiero a Superman, Batman y al Capitán América, alumbrados, respectivamente en abril de 1938, mayo de 1939 y marzo de 1941.
Criado en la pobreza, hijo de un inmigrante austriaco judío que trabajaba en una fábrica, Jack Kirby –seudónimo de Jacob Kurtzberg (Nueva York, 1917-California, 1994)– fue, sin discusión, el gran arquitecto de la ficción superheroica. La vida en las calles le aportó un gusto particular por la acción, y toda su visión artística posee un vigor excepcional que la hace imperecedera. Creó el Capitán América con el escritor Joe Simon, es decir, participó en la propia confección del género. Con el paso de los años, su fuerte personalidad y su imaginación se concretaron en un talento narrativo fuera de la norma que le merecieron el apodo de Rey del cómic, y su estilo acabó siendo uno de los más imitados del medio a partir de su decisiva intervención en la creación del universo Marvel, junto a Stan lee, a principios de la década de 1960.


Javier Fernández

11 julio 2009

LOS SPIDERMAN DE STRACZYNSKI

Título: BEST OF MARVEL: SPIDERMAN DE STRACZYNSKI, 6
Autor: JOE M. STRACZYNSKI (guión), MIKE DEODATO JR (dibujos).
Editorial: PANINI
Páginas: 144
PVP: 15 €

Citado como uno de los creadores del serial televisivo Babylon 5, Joseph Michael Straczynski (Paterson, 1954) –o JMS como también se le conoce– posee una dilatada carrera en la televisión que incluye su participación en calidad de guionista, coproductor o supervisor de producción en teleseries como Másters del Universo, The New Twilight Zone o Se ha escrito un crimen. Ha trabajado para la industria del cine, es novelista, articulista de publicaciones como Los Angeles Times, Writer’s Digest o Penthouse, y recaló como guionista de cómics en Marvel en 2001 tras haber escrito apenas un puñado de tebeos, en especial dos, ambos editados por Top Cow: Rising Star (24 números, comenzados en 1999) y Midnight Nation (12 números editados entre 2000 y 2002). Al frente de ambas cabeceras, JMS desarrolló elementos del género de superhéroes y de la ciencia ficción, junto con otros más propios del terror y la fantasía, mostrando la pizca justa de brillantez y originalidad, un buen manejo de los elementos narrativos y un excelente sentido del ritmo.
Contratado por el gigante de la edición de cómics de superhéroes para insuflar nueva vida a Spiderman después de que el personaje estrella de la casa hubiese sido maltratado hasta la saciedad por una sucesión de guionistas mediocres –continuamente intervenidos en sus decisiones creativas por el staff editorial–, Straczynski propuso desde su llegada (The Amazing Spider-Man, vol. 2, nº 30, junio de 2001) una labor independiente y fresca. Su versión devolvió al personaje buena parte de la esencia perdida y sorprendió a los lectores al demostrar que el concepto creado por Stan Lee y Steve Ditko en la década de 1960 podía actualizarse y resultar interesante cuarenta años después sin necesidad de ser deformado hasta lo irreconocible.
Straczynski ideó un nuevo elenco de personajes secundarios y reforzó la presencia de los más clásicos para que la serie presentase un aspecto familiar, escribió argumentos ágiles sazonados con diálogos ingeniosos y divertidos y estructuró un desarrollo a medio plazo (hasta The Amazing Spider-Man, nº 508, julio de 2004) que reinterpretaba algunas de las características definitorias del protagonista, dotado a partir de ahora de un parentesco esotérico con las arañas.
La considerada segunda etapa de Straczynski, esta que comienza con el volumen 6 de la edición en tomo de Panini o, lo que es lo mismo, el nº 509 de The Amazing Spider-Man, es un camino largo y embarrado, marcado sobre todo por argumentos polémicos y decisiones artísticas que encubren estrategias de marketing e imposiciones editoriales. Hasta su marcha, en 2007, Straczynski prácticamente no dejó títere con cabeza y logró diluir casi por completo el grato recuerdo de sus primeros números.
Analizar esta misteriosa inversión es el único motivo que se me ocurre para sugerir a alguien su lectura.

Javier Fernández

06 julio 2009

ESPADACHINES Y MANSIONES ENCANTADAS


Para el lector curtido, resulta insólito el buen trabajo editorial que está realizando Dark Horse en su línea de versiones gráficas de la obra de Robert E. Howard, el célebre y malogrado creador del icónico Conan el bárbaro entre otros tantos personajes. Bajo el sello Robert E. Howard Official License, y tras el éxito de público y crítica de la labor desarrollada con Conan, Dark Horse ha ampliado la oferta relacionada con los escritos del autor texano, con una acertada elección de equipos creativos y un pulcro respeto por el tono y los conceptos originales.

Con fecha de noviembre de 2008 vio la luz el primero de los seis números mensuales de que consta la adaptación del relato seminal de Kull, The Shadow Kingdom, a cargo del escritor Arvid Nelson y el dibujante Will Conrad, con la aportación del argentino José Villarrubia en la paleta de colores. El resultado es un cómic impactante, muy distinto de anteriores aproximaciones al personaje, y que, por primera vez, posee un sabor propio que diferencia estética y narrativamente sus aventuras de las del famoso cimmerio. Unos meses antes, en septiembre de 2008, Dark Horse comenzó la edición en cinco partes de The Castle of the Devil. El editor y guionista Scott Allie, el ilustrador Mario Guevara y el multipremiado colorista Dave Stewart dan forma a esta historieta sangrienta y repleta de criaturas sobrenaturales protagonizada por el atormentado espadachín y asesino de demonios Solomon Kane. Y de nuevo, al igual que en el caso del rey de Valusia, la suya es la interpretación más consistente que se ha hecho del personaje hasta la fecha.

Al margen de Conan, Kull y Kane, Dark Horse ha probado suerte también con otro de los géneros en los que brilló Howard: el terror. En abril de 2008, veía la luz Pigeons from Hell, una serie limitada mensual de cuatro números escrita por el siempre interesante Joe R. Lansdale, que realiza aquí una reescritura libre del relato de Howard sobre una vieja mansión encantada de Louisiana, y modifica personajes y situaciones, aporta ingenio en los diálogos y un tono de humor negro muy característico del guionista, pero conserva intacto el sentido original de la historia. La versión se beneficia del frenético ritmo visual de Nathan Fox y el esmero en la construcción de atmósferas del omnipresente Dave Stewart.

Mientras llega la edición en español de estos trabajos, alguno de los cuales ya ha sido anunciado por Planeta, aprovecho para recordar que, antes de la concesión de la licencia oficial, Dark Horse publicó otras obras relacionadas con Howard que están pendientes de traducción como Kings of the Nights, del ciclo de Bran Mak Morn, la novela gráfica Almuric y el pastiche Ironhand of Almuric; o de reedición, como es el caso del estupendo Cormack Mac Art, tebeos todos ellos escritos por Roy Thomas.


Javier Fernández

29 junio 2009

UNA GRAMÁTICA DE LA DESOLACIÓN

Título: CATÁLOGO DE NOVEDADES ACME
Autor: CHRIS WARE
Editorial: MONDADORI
Páginas: 112
PVP: 24,90 €

Nacido en Omaha (Nebraska) en 1967, Chris Ware es uno de los artistas de cómic más sobresalientes de las últimas décadas, ganador de una infinidad de premios, como los más de veinte premios Eisner y Harvey a diversas facetas de su trabajo o el Guardian First Book Award de 2001 por su novela gráfica Jimmy Corrigan, The Smartest Kid on Earth –premio este que nunca antes había sido ganado por un tebeo–. Jimmy Corrigan, la única monografía del autor disponible en nuestro idioma hasta el presente libro de Mondadori, fue también elegida como la mejor obra publicada en 2003 por el Festival Internacional de Cómics de Anguleme y de 2005 por el Salón de Barcelona, y aparece sistemáticamente citada entre las mejores novelas gráficas de la historia. Su trabajo ha sido expuesto en el Whitney Museum of American Art (2002), en el Museum of Contemporary Art de Chicago (2006) y en el Jewish Museum de Nueva York (2006-2007).
Hablar de Chris Ware es hablar de una estética limpia al servicio de estructuras de página intrincadas, de una voluntad experimentadora heredera del espíritu de pioneros del medio como Winsor McCay, Frank King o George Herriman –nombres que acuden instantáneamente a la cabeza cuando se trata de buscar la ascendencia de Ware–, y de un gusto manifiesto por el diseño, la geometría, la tipografía y el lenguaje publicitario clásico. Ware ha investigado en profundidad los fundamentos visuales y narrativos de la historieta y tiene la rara habilidad de construir discursos aparentemente ortodoxos pero que resultan vanguardistas e innovadores, en especial debido a la obsesiva manipulación del tiempo mediante el uso de minuciosos montajes analíticos y las continuas repeticiones y variaciones de motivos, el delicado trabajo artesanal de la línea y los colores y el recurso constante a elementos metalingüísticos que determinan no sólo el tono sino la propia forma de mirar. Con todo ello, Ware logra dotar a la lectura de cada una de sus creaciones de una estética exclusiva y de un ritmo preciso, característicamente ligado al arte de la historieta.
Pero la fórmula Ware no se limita sólo a lo visual o la esfera de la narratividad, el autor de la Acme Novelty Library (19 volúmenes editados desde 1993, más varias publicaciones paralelas y recopilatorios, como el que ahora se traduce) posee una poética igualmente privativa y que contrasta de modo radical con el aspecto inmediato de su obra. Sus historias destilan tristeza y pérdida, y perturban por su retrato de la soledad del individuo en una sociedad que, en el mejor de los casos, lo ignora y, en el peor, lo agrede y humilla.
El conjunto constituye una de las opciones más atractivas de cuantas ofrece el cómic en la actualidad y, a la espera de una edición integral de su obra, no podemos sino felicitarnos del afortunado regreso de Chris Ware a nuestra mesa de novedades.

