07 noviembre 2009

PERMANEZCAN A LA ESCUCHA

Título: EL OTRO MUNDO
Autor: MIGUEL BRIEVA
Editorial: MONDADORI
Páginas: 144
PVP: 16,90 €

El surgimiento de Miguel Brieva (Sevilla, 1974) en la escena intelectual española demuestra que, pese al intenso olor a podrido, no está todo perdido.
He aquí un librepensador, o un libreprensador –parafraseando el estilo de Brieva– que podría ser algo así como el partidario de la doctrina que utiliza la razón para apretar las cosas en la prensa. Una prensa, la del autor de El otro mundo, que se asemeja a esas otras de los grandes Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio, dos de nuestros más genuinos intelectos, influencias confesas del sevillano y que, en sus propias palabras, no han permitido “como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral” –el hedor al que antes hacía mención–.
Al leer a Brieva uno recuerda las enseñanzas de García Calvo acerca del individuo y su desempeño en el nefasto y deshumanizado mundo actual, que se vacía a ojos vista de objetivos colectivos en favor de los movimientos unísonos: “Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos los demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien que se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta”. Sí, podría haber sido Agustín, pero era Miguel, entrevistado en Generación XXI. Y entiéndase que cuando digo el mundo, quiero decir el nuestro, Occidente, porque no es que otro mundo sea posible, es que existe realmente a la vuelta de la autoproclamada civilización, y resulta ser más numeroso y mucho más interesante que el nuestro.
Y hay también trazas de la incómoda rebeldía de Ferlosio, esa estúpida valentía del escritor lúcido, en la subversión continua de los mensajes acomodaticios por parte de Brieva, en el esclarecimiento que provoca su mirada, la inteligente y continua construcción de estampas de la estupidez humana –Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, ¿recuerdan?– que casi siempre resultan de invertirlos estereotipos, de representar lo que se piensa si se piensa del revés. Y claro, el resultado más que un chiste es un cuadro hiperrealista. Porque, y cito de nuevo: “Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?”.
Y ahora que caigo, aún no he dicho que Brieva es humorista, aunque yo lo considero más bien un moralista, no por marcar el camino que debemos seguir sino por señalar las grietas del camino que seguimos. Y sí, qué duda cabe, es divertidísimo.


Javier Fernández

3 comentarios:

Alvy Singer dijo...

Pues sí. Brieva lleva un carrerón maravilloso, personalísimo, intachable. En el Salón del Cómic dijo que "los parques temáticos SON terroríficos SIEMPRE", así de enfático, así de claro. Fue una charla estupenda, moderada por Javier Pérez de Andújar.

Alvy Singer dijo...

Ah, estupendas reseñas, como siempre.

Javier dijo...

Eso es que usted me mira con buenos ojos, querido amigo.