
Si dirigimos nuestra vista a muchos kilómetros de allí, observamos que los héroes más poderosos de la Tierra han trasladado su cuartel general a un club gay de Chicago donde el Capitán América procede a cambiar oficialmente el himno tradicional de: “¡Vengadores, reuníos!” por un mucho más sonoro: “¡Ay, que me da, que me da y que me da!”. Por su parte, Norman Osborn acaba confesando que lo de Gwen y él era mentira, y que todo se debió al inconfesable deseo de comerle la boca a pellizcos Peter Parker.
¡ Así, pues, todo se ha consumado!. La Era Quesada del universo Marvel ha llegado a su culmen, mientras su orondo artífice se regodea en el yakuzi, acariciando con ternura un patito de goma con la cara de Marilyn Manson.
Espero sinceramente que los aficionados al cosmos marvelita –especialmente los de rancio abolengo- sepan disculpar al que suscribe esta introducción pesadillesca. Si con ello logro hacer


Invasión Secreta, Dinastía de “M”, holocaustos diversos a escala mundial, el enésimo Ragnarok asgardiano con implicaciones terrícolas… Sin negar algún que otro retazo de calidad y originalidad en los planteamientos, el hecho de que los “Apocalipsis” acaben menudeando tanto como un estornudo vulgarizan y adocenan inevitablemente un mundo de ficción antaño mucho más cercano y entrañable.
No se trata, en modo alguno, de que un grupo de aficionados “fósiles” reclamemos la vuelta de postulados y situaciones irrecuperables, tanto como la época a la que pertenecieron, sino del deseo de que presente y futuro dimanen directamente de un pasado tan glorioso como el que urdieran Stan Lee, Jack Kirby, Steve Ditko y otros genios del ayer, por encima de revisionismos delirantes.
En definitiva, cuando el cielo no se desplome a diario sobre las cabezas de unos personajes irreconocibles, podremos volver a exclamar con orgullo:
¡Excelsior!
José Luis Moreno de León.
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