Javier Fernández

22 junio 2009

EL RETORNO DEL CIMMERIO

Título: CONAN LA LEYENDA. Nº 37
Autor: VV. AA.
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 72
PVP: 6,95 €

En la introducción del volumen 0, Born on the Battlefield, de la colección que recopila la serie de Conan publicada por Dark Horse, Ed Brubaker, escribe: “Probablemente la mayoría de los fans de Conan considerarán esto una herejía, pero el de Busiek/Nord y Busiek/Ruth es mi producto favorito de Conan de todos los tiempos (libros, películas, cómics, videojuegos, etc.). Y sí, eso incluye las historias originales de Robert E. Howard”. Herejía o no, lo cierto es que el cimmerio debe justamente gran parte de su popularidad a las distintas adaptaciones al cómic que dieron comienzo en 1970.
Roy Thomas, el guionista que convenció a Marvel de lo oportuno de llevar las andanzas del bárbaro a la historieta, es uno de los nombres clave de todo este asunto. Realizó en exclusividad la escritura de las distintas series de Conan durante su primera década, y definió un estándar de altura. Tras su marcha, Marvel utilizó la franquicia para producir pastiches de ínfima calidad y logró desvirtuar el personaje hasta convertirlo en una caricatura de sí mismo, y ni siquiera el regreso de Thomas, años después, pudo devolverle una mínima parte del fulgor perdido. Cuando en 2000 Marvel anunció el cierre definitivo de la línea dedicada a Conan, el suspiro de alivio fue generalizado.
Así pues, cuando Dark Horse retomó la licencia en 2003, la noticia se recibió con expectación pero también con recelo. Sin embargo, la labor que ha venido llevando a cabo la empresa de Mike Richardson –con el escritor Kurt Busiek, el dibujante Cary Nord y el colorista Dave Stewart, en primer término–, no sólo ha despejado todas las dudas iniciales sino que ha redefinido el canon, elevándolo frecuentemente por encima de los momentos más inspirados de Thomas. Las adaptaciones de relatos de Howard son la espina dorsal de este nuevo acercamiento al mundo hyborio, y la editorial se ha esforzado en mantener una calidad artística y una coherencia narrativa constantes y sin precedentes.
Tras el abandono de Busiek, la llegada de Timothy Truman a los guiones ha abismado aún más las diferencias entre las interpretaciones de Marvel y Dark Horse, algo que queda patente precisamente desde este número 37 de la edición española. Aquí da comienzo una memorable adaptación de Rogues in the House, y se continúa el arco argumental que conducirá a la orgiástica y ultraviolenta revisión de The Hand of Nergal, concluida en el número 50 americano, último de la serie antes de su reinicio bajo la cabecera Conan. The Cimmerian –aún con Truman y el argentino Tomás Giorello, que se alterna en la parte artística con el mismísimo Richard Corben–.
Siendo correcta, la edición española priva incomprensiblemente al lector de la deliciosa tira The Adventures of Two-Gun Bob, de Jim y Ruth Keegan, microrrelatos de la vida de Robert E. Howard basados en sus propias cartas, biografías oficiales y otras fuentes similares. Otro ejemplo del cariño y dedicación de Dark Horse hacia la obra y figura del escritor texano.

Javier Fernández

16 junio 2009

LA DESFRAGMENTACION FAMILIAR Y/O LA OTRA AMERICA

Título: OMBLIGO SIN FONDO
Autor: DASH SHAW
Editorial: APA APA
Páginas: 720
PVP: 27 €

La historia que nos ocupa marcará un referente en los próximos años.No podía empezar de otra manera la reseña de ésta obra magna:Después de 40 años de matrimonio, Maggie y Peter Loony dejan estupefactos a sus hijos al anunciarles que han decidido divorciarse por que ya no están enamorados. Esta declaración tendrá lugar en su espeluznante casa en la playa, donde han reunido a toda su familia para pasarla última semana juntos.
Todo ésto en un tomo gigantesco de tono sepia de exquisita textura.
Con ésta premisa casi anecdótica Dash Shaw(Hollywood, 1983),se basta él sólo para poner sobre la mesa un tema tan peliagudo como la institución familiar(y de su desfragmentación como tal),y las relaciones interpersonales que hay entre los miembros de la misma.
Dash Austin Shaw ya hacía mini cómics a la tierna edad de 4 años.Después de la infancia continúa afianzando conocimientos y acaba graduandose en la School of Visual Arts de Nueva York tras el Instituto.
Comienza a publicar obras como Love eats brains! (A zombie romance), Gardenhead,Goddess Head,Echo and Nacissus....
Tras La boca de Mamá(Apa Apa,2006),el autor se sumerge en una obra dificil donde sentimientos,personalidades,aceptación y desafío del trauma que supone una ruptura de tantos años hacen factibles las perspectivas de cada una de las realidades de los miembros.
Pasemos ahora a hablar de los recursos tan amplios que utiliza el jóven autor,que además de ser originales en su planteamiento,lo son también de forma inusual:entre viñetas nos encontraremos formularios de divorcio,álbum de fotos,planes de la casa de la playa,...
En sus viñetas nos encontraremos una diversidad considerable en cuanto a su tamaño y número para focalizar aun más la atención del lector en lo que está sucediendo en cada instante.
Otro tema que llama la atención de su extensa lectura es el seguimiento de los personajes por separado,acentuando de ésta manera de qué forma afecta a cada personaje la ruptura del núcleo familiar.
Otro sería el simbolismo que rodea a la obra,creando similitudes de los recovecos de la arquitectura de la casa con la estructura familiar,tan llenas ambas de intrigas.
Me sigue sorprendiendo la madurez del autor a la hora de abordar temas tan tabúes,sobretodo considerando sus 26 años de edad.
Ombligo sin fondo ofrece más de lo que a priori cuenta,como ya he indicado anteriormente.
Se hablará mucho de ésta obra,y espero que mucha gente la descubra lo antes posible.
Con su experimentación formal,quizás eche para atrás a los lectores menos arriesgados,pero para quienes se atrevan a adentrarse en sus páginas,...les merecerá la pena.
Otro tanto para Apa Apa Cómics,la editorial que ha publicado la obra en España,en una cuidada edición,que para lo que ofrece se pagan sus 27 euros con los ojos cerrados.

Francisco José Arcos Serrano

15 junio 2009

UN LADRÓN, UN SAQUEADOR, UN ASESINO

Hay pocas cosas que me gusten más que un buen tebeo de Conan. Supongo que el puñado de relatos de sus sangrientas y deleitosas andanzas escrito por Robert E. Howard es una de ellas. Y remarco lo de bueno, porque el antihéroe creado por el texano (1906-1936, sí, murió muy joven, lamentablemente se pegó un tiro, todo el mundo lo sabe) ha servido de excusa para detritos de la peor clase, como esa masa hipermusculada y sudorosa que deambulaba no hace mucho descuartizando a todo bicho viviente al grito de ¡Crom! por las cabeceras de algunos títulos Marvel de infame recuerdo o, mejor dicho, de ilustre olvido. Y verán que la perversión del personaje no es cosa exclusiva de los cómics. Rescato de la Wikiquote la siguiente cita de la película de John Millius (Conan el bárbaro, 1982) –por otra parte, entretenida–: “El valor te agrada Crom, concédeme pues una petición, concédeme la venganza, y si no me escuchas, ¡vete al infierno!”. O mejor esta otra: “¿Y tú, Conan, qué crees que es lo mejor de la vida?”; respuesta: “Aplastar enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres”. Se le ponen a uno los pelos como escarpias, máxime si se tiene la imagen de Schwarzenegger en la cabeza. Lo que se dice un bestia.
Pero es que para ser un auténtico bestia, según el DRAE online, además de rudo se ha de ser ignorante. Y no es que Conan no sea rudo, que lo es –¡sólo faltaría!–, si no que a diferencia del gobernador de California –no me hagan caso, es una licencia poética–, el cimmerio tiene una personalidad compleja y hasta refinada, es astuto, romántico y apasionado, si bien, insisto, no se anda con chiquitas. Por no extenderme más en el asunto, les dejo aquí la definición del personaje que preparé para un glosario de superhéroes de la revista Quimera –las bastardillas son palabras del propio Howard– y otro día les hablo de los tebeos de Conan: “He aquí un bárbaro en toda regla, macizo y expeditivo, criado en las sombrías colinas de la norteña y pseudohistórica tierra de Cimmeria, land of Darkness and the Night, posterior al hundimiento de Atlantis y anterior en varios miles de años a nuestra era, que un buen día decide tomar el camino del Sur, según la leyenda, to tread the jeweled thrones of the Earth under his sandalled feet hasta obtener su propia corona luego de una homérica sucesión de espadazos, saqueos, matanzas y peripecias varias habitualmente relacionadas con sañudas bestias prehistóricas, oscuros nigromantes y hembras voluptuosas. Un salvaje, sí, a thief, a reaver, a slayer, pero con gigantic melancholies and gigantic mirth y una determinación alejandrina para resolver los nudos gordianos de esa civilizada máscara del poder que se llama moral. Precisamente la civilización es su agón, y ambos se embisten mutuamente con un ímpetu propio de amantes apasionados”. Ahí es nada.

