19 octubre 2010

DEL ALMA DE LAS MÁQUINAS

Título: GHOST IN THE SHELL
Autor: MASAMUNE SHIROW
Editorial: PLANETA
Páginas: 352
PVP: 11,95 €

Ya sé que, formalmente hablando, Ghost in the Shell no es el mejor manga de la historia. A menudo se cita que su ritmo es caótico y poco fluido, que su argumento pasa de lo liviano a lo denso sin solución de continuidad ni justificación aparente y que, a menudo, su prosa se decanta por lo farragoso. Por no hablar de que la querencia digresiva de su autor, Masamune Shirow, llega a veces a lo delirante. De modo que lo enfocaré de este otro modo: Ghost in the Shell es mi manga favorito.
No sólo lo considero un texto excitante, inteligente y divertido, que se beneficia ampliamente de la relectura, sino que, en mi opinión –compartida por la legión de seguidores del fenómeno GITS, que abarca también dos películas cinematográficas, dos temporadas televisivas de anime, un OVA, varios videojuegos, libros y, en general, todo tipo de merchandising– es uno de los hitos de la ciencia ficción reciente. Tan influyente e imperecedero como Blade Runner o Neuromante, Ghost in the Shell es una obra penetrante y vasta, como la red de bytes que acaba seduciendo a la protagonista Motoko Kusanagi, el cyborg policía que sostiene por sí solo la lectura, personaje singular y atractivo donde los haya.
Claro que, puestos a comparar, Shirow carece del impacto del que hacen gala otros mangakas como Maruo o Kago. Y no es menos cierto que sus páginas no tienen
la fuerza emocional de un Hayashi ni la sencillez expositiva de un Tatsumi –vean que les estoy citando sólo creadores del más alto calibre–, pero es que sean cuales sean las carencias de Ghost in the Shell, considero que el tebeo de Shirow comparte cima con todos ellos. Desde mi punto de vista, las fallas narratológicas de la obra magna de Shirow no son sino elementos característicos de un estilo peculiar e inimitable, cualidades de un terreno hermosamente abrupto que conduce a lo alto.
Ilustrador, diseñador, animador gráfico e historietista, Masamune Shirow nació en Kobe, en la prefectura de Hyogo, el 23 de noviembre de 1961, y su bibliografía tebeística no es tan extensa como suele ser habitual en el país del sol naciente. Además del volumen inicial de la serie, Ghost in the Shell (Kodansha, 1991, aclaro que esta fecha y las que siguen corresponden al año de publicación en libro de cada título), Shirow ha firmado dos secuelas, Ghost in the Shell 2: Man Machine Interface (Kodansha, 2001) y Ghost in the Shell 1.5: Human Error Processor (Kodansha, 2003), bastante menos apreciables que el original. Suyos son también títulos como Black Magic (Atlas, 1983), Appleseed vol. 1 a 4 (Seishinsha, 1984, 1985, 1987 y 1989), Dominion (Hakusensha, 1986, con una continuación, Dominion Conflict, publicada por Seishinsha en 1995), Orion (Seishinsha, 1991) y los cuatro tomos de ilustraciones Intron Depot (Seishinsha, 1992, 1998, 2003 y 2004), el primero de los cuales contiene una extensa y memorable sección dedicada a Ghost in the Shell.

Javier Fernández

2 comentarios:

ciudadanomane dijo...

Yo lo he empezado 3 veces y a las pocas páginas me he cansado. Me resulta espeso, lioso y me pierdo con inusitada facilidad. Tal vez deba revisitar la peli para sumergirme en el libro, aunque con Akira me pareció al revés (el manga me aclaró el argumento del anime).

Felicidades por las crónicas comiqueras, son de gran interés.

Javier dijo...

Pasa con el GiTS de Shirow que no tiene la languidez, ni la melancolía, ni la hermosura extrema del de Oshii, ni la ominosidad y densidad política del SAC y los OVAs o el detallismo ciberpunk de la novela de Masaki Yamada, pero es una bomba de conceptos y situaciones, un prodigio conceptual, fresco y oblicuo.

Una de la características del estilo de Shirow (excepto quizá en Orion, que es su obra más fácilmente disfrutable, y que desde aquí recomiendo a todos los que quieran reconciliarse con Shirow) es que el lector se introduce de lleno en un mundo consistente y ajeno al propio, cargado de extrañamiento, y claro que cuesta seguir las claves, y no digo yo que no haya quien se canse. Con todo, merece la pena el intento. Sumergirse hasta el tuétano y avanzar, avanzar. Quizá mi consejo sea, llegado el caso, dejar de lado las citas del autor, que, según a quien, lo escupen de la lectura. No es casualidad que la última edición en inglés, de Kodansha, haya llevado las notas al final, en lugar de integrarlas en la página.

Otra cosa es la traducción. No hace falta saber japonés para darse cuenta de que el español de la edición disponible en nuestro país suena forzado y, a veces, incomprensible.

Otra cosa, también, son las continuaciones del propio Shirow. Estas son sólo para fanáticos. (Y conste que yo me cuento entre estos, vamos que me flipan, pero no se me ocurriría recomendarlas.)

Ah, y gracias por las felicitaciones, se agradecen.