Javier Fernández

08 junio 2009

BRINDANDO CON CAVA

Título: LAS SERPIENTES CIEGAS
Autor: FELIPE HERNÁNDEZ CAVA Y BARTOLOMÉ SEGUÍ
Editorial: BD BANDA
Páginas: 72
PVP: 16 €

Y finalmente se fallaron los premios del Salón del Cómic de Barcelona. Permítanme que al hilo reflexione un poco en voz alta.
Las serpientes ciegas (BD Banda), de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí ha resultado ganadora por partida doble: mejor obra española de 2008 y mejor guión. Sucede que esta es la tercera ocasión en la que un cómic guionizado por Cava se alza con el premio en Barcelona. El mejor de 1997 fue El artefacto perverso, dibujado por Federico del Barrio, y en el recuento de lo producido en 1999 le tocó el turno a la tercera parte de la trilogía de Lope de Aguirre, La expiación, ilustrada por un Ricard Castells en estado de gracia. Ambos libros son incisivas revisiones de la historia de España, y si aquel mostraba la represión cultural franquista jugando con el referente de los propios tebeos de aventuras producidos durante la dictadura –en clave de thriller o folletín o novela negra, negrísima–, la de Lope de Aguirre concluía la aguda y documentada revisión de las motivaciones del que fuera primer insurgente de hispanoamérica, transmutado por la fuerza de la historia en codicioso y demente. Así, Las serpientes ciegas va y viene a la guerra civil española desde unos Estados Unidos que son el territorio de tantas ficciones, antes tópico del subconsciente global que la nación del mismo nombre.
En cuanto a los premios, lo reseñable aquí es que en todas las ocasiones, también este año, el jurado del Saló ha sido explícito en su veredicto: se premia un álbum guionizado por Cava, sí, pero se premia precisamente por el guión de Cava. Ya ven, en las tres ocasiones mencionadas, el premio a la mejor obra ha ido acompañado del premio al mejor guión. Y no se lea aquí un menosprecio de los dibujantes, Del Barrio, Castells y Seguí son nombres propios del tebeo español, singulares, arriesgados, poseedores de una trayectoria jalonada de extraordinarias piezas, de las que reconcilian a uno con el medio y lo hacen soñar con un futuro de lecturas excitantes e inteligentes. Porque ya sabemos que Cava siempre se ha rodeado de autores, comenzando con Saturio Alonso y Pedro Arjona, esto es, desde los tiempos de El Cubri, pasando por Luis García, Laura, Keko o el portentoso Raúl, y hasta llegar a perlas como Pablo Aulladel o, ¿cuál será el próximo? Vean que no es moco de pavo. Y no hablo de las otras labores de Cava –el Madriz, el Injuve– porque no se trata aquí de eso. Se trata de celebrar al guionista.
Pues bien, que se ha vuelto a premiar al mejor de los nuestros, y con él, se premia un estilo, una forma de entender la historieta como arte y como medio de comunicación para adultos, para paladares sensibles. Y a uno sólo le queda preguntarse para cuándo el Gran Premio del Salón a su trayectoria o, mejor, el Nacional de Historieta. Si es que esto de los premios tiene alguna importancia, porque lo que queda, a fin de cuentas, es la obra.

Javier Fernández

06 junio 2009

LOS VIEJOS ROCKEROS NUNCA MUEREN

Título: LA EDUCACIÓN DE HOPEY GLASS
Autor: JAIME HERNÁNDEZ
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 130
PVP: 18 €

Termino mi breve repaso por los premios de la 27ª edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona dedicando unas líneas al ganador en la categoría de Mejor obra extranjera publicada en España en el 2008; me refiero, cómo no, a Jaime Hernández, autor de la laureada La educación de Hopey Glass (La Cúpula).
Jaime Hernández (Oxnard, California, 1959) saltó a la fama a comienzos de la década de 1980 cuando se alió con sus hermanos Gilbert y Mario para autoeditar la que tal vez sea la publicación independiente más influyente de la historia reciente del cómic: Love and Rockets, revista que, desde su número 2, pasó inteligentemente a editar Fantagraphics, el sello creado en 1976 por Gary Groth y Mike Catron. Con el paso de los años, Fantagraphics se ha convertido en uno de los referentes del mejor cómic norteamericano, y en su catálogo coexisten cuidadas reediciones de clásicos como Krazy Kat, El príncipe Valiente, Popeye, Peanuts o Pogo, exhaustivas compilaciones de maestros de la historieta como Crumb o Feiffer y series y novelas gráficas de algunos de los recientes nombres propios del medio, como Daniel Clowes, Chris Ware o Charles Burns, por citar sólo unos pocos, pero, visto en perspectiva, uno no puede dejar de apreciar la importancia de aquella decisión de hacerse cargo del tebeo de los hermanos Hernández.
Dejando de lado la episódica aportación artística de Mario, Love and Rockets es la obra de una sensibilidad bicéfala, la de Gilbert –o Beto, como también firma– y Jaime, dos estadounidenses de raíces latinas que ensancharon los límites creativos de la industria rechazando los temas y motivos dominantes, mayormente superheróicos, y proponiendo un retorno a las narraciones cotidianas, al desarrollo de situaciones y relaciones entre unos personajes que, siendo de papel y tinta, se asemejan extraordinariamente a los seres humanos de carne y hueso –más y más conforme se fueron desarrollando las series de cada uno; Palomar en el caso de Beto, Locas en el de Jaime–. Los Hernández usaron y dignificaron la estructura narrativa del culebrón y crearon un imaginario que pasó instantáneamente a formar parte del lector como propio. Los Hernández echaron el cierre a su revista con el número 50 (1996) y continuaron un tiempo por separado, explorando diversas fórmulas editoriales que no cuajaron como era deseado, y Love and Rockets Volume 2 comenzó su andadura en 2001.
Lo que se ha premiado en Barcelona es, precisamente, una recopilación de algunas de las historias de Jaime incluidas en este segundo volumen de Love and Rockets. Hace quince años, también en Barcelona, se premió un fragmento de Locas como mejor obra de 1993. Que, pasado todo este tiempo, vuelva a señalarse que la misma serie es la mejor obra de 2008, es todo un indicador del calibre, la calidad y la vigencia del trabajo de Jaime. En tres palabras: una maravilla incombustible.

Javier Fernández

25 mayo 2009

LOS MEJORES DEL 2008 (1)

Cuando falta menos de una semana para el inicio del vigésimo séptimo Salón del Cómic de Barcelona, me siento obligado a comentar, aunque sea someramente, las nominaciones a los premios anuales concedidos por los profesionales del sector. Por cuestiones de espacio me limitaré exclusivamente a las categorías de obras nominadas, nacionales y extranjeras –la lista completa de categorías y nominados se puede consultar fácilmente por internet, por ejemplo en la página oficial del evento: www.comic-27.ficomic.com–, y aprovecho la ocasión para desear suerte a la revista Dos veces breve (Arianda Editorial), que merece desde hace tiempo el galardón a la Mejor revista.
Las nominaciones a la Mejor obra de autor español en 2008, en las que se mezclan propuestas realizadas por insignes representantes de la vieja guardia junto con otras de nuevos pero consagrados valores en alza, son las siguientes: 36-39. Malos tiempos II, de Carlos Giménez (Glènat), Jazz Maynard 3: Contra viento y marea, de Raule y Roger (Diábolo Ediciones), La revolución de los pinceles, de Josep Busquet y Pere Mejan (Dolmen), El manual de mi mente, de Paco Alcázar (Random House Mondadori) y Las serpientes ciegas, de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí (BD Banda). Sin ánimo de menospreciar a nadie, pasaré por alto el melodrama de acción de Raule y Roger y el fresco histórico de Busquet y Mejan, álbumes eficaces ambos, en la mejor tradición franco belga, y pasaré directa y brevemente a reseñar los otros tres, que considero más autorales.
36-39. Malos tiempos es la serie con la que Carlos Giménez (Madrid, 1941) –Gran Premio del Saló en 2005 por el conjunto de su obra y nombre propio de la historieta española, creador de un sinfín de obras de referencia– regresa por sus fueros. El notable anecdotario de la dramática cotidianeidad del Madrid de los años de la guerra civil, vista a través de los ojos de personajes anónimos, auténticos protagonistas de la historia, emociona y fascina por igual.
Las serpientes ciegas es la (esperada) reunión de otros dos pesos pesados de nuestro tebeo: Felipe Hernández Cava (Madrid, 1953) y Bartolomé Seguí (Mallorca, 1962). Con su inconfundible y extraordinario estilo, y apoyado gráficamente por un portentoso Seguí, Hernández Cava, que ya ganó este premio en 1997 y 1999, nos conduce desde la depresión estadounidense hasta la guerra civil española para narrar la derrota de los ideales comunistas y libertarios en un relato de búsquedas (y pérdidas) encadenadas.
Y, finalmente, El manual de mi mente recopila una selección de historietas –ácidas, juguetonas, alucinadas– producidas por Paco Alcázar (Cádiz, 1970) entre 1997 y 2007. Con una estética cercana al independiente norteamericano, pero decididamente personal y castiza, el libro de Alcázar es un alimento inaudito y superlativo y –puesto que Dinero, de Miguel Brieva, no ha salido nominado, vaya a usted a saber por qué– desde aquí le deseo el premio de todo corazón.

Los cinco tebeos nominados en la categoría de obra extranjera son: Fun Home, de Alison Bechdel (Random House Mondadori), Crónicas Birmanas, de Guy Delisle (Astiberri), La educación de Hopey Glass, de Jaime Hernández (La Cúpula), La torre oscura: El nacimiento del pistolero de Stephen King, de Peter David, Robin Furth, Jae Lee y Richard Isanove (Random House Mondadori) y, por último, RG Volumen 2. Bangkok-Belleville, de Pierre Dragon y Frederik Peeters (Astiberri). Un quinteto heterogéneo en el que destaca la doble nominación a Astiberri, uno de los sellos más arriesgados, cuidadosos e interesantes del panorama nacional, y el también doblete de Random House Mondadori, editorial generalista que no deja de sorprender por su acertada elección de títulos y su consideración de la historieta como un género más de la literatura actual. Junto a estos, un álbum de la decana La Cúpula, empeñada desde siempre en comprender qué está pasando aquí y ahora.
Personalmente, a pesar de la ingente cantidad de premios internacionales cosechados por la magnífica serie de Dragon y Peeters, ficción sobre los manejos de los servicios de inteligencia dotada de actualidad política y un cierto rigor periodístico, y obviando el telefilme –bueno, sería mejor decir superproducción– de David y compañía, creo que Bechdel, Delisle y Hernández son, de entre esta escasa lista, los mejores representantes de la potencia artística del cómic, y cualquiera de ellos sería un digno venceder del premio. Jaime Hernández (Oxnard, California, 1959), co-creador de la mítica Love and Rockets y ganador en 1993 de este mismo premio con Las mujeres perdidas (compilada en el primer volumen de Locas, La Cúpula), lleva tres décadas sentando cátedra y proponiéndose como uno de los más intensos y originales narradores contemporáneos, y esta de Hopey Glass, a la que ya dediqué un comentario extenso hace unos meses, es una pequeña obra maestra que no desmerece frente a sus mejores trabajos. El quebequense, Guy Delisle (1966), representante de un tipo de historieta similar al docudrama, después de haber trasladado al lector a China y Corea del Norte (en Shenzen y Pyongyang, ambas también editadas por Astiberri) se pasea ahora por Birmania en este curioso y excelente retrato de la vida cotidiana de Rangún y de la interacción de los grupos de ayuda internacional con la sociedad de un país administrado por una dictadura militar.
Por último, Alison Bechdel (Pennsylvania, 1960) escribe y dibuja Fun Home, el tebeo con el que precisamente abrí esta sección a principios del noviembre pasado. Un poderoso juego de intertextualidades y un libro autobiográfico intenso, formalmente riguroso, penetrante, agudo e inteligente –dejemos aquí los adjetivos, se acaba el espacio– que justifica por sí solo el presente boom de la novela gráfica. En mi opinión, la joya de la corona de esta reunión de joyas.

Javier Fernández

UNA SINGULAR OBRA MAESTRA

Título: ELEGÍA ROJA
Autor: SEIICHI HAYASHI
Editorial: PONENT MON
Páginas: 232
PVP: 15 €

Desde mi punto de vista, Elegía roja es uno de los mangas más valiosos de cuantos se han publicado en nuestro idioma. Es una genuina obra maestra, intensa en su contenido y radical en su modo de decir, y un raro ejemplo de la capacidad del cómic para aportar piezas singulares a la historia del arte.
Producida originalmente entre 1970 y 1971, la novela gráfica de Seiichi Hayashi (China, 1945) narra los estertores de la relación amorosa entre dos jóvenes dibujantes, Ichiro y Sachiko, trabajadores ambos de la industria de la animación, que buscan colmar sus aspiraciones personales y artísticas movidos por el aliento rebelde de su propia inmadurez y por la necesidad de alcanzar la integración en una sociedad en transformación, la del Japón de finales de la década de los sesenta. La imbricación del relato en la realidad de su tiempo permite que la imagen consumada por Hayashi trascienda la (hermosa) anécdota particular y se convierta en descripción generacional, remarcando su filiación con la obra de otros dos excepcionales mangakas, ampliamente conocidos en castellano, Yoshihiro Tatsumi y Suehiro Maruo, miembros, como Hayashi, de Garo, la mítica y desaparecida revista de historieta nipona underground.
Pero detengámonos precisamente en lo particular. Elegía roja es un canto a la libertad, a la fuerza creadora y al deseo sexual y sentimental pero también una representación de las desiguales aspiraciones vitales de los protagonistas, sus miedos y contradicciones, y de la confrontación entre los lazos personales y los familiares como disputa permanente que amenaza la génesis de la propia identidad. Es esta una obra intensa e instintiva, de silencios y conversaciones pendientes, que arrastra al lector a un estado de desnudez emocional merced al sofisticado uso de la técnica narrativa de Hayashi.
La estructura exhibida es poderosa y extraordinaria, caracterizada por un uso notable de la composición en la página. La continua deconstrucción del lenguaje, las elipsis, las repeticiones y el desorden de los planos obligan a una lectura comprensiva, restauradora del sentido, que acercan la obra, como ha señalado la crítica, al manejo del montaje exhibido por la nouvelle vague de Godard, y también a la anterior preocupación por los elementos formales de Resnais.
Pero el storytelling torcido, la fluctuante disposición de las figuras en las viñetas, llenas de objetos que expresan recurrentemente las dificultades de la comunicación, y la soltura con que estas conforman la página son apenas la moldura en la que sucede la línea: espontánea e impetuosa, a veces tierna, a veces violenta, vehemente y siempre asombrosa, absorbida apreciablemente por el detalle, cargada de simbolismo y preocupada obsesivamente de manifestar y dotar de vida propia la atmósfera de esta esplédida, bella y única Elegía roja.

Javier Fernández

07 mayo 2009

EL RETRATO DE LA MILICIANA

Título: LINA ODENA. PALABRAS (DE) MAYORES
Autor: JORGE GARCÍA (guión) y CARLOS MAIQUES (dibujo)
Editorial: DEBARRIS y FUNDACIÓ PERE ARCADIA
Páginas: 48
PVP: 12 €

Lina Odena. Palabras (de) mayores es la peculiar e interesante representación en cómic de la que fuera, entre otras cosas, militante del partido comunista, secretaria general de las Juventudes Comunistas de Cataluña, candidata al Parlamento de la República en 1933, miliciana, heroína y mártir de la causa antifalangista.
Realizado por encargo de la Fundació Pere Arcadia, el tebeo en cuestión está escrito por el guionista y crítico de tebeos Jorge García (Salamanca, 1975), coautor de Cuerda de presas (Astiberri, 2005) y Hacerse nadie (Ariadna, 2007), ambas dibujadas por Fidel Martínez, así como de Las aventuras imaginarias del joven Verne, dibujada por Pedro Rodríguez y ganadora del premio Josep Coll de historieta (Glénat, en prensa).
Al guión de García hay que reconocerle compromiso y solvencia, así como un esfuerzo de ordenamiento y síntesis de la extensa y complicada información histórica manejada, no en vano Palabras (de) mayores nos transporta a una de las épocas más convulsas de la historia de España, repleta de simulacros políticos, conflictos civiles y cambios de régimen. García, licenciado en Historia, muestra un país en descomposición, con Cataluña como ejemplo de las aspiraciones republicanas de los diversos territorios de la nación, y es precisamente en este retrato en donde el tebeo alcanza mayor interés, al convertirse en una especie de reportaje –una fotonovela, por momentos– que informa al lector de la cruda realidad de los hechos. Sin embargo, la estrategia narrativa del relato, heredera del Hernández Cava más melodramático, se supedita a la búsqueda de una forzada inspiración poética y al uso lapidario del diálogo, sacrificando la naturalidad y obviando las motivaciones de los personajes. Uno lamenta que García no haya profundizado en la psicología de la figura central, o que no se decante por explotar las fallas esbozadas en la obra, como el viaje de Lina a Moscú en 1931 o el supuesto suicidio de la protagonista, ocurrido el 14 de septiembre de 1936. Con todo, el trabajo de García, ajustado al encargo, alcanza personalidad propia y es meritorio y valioso.
Otra cosa es el grafismo. El dibujo de Carlos Maiques (Valencia, 1971) es sencillamente delicioso. Emparentado con la estética que ilustra, precisamente, algunos de los mejores trabajos de Cava, la de un Federico del Barrio o un Ricard Castells, el autor de Gracias por su visita (Sins Entido, 2001) se apoya en una cuidada composición de página y en la ductilidad de la línea, y fabrica sugestivos ritmos visuales mediante el entintado manual de los marcos de la viñetas y la eliminación de los mismos, contrapone la mancha de tinta al blanco de la página, dominante en la imagen, e incluye diversos fotomontajes, todo ello para ofrecer una hermosa experiencia plástica que, desde aquí, me permito recomendarles.

Javier Fernández

27 abril 2009

MICKEY MOUSE Y EL ARTE CONTEMPORÁNEO (II)

Título: EL BORRÓN
Autor: TOM NEELY
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 196
PVP: 15 €

Para la obtención de su maestría en Bellas Artes en San Francisco, Tom Neely (Paris, Texas, 1975), presenta una cincuentena de cuadros de similares características: “por ejemplo, una copia de Rembradt pero con monos y conejitos en lugar de personas”. Los cuadros son, en esencia, enormes viñetas de cómic pobladas por cartoons antropomórficos, y estos mismos seres son los que protagonizarán los tres números del minicómic Aminals, la primera publicación de Neely, iniciada en 2000. Los años de estudio le han provocado tal cansancio, respecto del mundo del arte, que Neely abandona su carrera de pintor y comienza a trabajar como animador informático, primero como asalariado de Disney Online, haciendo animaciones flash e ilustraciones para algunos de sus sitios web, siempre siguiendo el estricto libro de estilo de la empresa, y luego como freelance.
Acabada la experiencia de Aminals, Neely se propone crear un personaje anónimo, un hombre corriente, que sirva como nexo entre sus propias vivencias y las del lector. De modo que, usando este motivo, inicia su nueva serie de cuadros. Y, para liberarse de la rigidez del proceso pictórico, Neely vierte tinta, a la manera de Pollock, sobre el área superior de cada uno de los cuadros terminados, lo que añade un factor conceptual, toda vez que abstracto, cuya naturaleza es azarosa. Luego observa las narraciones contenidas en estas pinturas y, a partir de ellas, escribe una serie de relatos que serán la base de El borrón, su primera novela gráfica.
Iniciada en 2005, El borrón surge no sólo como prolongación natural del trabajo de Neely hasta la fecha sino también como catarsis frente a un periodo personal difícil y oscuro. El guión enlaza los relatos antes mencionados con elementos autobiográficos para construir una historia de interpretación abierta, una meditación íntima acerca del amor y la alienación, de la lucha contra el entorno y contra los miedos propios, una historia de integración y desintegración que guarda relación formal directa con el adiestramiento pictórico de Neely –particularmente en el empleo continuo del silencio, la tinta derramada directamente en la página, la aparición de leves pero significativas notas de color, los homenajes plásticos encubiertos y el recurso esteticista de las splash pages– así como con su labor en el campo de la animación –algo que queda patente en el soberbio storytelling de toda la obra, que propone una lectura lenta, asentada fundamentalmente en el ritmo.
En Estados Unidos, El borrón estuvo a punto de ser publicado por Top Shelf, pero Neely se decantó finalmente por la autoedición para disponer de control absoluto sobre la factura del libro. Se alzó con el premio Ignatz en 2007 al mejor nuevo talento y así ha de ser entendido, como el inicio de una carrera prometedora y, a la vez, la culminación de un proceso formativo heterodoxo y enriquecedor.

Javier Fernández

23 abril 2009

MICKEY MOUSE Y EL ARTE CONTEMPORÁNEO (I)

Título: EL BORRÓN
Autor: TOM NEELY
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 196
PVP: 15 €

Nacido en 1975 y criado en una pequeña población de Texas, Tom Neely comienza a dibujar cómics durante su infancia, influido por las tempranas lecturas de la proverbial reedición de los clásicos de la Disney llevada a cabo por el sello Gladstone. Fue su madre quien le regaló por su cumpleaños, a mediados de la década de 1980, una subscripción a los títulos Mickey Mouse, Scrooge y Donald Duck; es decir, puso en sus tiernas manos la obra de dos clásicos de la narrativa gráfica: Floyd Gottfredson y Carl Barks. Ambos dejarán huella en el autor de El borrón, pero más Gottfredson que Barks, a quien Neely considera, de algún modo, formalmente más circunspecto que el primero. Su amor por la obra del célebre dibujante de Mickey no deja lugar a dudas: “Gottfredson es mucho más audaz y extraño, con esa aproximación característica a la viñeta y esa especie de energía maníaca que está presente en todos sus dibujos”.
La deficiente distribución de novedades editoriales en el ámbito rural –y en esto Neely comparte la suerte de otros creadores alternativos de nuevo cuño como el mismo Paul Hornschemeier– orienta sus lecturas adolescentes hacia el cómic de superhéroes, de presencia masiva en todo el país. Su epifanía llegará con la lectura de un número de Grift Bath, la revista de Renne French editada por Fantagraphics, pero, hasta entonces, se halla sumergido en los cómics de Marvel y DC, y su aspiración dentro del medio de la historieta consiste, según sus propias palabras, en “ser el próximo gran dibujante de Spiderman”.
En 1997, Neely completa su graduado en arte por la universidad de Tulsa y comienza a ganarse la vida impartiendo clases aunque, al poco tiempo, decide marcharse a San Francisco para continuar sus estudios en el Instituto de Arte. Durante todo este tiempo, y sin abandonar completamente los tebeos, dedica la mayor parte de sus esfuerzos creativos a la pintura guiado primero por el surrealismo, especialmente el de Magritte, y luego por la abstracción a lo Rauschenberg o Twombly. La observación del expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York –los Pollock, Rothko, Motherwell o De Kooning– le conduce a la obra de Philip Guston, quien abandonó la abstracción pura por una estética heredera, precisamente, de los tebeos. Y es gracias a Guston que Neely descubre, entre otras cosas, la fabulosa epopeya surreal de Krazy Kat.
La atmósfera afín al arte conceptual y el descreimiento artístico que se respira en la escuela de San Francisco acaba por saturar a Neely, y el hallazgo de las publicaciones de cómic independiente que no había tenido a su alcance hasta entonces le abre todo un mundo de posibilidades. Así, en 2000 se autoedita el minicómic Aminals, protagonizado por los mismos personajes antropomórficos, a lo Barks, que pueblan tanto sus cuadernos de bocetos como sus propios cuadros.

Javier Fernández

21 abril 2009

LA MANCHA QUE VIVE EN NOSOTROS

Título:EL BORRÓN
Autor:TOM NEELY
Editorial:LA CÚPULA
Páginas:196
PVP:15 €

Por fin llega a España de la mano de La Cúpula la edición de éste cómic que va a dejar a más de uno con la boca abierta.La premisa es sencilla y a la vez retorcida:un hombre no identificado al que le persigue una mancha de tinta.La novela no cuenta con bocadillo alguno(exceptuando alguna frase aislada por ahi),donde la misma se desarrolla a través de los magistrales dibujos de Tom Neely(1975,Texas).

A priori,puede ser dificil de creer que sea la primera novela gráfica de su autor,..pero es así.Aparte de autor de cómics,Tom viene desarrollando una labor importante como pintor y animador cinematográfico desde hace ya algunos años.

Digámoslo ya:EL BORRÓN es un cómic muy complejo.Tom se atreve a conjugar casi todas las técnicas que el medio en sí le ofrece,..y de qué forma.

El dibujo es un homenaje a los cómics que su madre le regalaba en su infancia,los clasicos Mickey Mouse,y en especial a E.C.Segar,con su Popeye.

La historia encierra más de lo que se vé a priori:el miedo,las superaciones personales,la soledad,la atracción sexual y amorosa,...dónde todo ésto y más se zambullen en imágenes surrealistas,donde se nota también la influencia de Magritte dónde lo que prima es la sorpresa contínua.

Capítulo a capítulo la historia se desarrolla en situaciones extrañas,rocambolescas y agresivas(muy agresivas,...),siempre con la lucha del personaje con esa mancha de tinta tan particular como significados se le puede atribuir a la misma,y con ése final impactante y mágico donde se aplica el color de forma aislada en toda la obra,..para dar mejor forma a la metáfora que quiere desarrollar.

En definitiva,una obra que abre nuevas formas de expresión en el medio,en ocasiones anquilosado,donde la imaginación del autor es tan deslumbrante que hace merecedora a ésta obra desde ya como una de las mejores lecturas de lo que llevamos de año.

No lo dejeis escapar.


Francisco José Arcos Serrano.

16 abril 2009

BAILANDO POR EL BORDE DEL ABISMO

Titulo:CUADERNO DE TORMENTAS
Autor:DAVID RUBÍN
Editorial:Planeta DeAgostini
Páginas:112
PVP:12'95 €

David Rubín(Ourense,1977) vuelve a deleitarnos con su buen hacer en ésto de los cómics.Lo suyo sigue siendo una figura indispensable dentro de la escena comiquera española.
Cofundador del colectivo Polaquia y colaborador habitual de la revista de éste colectivo,Barsowia.También dibuja para 2 Veces Breve,Tos,Humo,BDBanda.También ha estado nominado con 4 premios para el XXV Salón Del Cómic de Barcelona,por su magnífico trabajo en La Tetería del Oso Malayo.
De pocos autores se puede decir que manejen a la perfección casi todo lo que tocan.Dibujante,animador,ilustrador,....Multifacético como pocos,pero en ésta ocasión nos vamos a quedar con su tarea de autor completo.
Autor de importantes obras publicadas por aquí por Astiberri(La tetería del Oso Malayo,El circo del desaliento,...),aquí se desmarca con una obra que refleja el proceso creativo de un cómic bajo su personal experiencia.
De una estructura nada típica se desarrolla su historia en algo más de 100 páginas donde la paleta cromática potencia aun más el ejercicio imaginativo y críptico de la obra.
Como bien dice él también se puede entender como un viaje a los abismos de la creación,para ponerse a prueba a sí mismo.
Rubín se torna protagonista a sí mismo en éste viaje iniciático a Ciudad Espanto,en busca de la inspiración perdida en forma de fábula siniestra.
Cuaderno de tormentas,todo hay que decirlo,editado en primoroso lujo,y a un precio imbatible,presenta a Ciudad Espanto como un personaje más de la historia,que parece sacado de una pesadilla de Borges,y retrata a la misma de diversas formas:
desde viñetas como referencia única,a páginas con una composición brillante y arriesgada,donde cada esquina esconde un secreto.
Argumentalmente,Rubín envuelve su obra con una prosa que se podría decir que es un diario,de características casi musicales,donde abundan metáforas,..dónde quizás necesiten de repetidas lecturas para poder interpretar lo escrito.
Pieza esencial dentro de su producción,obra dramática y fantástica,viaje abismal,experiencia onírica,importante declaración de intenciones,obra intimista y sincera,...
Todo ésto(y más),se puede decir de éste magnífico cómic que es de lo mejor que he podido leer en el pasado 2008,y que me esperan relecturas en los años venideros.



Francisco José Arcos.

13 abril 2009

HAZLO TÚ MISMO

Título: DIARIO DE UN EXTERMINADOR DE MOSQUITOS
Autor: JOHN PORCELLINO
Editorial: APA-APA
Páginas: 104
PVP: 12 €

Considerado uno de los maestros y referentes del Do It Yourself en el ámbito de la historieta, John Porcellino (Chicago, 1968) comenzó a autoeditarse en 1982 su primer minicómic –sustantivo que define las publicaciones más o menos caseras, normalmente impresas en fotocopias, encuadernadas manualmente y comercializadas directa, informalmente o de manera reducida por el propio autor–, Tales of Hogarth the Barbarian Pig, una serie que mantuvo hasta alcanzar el número once, en 1986. Tres años más tarde, en 1989, Porcellino comenzó la realización de la que es su cabecera más reconocida, King-Cat Comics and Stories, que, en la actualidad ronda los setenta números y ha merecido diversas compilaciones como King-Cat Classix (gruesa antología con las mejores páginas de los primeros cincuenta números de la serie), Ejemplo perfecto (editada en español a mediados de 2008 por Ponent Mon) y Diario del exterminador de mosquitos (recientemente editada en castellano por Apa-Apa).
King-Cat es el vehículo con el que Porcellino viene comunicando a los lectores, año tras año, su narración autobiográfica, haciendo gala de una extraordinaria capacidad de observación y una sensibilidad fuera de lo común, en donde lo que importa es mostrar antes que interpretar, cuestionar antes que sentenciar, y en donde todas y cada una de las experiencias particulares poseen el mismo grado de interés. Su mirada contiene una cierta limpieza, aparentemente descargada de los recursos del melodrama, pero la sucesión de cuadros mundanos en la obra de Porcellino es más que una mera recreación o reinterpretación de la memoria, y la sucesión temporal hace visible el proceso de maduración artística y personal del propio autor, que lo ha ido acercando progresivamente a la filosofía zen.
El discurso de King-Cat es decididamente vitalista y Porcellino recurre a la espontaneidad como modo de articularlo. Una frescura que queda reforzada mediante la característica que primero llama la atención al lector de su obra: el dibujo. El estilo naíf y minimalista de Porcellino, basado en el contraste entre la línea y el blanco, sin sombras, volúmenes o perspectivas, elimina gran parte del romanticismo que, de otro modo, desprenderían sus historias y construye un plano estético ineludible para el lector y que remite, abiertamente, a la tradición más íntima, más propia del cómic, la que no pretende copiar el mundo sino fabricar una nueva realidad visible.
Diario del exterminador de mosquitos, premio Ignatz a la mejor antología en 2005, contiene todas las historias publicadas en King-Cat relativas a la etapa que pasó Porcellino como fumigador de insectos en los pantanos de Northwest, junto con treinta páginas inéditas que cosen el conjunto. El resultado es un buen aperitivo de la obra, atractiva y extraña, de uno de los nombres más singulares del panorama actual de la historieta.


Javier Fernandez

MIRANDO AL QUE MIRA

Título: JUDENHASS
Autor: DAVE SIM
Editorial: PONENT MON
Páginas: 56
PVP: 8,90 €

Acreditado desde la autopublicación de Cerebus (1977-2004) como uno de los padres del nuevo tebeo independiente norteamericano, Dave Sim (Ontario, 1956) es noticia en el mercado de habla española por dos motivos: uno, el anuncio de la edición en nuestro idioma de su obra magna –que llevará a cabo la editorial Ponent Mon–, luego de una larguísima renuencia por parte de Sim a dejarse traducir; y dos, la reciente edición, también en Ponent Mon, de la última novela gráfica de Sim, Judenhass, literalmente “odio a lo judío”, obra que viene precedida del previsible y amplio abanico de alabanzas críticas sobre su valor pedagógico y lo oportuno y necesario de su mensaje.
La finalidad de Judenhass no es otra que describir el holocausto nazi como la consecuencia inevitable del odio racial acumulado, generación tras generación, en todos y cada uno de los no judíos. Sim, antiguo ateo convertido desde hace unos años a un peculiar monoteísmo basado en la mezcla de todas las religiones abrahámicas, hace responsables de lo ocurrido durante el régimen nazi a sus propios ancestros, y a los de todo aquel que no profesa la religión judía, pues, según su opinión, el judenhass es un delito tanto de acción directa como de indiferencia. Dicho de otro modo, Sim obvia todo análisis socioeconómico y hace buenos los intereses de lo políticamente correcto, basados en la autocomplacencia maniquea, adolescente e irreflexiva, que propone la castración del discernimiento como principal elemento de control y que acepta la culpa como elemento indispensable para el ingreso del individuo en la norma, en la sociedad, digamos, higiénica. Vean hasta dónde llega el dislate, interrogado en una entrevista sobre los motivos que sustentan el odio a los judíos por parte de los que no lo son, Sim contesta: “Debo decir que es la envidia. Creo que todos los no judíos envidian el hecho de que cada uno de los judíos pertenecen al Pueblo Elegido por Dios”.
La estrategia narrativa escogida por Sim para realizar su estrafalario y manipulador alegato consiste en la acumulación de citas de carácter antijudaico debidas a personajes célebres de todos los tiempos, abstraídas, por demás, de todo contexto. El discurso se construye situando al mismo nivel la reflexión y la acción, de modo que las filosofías de Hitler o Stalin se hace equiparable a la de H. G. Wells o T. S. Eliot, con lo que se logra fabricar un aventurado constructo que censura al pensador por considerarlo tan peligroso como al asesino. Para completar la perversión en la mirada, Sim ilustra las citas con imágenes a plumilla dibujadas, en su mayoría, a partir de fotografías de las brutalidades del holocausto, lo que crea un sustrato emocional que predispone al lector y le dificulta para elaborar otras conclusiones distintas a las del autor.
Calificada de esfuerzo objetivo conducente a remover la conciencia del lector, Judenhass es en realidad una obra propagandística, torpe e intelectualmente incapaz que no duda en afirmar, sin ningún pudor, que no ser judío equivale a amar el holocausto. Ver para creer.


Javier Fernandez

31 marzo 2009

MESTIZAJE Y POESÍA

Título: LA MONTAÑA MÁGICA
Autor: JIRO TANIGUCHI
Editorial: PONENT MON
Páginas: 72
PVP: 16 €

Nacido en 1947 en la prefectura de Tottori (Japón), Jiro Taniguchi lleva cuatro décadas aportando a la industria del manga una sensibilidad reposada, alejada de las modas imperantes, y un estilo exquisito, tendente al naturalismo y a la claridad expositiva, que ha hecho del análisis doméstico y de la confrontación entre el ser humano y su entorno uno de sus lemas principales. Su amplia obra incluye, entre otros, hermosos trabajos de corte intimista como El caminante, El almanaque de mi padre o Barrio lejano, y largas novelizaciones como Seton, escrita por Yoshiharu Imaizumi, La cumbre de los dioses, con guión de Yumemakura Baku, o la impresionante recreación histórica La época de Botchan, a partir del texto del escritor Natsuo Sekikawa.
Al observarse su narratividad, Taniguchi ha sido considerado con frecuencia el más europeo de los autores japoneses. No en vano, el mangaka es un apasionado lector de la historieta franco-belga, y estudioso también de su estructura, composición y ritmo. Sin embargo, y por encima de todo, la lentitud secuencial de la obra de Taniguchi remite a elementos puramente japoneses y se revela como continuación de la actitud contemplativa, de la fijación por el detalle de la cultura nipona clásica, tan diferente de las estrategias formales habituales en el manga, nacido a finales de la década de 1940, de la mano de Ozamu Tezuka, como remedo del cartoon estadounidense a lo Disney cuya característica primordial es la agilidad.
La montaña mágica, álbum editado originalmente en francés por Casterman en 2007 y presentado ahora para el lector en lengua española por Ponent Mon, es el primer tebeo del autor de Hotel Harbour View producido directamente para el mercado occidental y, de este modo, puede considerarse la culminación del idilio entre Taniguchi y la bande dessinée. Un idilio que cuenta con escarceos previos tan significativos como la participación previa en Tokio es mi jardín (1997), de Benoit Peeters y Frederic Boilet, o la serie Icaro (2002), recopilada en dos tomos inéditos en castellano, que Taniguchi dibujó a partir de un guión del mismísmo Moebius.
Apoyado por la labor del colorista Walter –reconocido en estos lares por su trabajo en la serie La mazmorra, de Joann Sfar y Lewis Trodheim–, Taniguchi hace un notable esfuerzo por ajustarse aquí al formato y la mentalidad europeas y acaba componiendo un magistral relato corto ambientado en su pueblo natal y protagonizado por dos niños, huérfanos de padre, que temen ahora por la vida de su madre, ingresada en el hospital debido a una grave dolencia.
La montaña mágica es una fábula sincera y emotiva sobre la enfermedad, la sanación y la necesidad de reestablecer los vínculos entre el ser humano y la naturaleza, pero también un raro ejercicio de estilo, un atinado y gratificante híbrido lingüístico salido del pincel de uno de los maestros actuales del cómic.

Javier Fernández

23 marzo 2009

ELEGANCIA Y VANGUARDISMO

Título: VALENTINA. TOMO 1
Autor: GUIDO CREPAX
Editorial: NORMA EDITORIAL
Páginas: 280
PVP: 20 €

Gigante del cómic, Guido Crepax (1933-2003) creció en una familia milanesa acomodada y disfrutó de una educación exquisita durante los duros años posteriores a la segunda guerra mundial. Su padre, Gilberto Crepax, fue primer violonchelo de la Scala y cultivó tempranamente el aprecio de su hijo por la música, tan presente en los ritmos visuales de toda su obra.
Durante su juventud, Crepax estudió arquitectura, y aunque apenas llegó a ejercer la profesión, le quedó un dominio estructural y una fuerte inclinación al diseño, así como el gusto por la sofistificación y la tendencia continua a la exploración de los límites de la composición y el espacio de la página. Trabajó primero como ilustrador publicitario, ganando cierto renombre gracias a una campaña para la Shell, dibujó cubiertas de libros y de un buen número de discos de jazz. Desde 1958 colaboró con la revista científica Tempo Medico, para la que realizó portadas e ilustraciones interiores hasta mediados de la década de 1980. Que se dedicara a la historieta responde, quizá, al signo de los tiempos, marcados por el auge de la cultura de masas pues, como confesó en alguna ocasión, apenas conocía el medio antes de dedicarse profesionalmente a él y sus únicas lecturas habían sido algunos clásicos estadounidenses durante su infancia.
Crepax publicó su primer cómic en 1963 y dos años después decidió producir una serie de aventuras, Neutron, para la mítica cabecera italiana Linus. El protagonista, Philip Rembradt, una suerte de superhéroe a la europea que se gana la vida escribiendo crítica de arte, se vio superado en popularidad, casi de inmediato, por uno de los personajes secundarios, la sensual y joven reportera llamada Valentina Rosselli, quien pronto se adueñaría de la cabecera y acabaría convirtiéndose en uno de los iconos más importantes de la historia de los cómics.
Valentina, cuyo peinado característico inicial reproduce el de la actriz Louise Brooks en la película muda La caja de Pandora (1928), de G. W. Pabst, comenzó sus andaduras como veinteañera y envejeció progresivamente, historieta tras historieta, a lo largo de más de treinta años de peripecias, lo que permitió a Crepax reflejar los anhelos y decepciones de toda una generación a la vez que documentaba los cambios en la sociedad burguesa europea. Lectora empedernida, amante del buen gusto, tendente a la melancolía, a veces superficial, a veces idealista, troskista primero y después republicana en un país degollado por la mafia, Valentina, con su peculiar comportamiento sexual, algo masoquista y muy exhibicionista, fue considerada un símbolo de la liberación femenina y es la expresión más íntima y perdurable de la ideología, las afinidades culturales y las inquietudes del propio Crepax.
Una bella obra, elegante y vanguardista, inusual y transformadora, que merece figurar en la estantería de cualquier amante de la buena lectura.


Javier Fernandez

LA MEMORIA OFICIOSA






Título: TAL COMO ÉRAMOS
Autor: EL CUBRI
Editorial: EDICIONS DE PONENT
Páginas: 168
PVP: 21 €


Toda la obra de El Cubri, la firma colectiva ideada por el guionista Felipe Hernández Cava y los dibujantes Saturio Alonso –que acabaría abandonando el equipo creativo– y Pedro Arjona durante buena parte de la década de 1970 y principios de la de 1980, es un valioso manifiesto contra la Historia, ese proceso continuo de producción de la memoria oficial mediante el ocultamiento o la tergiversación interesada de los acontecimientos. Y es asimismo una reescritura de los estereotipos que forman parte vertebral de los géneros narrativos, especialmente de aquellos que llamamos populares como el western o la novela negra, pero también un meditado trabajo de disolución de las barreras que delimitan las posiciones alta y baja de la cultura. En definitiva, y en su conjunto, hablamos de una obra enérgica, hermosa y singular, que marca un antes –sin apenas después– en la historieta española.
A veces calificada de ingenua o de programática, cuando no ignorada o detestada por su obstinación política, es bien cierto que la poética de El Cubri aúna ética y estética a partes iguales, y no es menos cierto que la suya es una sensibilidad artificiosa y sofisticada, pero si lo primero revela una firme convicción en las posibilidades adultas del cómic, más allá del mero entretenimiento y como medio de comunicación de ideas, lo segundo da muestra de la radicalidad y el vanguardismo de quien se empeña en transitar por terrenos ignotos, quizá no vírgenes pero sí selváticos, ampliando los límites de la historieta mediante el estudio riguroso de su gramática. Al referirse a El que parte y reparte, aquel lejano álbum de El Cubri editado por Fundamentos en 1975, Ludolfo Paramio señaló su “persistente voluntad de realismo”, pero, en mi opinión, no se trata de un realismo objetivo, como tanto se ha insistido, sino subjetivo –cargado de la intención y la mirada, parcial y valiente, del sujeto–, que hace de la denuncia social, de la lucha colectiva, su primera bandera, de la subversión metalingüística su arma más reconocible, y de la plasticidad –esto es, y según el diccionario: concisión, exactitud y fuerza expresiva que da realce a las ideas o imágenes mentales– su vistoso uniforme de trabajo.
Tal como éramos, el magnífico volumen editado por Edicions De Ponent –que tras Luis Candelas, El hombre invisible, Sombras y Francografías continúa actualizando y ampliando la bibliografía de El Cubri– informa de la exposición celebrada hace unos meses en Sevilla en el marco del décimo Encuentro del Cómic y la Ilustración y repasa no sólo la biografía y las historietas del colectivo sino también sus murales, panfletos, carteles e ilustraciones, incluyendo diverso material inédito y el DVD de un reciente documental, Corazones de hielo, confeccionado por la firma –ya sin Alonso– para la Asociación de Víctimas del Terrorismo.
Javier Fernandez

¡VEO LA CARA DE ESE TÍO EN TODAS PARTES!

Título: CHE. UNA BIOGRAFÍA GRÁFICA
Autor: SPAIN RODRÍGUEZ
Editorial: SIGLO XXI
Páginas: 108
PVP: 14 €

Manuel “Spain” Rodríguez (Buffalo, 1940) es uno de los autores destacados de la generación que alumbró el mítico cómic underground estadounidense –o cómix, como gusta de llamarse– allá por la década de 1960. Su nombre figura en la historia de los tebeos junto a los de Vaughn Bodé, Robert Crumb, Kim Deitch, Bill Griffith, Trina Robbins, Gilbert Shelton, S. Clay Wilson o Basil Wolverton, aquel puñado de creadores sobresalientes que devolvieron al medio la libertad de expresión y la rebeldía artística cercenadas en la década anterior por el establecimiento del tristemente célebre Comics Code o código de censura. Aún hoy, cuando la situación de la industria historietística americana ha evolucionado hacia una especie de renacimiento indie, leer o releer un cómic de cualquiera de los nombres citados sigue siendo una experiencia gratificante, sus obras rezuman singularidad y son un modelo de autenticidad y descaro, y la fuente de la que beben varias generaciones de francotiradores nacidos en la autoedición y la libertad temática y formal.
Educado en el barrio italiano de la ciudad de Buffalo, Spain pasó la infancia escapando de la escuela, vagando por las calles y aprendiendo a sentir la arbitrariedad del autoritarismo capitalista. Formó parte de la banda de moteros Road Vultures (Buitres de la carretera) y tras diversos enfrentamientos con la policía se mudó a Nueva York donde colaboraría con el periódico underground East Village Other. Para EVO crearía su personaje Trashman, guerrillero urbano de ciencia ficción en un mundo post-nuclear, agente de la “Sixth Int’rn’l”, enfrentado a los enemigos del pueblo, esto es, a las fuerzas represivas de la sociedad en lo que se ha considerado una obra de propaganda radical de izquierdas. Spain fue también uno de los fundadores del sindicato United Cartoon Workers of America.
Fiel a sus comienzos, quizá menos furioso pero no por ello menos radical, Spain nos presenta ahora su reciente Che. Una biografía gráfica, un brillante homenaje al revolucionario por antonomasia del siglo XX y toda una lección narrativa. La historia comienza con un comentario casual entre amigos que pasean por una calle repleta con la imagen icónica del Che: “¡Veo la cara de ese tío en todas partes!” A continuación, Spain traza un recorrido esencial por las anécdotas vitales y las circunstancias políticas internacionales que llenaron la vida de Ernesto Guevara, lo que es tanto como dotar al icono del significado perdido por el abuso publicitario. Como sentencia el propio Spain: “El Che Guevara era impulsivo, testarudo y adelantado a su tiempo, pero se desvivió por acabar con el sufrimiento de los que producen para que unos cuantos disfruten de su una posición privilegiada. Su nombre, para disgusto de los que respaldan a esas sanguijuelas, es venerado en todo el mundo. Y ojalá siga siendo así”.


05 marzo 2009

A PROPÓSITO DE WATCHMEN

Título: WATCHING THE WATCHMEN
Autor: DAVE GIBBONS, CHIP KIDD Y MIKE ESSL Editorial: NORMA
Páginas: 280
PVP: 29,50 €

El inminente estreno de la multimillonaria adaptación cinematográfica de Watchmen, la miniserie de doce números escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibbons a mediados de la década de 1980, así como la rápida proliferación de todo tipo de objetos de merchandising derivados de la franquicia perteneciente a la editorial DC, es una muestra palpable de que el citado cómic ha trascendido los límites del medio y aspira a convertirse en un fenómeno de masas. Durante las dos décadas transcurridas desde su aparición, y ciñéndonos sólo a nuestro idioma, Watchmen ha conocido cuatro ediciones distintas –si bien una de ellas, la de Glénat, quedó interrumpida a la mitad–, y la que actualmente se comercializa, de Planeta DeAgostini, en un solo volumen de gran tamaño y con diversos apéndices documentales, ha superado ya las veinte mil copias vendidas.
Más aún, la creciente influencia de Watchmen en todo tipo de creadores, fuera y dentro del mundo de la historieta, el sinfín de estudios académicos y no académicos que despiezan su intrincada estructura, comentan su simbología, analizan su alcance o, sencillamente, recurren de un modo u otro a su peculiar imaginería son un síntoma claro de que la aclamada creación de Moore y Gibbons ha terminado por convertirse en un referente dentro de la cultura popular del cambio de siglo.
El presupuesto de partida de Watchmen es bien conocido: ¿qué pasaría si los superhéroes existiesen realmente? Una interrogante esta que había sido formulado en numerosas ocasiones y que ha seguido formulándose con posterioridad, pero que quizá alcanza aquí su forma más significativa. Como todo lector de la obra sabe, lo importante del asunto, la causa de la notoriedad del tebeo, no es tanto qué respondieron Moore y Gibbons a la pregunta sino cómo la respondieron. Porque, más allá del propio argumento, Watchmen sigue fascinando por su ingeniosa narratividad, sus diversos niveles de lectura y la correcta imbricación de todos ellos en un solo discurso, programático pero efectivo, inteligente, perturbador y ciertamente entretenido. Watching the Watchmen detalla, desde el punto de vista del dibujante, Dave Gibbons, el proceso de creación de la miniserie, los más de dos años de obsesivo trabajo junto al venerado Alan Moore y al colorista John Higgins, y da cuenta de la ejemplar libertad artística con que estos tres británicos pudieron acometer el encargo de la neoyorkina DC, así como del espectacular impacto causado en el seno de la industria del cómic. El libro se beneficia de los documentos y del amplio material gráfico perteneciente al archivo personal de Gibbons e incluye dibujos y fotografías promocionales, curiosidades y anécdotas de todo tipo. Un volumen festivo e iluminador que celebra la existencia de esa singular e influyente obra maestra del tebeo de superhéroes que es Watchmen.

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14 febrero 2009

EL TEBEO DE LOS TIPOS RAROS

Título: BIZARRO CÓMICS
Autor: VV. AA.
Editorial: PLANETA DeAGOSTINI
Páginas: 442
PVP: 30 €

Conscientes de una progresiva pérdida de notoriedad y acosados por el éxito comercial de Marvel allá por los años 80, los responsables de la franquicia superhéroica conocida como DC, la más longeva del panorama estadounidense –su patrimonio se remonta a los años de la Gran Depresión e incluye iconos culturales del calibre de Superman, Batman y Wonder Woman–, se decidieron por dotar a su catálogo de una considerable dosis de experimentación y riesgo artístico, apostando por líneas de las consideradas de calidad o, dicho de otro modo, por un cierto toque autorial: el Dark Knight (1986) de Frank Miller y el Watchmen (1986) de Alan Moore y Dave Gibbons son los dos buques insignia de aquellos años, dos obras a las que inevitablemente hay que recurrir para explicar la transformación del género de los superhéroes en un producto juvenil y acaso adulto antes que infantil o adolescente.
Desde entonces hasta ahora, pocas cosas verdaderamente relevantes han sucedido en el inmovilista espacio de los tipos vestidos con mallas y antifaz aunque, para ser justos, conviene reconocer que el paso permanente u ocasional de escritores y dibujantes de cierta altura por las cabeceras de DC ha dejado un buen puñado de tebeos de los que se dejan leer con gusto e incluso, diría yo, algún que otro trabajo realmente memorable, cosa bastante más rara de ver en la Marvel del cambio de siglo.
En este sentido, una de las series más celebradas del fondo editorial reciente de DC es la multipremiada Batman Black and White (1996), recopilación de historietas cortas autoconclusivas e ilustraciones varias realizadas por nombres propios de la industria que incluyen representantes de varias generaciones de artistas estadounidenses y firmas invitadas de no pocas nacionalidades dispuestas a aportar su personal visión del murciélago humano. Partiendo de una filosofía en cierto modo similar, los dos tebeos americanos que se recopilan en Bizarro Cómics, el grueso tomo ahora editado por Planeta, son una sucesión de pequeñas historias e interpretaciones de los personajes de DC a cargo de algunos de los artistas indie del momento. Interpretaciones que aún siendo más formales que temáticas resultan en ocasiones de una belleza, honestidad y emoción superior a la del modelo original, pero no siempre, y el conjunto cae a menudo en la parodia fácil.
De cualquier modo, tan solo por el muestrario de autores –Jessica Abel, Kyle Baker, Dave Cooper, Evan Dorkin, Matt Groening, los hermanos Hernández, Dylan Horrocks, Jason Little, Tony Millionaire, Harvey Pekar Craig Thompson, Andi Watson y así hasta un centenar– merece la pena acercase a este “caprichoso, excéntrico y poco convencional” tebeo. Una muestra más del potencial de DC y de su interés empresarial por reinventarse para alcanzar y contentar a los públicos más diversos.


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UNA ESCRITURA INGENIOSA Y SOFISTICADA

Título: AFORTUNADA
Autor: GABRIELLE BELL
Editorial: LA CÚPULA
Páginas: 114
PVP: 18 €

Vaya por delante que adoro a Gabrielle Bell. Me gusta la delgadez de su línea, la severidad de su puesta en escena, la ingenuidad de su humor, la trabajada espontaneidad de su mirada y ese tono que combina con elegancia lo simple y lo artificioso. Gary Groth utilizó el adjetivo teatral para definir su forma de entender la historieta y no le faltaba razón, los cómics de la Bell son escenas de un teatro de cámara que encuentran su sentido en la repetición y variación de motivos, en el análisis límpido y suave de los personajes, las relaciones entre ellos y los choques psicológicos con su entorno.
Afortunada, recopilación en un solo volumen de los tres cómics que conforman esta serie de corte autobiográfico, expone a las claras los recursos narrativos de la autora y sirve de muestra, además, de su rápida evolución formal. Una evolución caracterizada por el engrosamiento de los volúmenes dentro de la viñeta, la aparición de manchas negras para remarcar el contraste entre las figuras y un progresivo aumento de la expresividad facial y corporal, en sintonía con la citada intención escénica.
Argumentalmente, Bell comienza Afortunada anotando de manera sistemática los hechos significativos del día a día y termina decantándose por la búsqueda del momento más revelador, la elección meditada de la anécdota para dejarla crecer a lo largo de las páginas, en una técnica final más similar a la ficción que a la pura confesión. En sus propias palabras: “Bueno, en Afortunada hay tres partes, la primera tiene mucho de diario, donde intento sacar un día y convertirlo en historieta. La segunda toma diversos días e intenta desarrollar el diario en una historieta más resuelta. Cojo un día o algo así y lo convierto en una historieta de siete páginas. Pero me parecía demasiado un solo día. La tercera era mucho más… De hecho, la pensé y planeé desde el principio hasta el final”.
El tomito se completa con varias historias cortas de diverso vuelo y relieve, entre las que destaca la hermosa e inquietante “Mamá”, que anuncia en sólo dos páginas el enorme potencial de Bell y que se sitúa más en la línea de las historietas incluidas en los dos volúmenes de la revista MOME traducidos por La Cúpula a nuestro idioma. Precisamente en el segundo de ellos, Invierno 2007, se incluye una jugosa entrevista realizada por Groth y rematada con bocetos, extractos y dibujos a color y en blanco y negro.
Como dice Craig Thompson, el celebrado autor de la novela gráfica Blankets, Gabrielle Bell posee una escritura ingeniosa y sofisticada. No es casualidad que, a pesar de su juventud –nació en Inglaterra en 1976 aunque se crió en California–, su nombre figure ya en el catálogo de las editoriales más preclaras del mundillo alternativo norteamericano como Alternative Comics, Drawn & Quarterly o Fantagraphics.



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03 febrero 2009

QUÉ ESTÁ OCURRIENDO Y POR QUÉ

Título: DEL TEBEO AL MANGA: UNA HISTORIA DE LOS CÓMICS. Nº 5. CÓMIC-BOOK: DE LA SILVER AGE A LA MODERN AGE
Autor: VV. AA.
Editorial: PANINI
Páginas: 208
PVP: 19,95 €

Tal como yo lo entiendo, la moderna escena independiente del tebeo norteamericano, surgida a finales de la década de 1970, está caracterizada fundamentalmente por tres elementos. En primer lugar, un sistema de producción en el que el esclavismo de las grandes compañías hegemónicas ha dado paso al protagonismo de los propios creadores, metidos a labores de autoedición o cuyas obras son contratadas por editoriales respetuosas con la propiedad intelectual de los autores. En segundo lugar, un canal de venta directa compuesto por la red de librerías especializadas en cómic conjuntamente con otros puntos afines como tiendas de música o librerías tradicionales que ven en la historieta un mercado complementario para sus negocios. Y, finalmente, el público lector que aglutina a los casuales, los interesados directamente en el medio y los surgidos del desencanto con respecto al idiotizante producto mayoritario.
Durante sus tres décadas de existencia, y a partir de unos titubeantes inicios, el panorama alternativo se ha consolidado con firmeza como respuesta al progresivo deterioro artístico de la historieta norteamericana posterior a la segunda guerra mundial, recogiendo el testigo de experiencias tan grafificantes como los truculentos tebeos de crímenes y terror de la década de 1950, cercenados a la postre por la censura, o la explosión underground de los 60. Sin la convicción artística de los autores, sin las vías adecuadas de venta y sin la lógica respuesta por parte del público se hace difícil imaginar el camino recorrido hasta hoy, jalonado de obras capitales en el conjunto de la historieta mundial como Love and Rockets de los hermanos Hernández, Eightball de Daniel Clowes o Acme Novalty Library de Chris Ware.
Estos tres ejemplos son sólo la punta del enorme iceberg que ha conseguido atraer la atención de propios y ajenos, y la actual consideración y prestigio literario del medio se debe, en buena medida, a la apertura temática y formal propuesta desde el tebeo alternativo. Aún más, la nueva escena ahonda en el derribo de los tópicos socioculturales y sexistas que acompañan habitualmente al noveno arte y, en este sentido, la irrupción –sostenida, no episódica– de la mujer tanto en la esfera creativa como en la lectora ha demostrado ser uno de los revulsivos más extraordinarios de la historieta norteamericana de las últimas décadas.
La segunda mitad de este quinto volumen de la historia de los cómics proyectada por Antoni Guiral para Panini documenta resumidamente, con rigor y claridad, las diversas fracturas en la industria estadounidense de los cómics que propiciaron la revolución indie, y es un apetitoso prolegómeno del sexto tomo, que se anuncia como repaso al camino recorrido desde el cómic contracultural hasta el alternativo.
Una lectura obligada para todo aquel que quiera saber qué es lo que está ocurriendo y por qué.


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26 enero 2009

LA BRILLANTE IRRADIACIÓN

Título: Las tres paradojas
Autor: Paul Hornschemeier
Editorial: Astiberri
Páginas: 84
PVP: 16 €

Sin duda, Paul Hornschemeier es uno de los autores más sugestivos del panorama actual de la historieta estadounidense. Es minucioso en el diseño de sus obras, bellas y elegantes, y demuestra un continuo deseo de experimentación formal y estética que se acompaña siempre de una destacable penetración temática. Los dos volúmenes de su trabajo disponibles en nuestro idioma, Madre, vuelve a casa y Las tres paradojas –servidos ambos con el respeto al lector y la pulcritud habituales de la editorial Astiberri– son una buena muestra de la coherencia artística del autor de Forlorn Funnies y le han granjeado comentarios laudatorios dentro y fuera de la industria. El mismísimo Will Eisner lo saludó en la solapa de Madre, vuelve a casa: “¡Brillante! Excelente literatura gráfica. Este libro deja el gueto del cómic muy atrás”; y, por su parte, el escritor Jonathan Lethem le dedicó las siguientes líneas recogidas en la contraportada de Las tres paradojas: “Paul Hornschemeier no resuelve la tensión entre el tono irónico y el tono íntimo de sus trabajos, sino que lo explota maravillosamente. El resultado irradia brillantez”.
Nacido en Cincinnati en 1977 y educado en el ambiente rural de Georgetown, Hornschemeier se sintió atraído por el lenguaje de la historieta desde la lectura, siendo niño, de la reedición de un número de la seminal e inigualada etapa de Steve Ditko en Spiderman, y también tuvo a su disposición algunas maravillas como los libros de Edward Gorey y recopilaciones de viñetas del New Yorker, amén de los habituales tebeos de superhéroes que llegaban a su pueblo. Como revela Gary Groth en la entrevista realizada a Hornschemeier en el número de verano de 2005 de la sensacional revista Mome: “A los 18, asistió a la Ohio State University (donde finalmente se convirtió en el único historietista de su generación que obtuvo una titulación en filosofía) y tuvo una revelación: Ghost World de Dan Clowes”. El descubrimiento del panorama indie impulsó al joven artista a editar su primera serie de tebeos, de corte vanguardista, titulada Sequential y, posteriormente y bajo el prestigioso sello Fantagraphics, otra de nombre Forlorn Funnies en la que vio la luz por entregas Madre, vuelve a casa.
Su trabajo ha sido nominado a premios tan importantes como los Harvey, Eisner e Ignatz, su nombre aparece frecuentemente en las antologías de nuevo cómic –acreditado en cualquiera de sus facetas de autor, diseñador o colorista– y se le ha incluido en experiencias tan personales como Bizarro o Autobiographix. Precisamente en esta última recopilación publicó una especie de esbozo en blanco y negro de uno de los argumentos cruzados de Las tres paradojas, una anécdota íntima y poética que, al igual que sucede con toda la producción de Hornschemeier, ofrece nuevos e inesperados matices con cada lectura.

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